Enuncia el Papa 15 enfermedades “graves” que padece la curia romana PDF Imprimir E-mail
Noticias - El Mundo
Escrito por Redacción   
Martes, 23 de Diciembre de 2014 07:27

Condena la rivalidad, los chismes, el “Alzheimer espiritual” y la falta de buen humor; mensaje navideño “duro y realista sobre los problemas del Vaticano.

 

El papa Francisco sorprendió este lunes con un duro y original mensaje de Navidad en el que denunció las 15 enfermedades “graves” que, dijo, padece la curia romana, entre ellas rivalidad, chismes, “Alzheimer espiritual”, esquizofrenia existencial y hasta falta de humor.

 

Durante su tradicional mensaje navideño, el Papa latinoamericano volvió a romper moldes y usó sus dotes de pastor claro, directo y lleno de humor, para describir los defectos y límites de la jerarquía de la Iglesia.

Francisco, el primer papa no europeo en mil 300 años, ha rechazado muchas de las ceremonias de la administración y dejó en claro su determinación de acercar a la jerarquía de la Iglesia católica a los mil 200 millones de fieles.

Con ese fin, el Papa implementó medidas para reformar a la curia, históricamente dominada por italianos y cuyas luchas de poder y filtraciones fueron señaladas como culpables de la decisión de Benedicto XVI –el año pasado– de convertirse en el primer papa en renunciar, en 600 años.

La curia debe mejorar... Una curia que no se autocritica, que no se pone al día, que no busca mejorar, es un cuerpo enfermo”, sostuvo el Papa en un discurso.

Como “cualquier cuerpo humano”, la curia sufre de “enfermedades” que hay que aprender a “curar”, advirtió jorge Mario Bergoglio.

Catálogo de fallas y vicios

Por 20 minutos, tras el saludo formal y tedioso del cardenal Angelo Sodano, decano del colegio cardenalicio, Francisco describió “las 15 enfermedades” de la curia, un catálogo de fallas y vicios con el fin de sacudir la maquinaria de la Iglesia, por años protagonista de escándalos, tanto financieros como sexuales, para lograr así que sea “más armoniosa y unida”.

A través de expresiones impactantes, que generaron inicialmente desconcierto entre los acartonados purpurados y altos funcionarios de la Santa Sede, cardenales, obispos y curas a cargo de la Santa Sede en el Palacio Apostólico del Vaticano, el Papa analizó las mayores patologías de la maquinaria central de la Iglesia católica y pidió “reflexión”, “penitencia” y “confesión” antes de la Navidad.

La primera enfermedad que Francisco mencionó es la de “sentirse inmortal e insustituible”, sin defectos, privado de autocrítica, en lo que fue interpretado como una aparente referencia a los cardenales retirados que continúan en el Vaticano ejerciendo influencia.

El Papa dijo a su audiencia que demasiados de ellos sufrían de “rivalidad y vanagloria”; altos cargos favorecían a sus protegidos y los subordinados adulaban a los jefes para favorecer sus carreras, mientras otros filtraban habladurías e información falsa a los medios.

Una curia que no es autocrítica, no se actualiza y no intenta mejorar es un cuerpo enfermo”, mencionó.

La segunda enfermedad que citó fue el “exceso de actividad”, de trabajo, y los invitó a respetar las vacaciones y a dedicar momentos de descanso con la familia, algo que él personalmente no respeta.

La tercera enfermedad que acecha a los miembros de la Iglesia es la “petrificación mental y espiritual”; le siguen el “exceso de planificación y funcionalismo”, la “mala coordinación” y lo que llamó el “Alzheimer espiritual”, que lleva a olvidar el fervor inicial.

Otra grave patología, a juicio del Papa, es la “rivalidad y vanagloria”, vivir en el mundo de las apariencias.

En la lista, el pontífice incluyó la “esquizofrenia existencial” de quienes olvidan que están al servicio de personas concretas, que “viven una doble vida”, se limitan a realizar trámites burocráticos, dependen sólo de sus propias pasiones, caprichos y manías y “construyen a su alrededor muros y costumbres.

Sanar esa enfermedad tan grave es urgente e indispensable”, expresó.

El tono fue severo cuando mencionó la enfermedad de los “chismes”, la “cizaña”, invitándolos a protegerse de ese “terrorismo” por los destrozos que provoca. Entre las enfermedades incluyó la de “divinizar a los jefes”, ser “víctimas del carrerismo y del oportunismo”, pensar “sólo en lo que se debe obtener y no en lo que se debe ofrecer”.

A esos religiosos “de corazón de piedra y cuello duro”, a los “contadores que enjaulan el Espíritu Santo”, a los “mediocres pese a los títulos y grados”, el Papa los instó a “curarse”.

Otra patología es “la indiferencia hacia los demás” y la de la “cara fúnebre”, ya que considera que el religioso “debe ser una persona amable, serena y entusiasta. Debe transmitir alegría”, agregó.

¡Qué bien hace una buena dosis de humor!”, recomendó.

Francisco, que rechaza toda ostentación papal, incluyó entre los males de la Iglesia el de “acumular bienes materiales”, de pertenecer “a círculos cerrados”, así como “la mundanidad y el exhibicionismo”.

Al respetar el estilo singular de su discurso, el Papa argentino recordó que un día leyó que “los sacerdotes son como los aviones; son noticia sólo cuando cuando se caen”.

Y concluyó con una advertencia: “Cuánto mal puede causar a todo el cuerpo de la Iglesia un solo sacerdote que cae”, en referencia indirecta a los escándalos sexuales y financieros, así como las filtraciones de noticias por miembros de la curia que marcaron el pontificado de su predecesor Benedicto XVI.

No tuvo piedad al dar nombre a las patologías que percibe en los ambientes cercanos a él”, comentó el vaticanista Gianni Valente.

Rompió con el estereotipo del ‘papa latinoamericano’ que no conoce la complejidad de la curia y la cultura europea, críticas que provienen de sus detractores para neutralizarlo”, sostiene Valente en Vatican Insider.

Después del discurso, recibido como un baño de agua fría, Francisco saludó uno por uno a los cardenales y luego se reunió con los empleados y mandos medios del Vaticano.

Les pido perdón por mis errores y los de mis colaboradores, y también por algunos escándalos que han hecho tanto daño”, les dijo.

Francisco lleva a cabo desde su elección, en marzo de 2013, una profunda reforma de la curia, que se topa con numerosas oposiciones internas y suscita muchas inquietudes.

Ha sido un mensaje muy duro, realista, sobre los problemas que hoy en día vive el Vaticano ... Un discurso para agitar las aguas”, comentó el vaticanista Gianni Rodari en el diario La Repubblica.

En otro asunto, el empresario italiano Marcello di Finicio logró evadir a la seguridad del Vaticano por quinta vez para alcanzar una alta cornisa de la fachada de la basílica de San Pedro para protestar contra leyes que, aseguró, provocaron que quebrara su negocio al perder un concesión en una playa.

 

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