Jaime García Chávez: Pero…¿Hay liberales en México? PDF Imprimir E-mail
Opinión - Jaime García Chávez
Domingo, 25 de Abril de 2010 15:07

 

La alta jerarquía católica y el Estado vaticano no cejan en su empeño de destruir el orden constitucional mexicano. Son revanchistas y todavía la traen contra la Revolución de Ayutla, la Constitución de 1857, las Leyes de Reforma y los artículos clave de la actual Constitución de 1917. Con perseverancia digna de mejor causa anhelan que la rueda de la historia gire hacia atrás para volver por sus privilegios, si no idénticos a los que detentó durante la Colonia si los suficientes para gozar de poder sin límites para ejercer su hegemonía espiritual de naturaleza confesional y regresiva en términos de dejar atrás un estado secular-liberal para caer en otro típicamente clerical. En criterio del jurista Diego Valadés están prácticamente a punto de lograr sus metas.

 

Es pertinente preguntarse el porqué. En primer lugar por la falta de visión de estado de los gobernantes, en el pasado reciente de Carlos Salinas de Gortari que abrió más la puerta cuando modificó el artículo 130 del Código Básico y enseguida por una distorsión de nuestro pasado histórico que pretende hacernos creer que la reforma liberal está superada, cuando en esencia es la única revolución sólida y triunfante habida en este país y con razones más que sobradas para pervivir. Por eso me pregunto si aún quedan liberales en México porque, a mi juicio, o no los hay o son unos mediocres incapaces de sacar la casta y defender y resistir el atropello clerical  de un estado extranjero que se vale de sus corporaciones y logias para conspirar en contra de la viabilidad de un estado laico.

 

Pero hay algo más que no se debe perder de vista: los cabilderos de la iglesia se meten en todas partes, particularmente a los altos círculos del poder económico y político. En cuanto al primero no hay duda de que están donde está el oro y el dinero, y en el segundo también solo que en este terreno no nada más frecuentan a los conservadores, a los que les son iguales o afines, sino que también se meten hasta la cocina con políticos que en principio se reconocen como liberales defensores de la constitución y sus principios laicos y que en algunos casos lo son, cuando menos declarativamente, como serían muchos políticos influyentes de PRI y PRD que para no ganarse una mala reputación electoral claudican ante los jerarcas católicos y arrían sus banderas para beneficiarse en las elecciones del incienso y de las bendiciones. Se trata de políticos oportunistas que pierden ganando porque no se dan cuenta que de todas maneras esos altos dignatarios los ven por encima del hombro. Estamos ante una suerte de oportunismo gubernamental y parlamentario que teme electoralmente los anatemas de una iglesia como la mexicana que no ha sabido reformarse ni entender a este país para que transite por la construcción de un estado  moderno y avanzado.

Algunos creen que estas o similares palabras son un simple y trasnochado jacobinismo anti-clerical. Distante estoy de ello. Justamente el laicismo avanzado y lo mejor del secularismo permiten distinguir con mayor nitidez el papel primordial que juega el estado y el respeto que les brinda a las confesiones religiosas. Realmente la voracidad la encabezan clérigos, obispos y cardenales ultramontanos y en algunos casos corruptos e indignos de Jesús de Nazareth, como es el caso del inefable Onésimo Cepeda, por solo poner un ejemplo entre muchos que tengo a la mano y en cuyo elenco figuran pederastas y encubridores de abusadores sexuales. No aceptaría el cargo, como sí considero un exceso el estimar las lágrimas del Papa Ratzinger como simples lágrimas de cocodrilo.

Digo todo lo anterior como una voz de alarma frente a la inminente reforma en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión del artículo 24 de nuestra Carta Magna  que de consumarse permitirá que haya educación religiosa en las instituciones de educación que se soportan en el actual artículo 3º. Constitucional.  Si esta reforma avanza y se convierte en ley fundamental, tendremos que la libertad religiosa pasará a ser algo irreal puesto que los hombres de sotana estarán en las escuelas públicas y privadas alentando las buenas conciencias y la fidelidad a una iglesia en crisis como lo es la que encabeza el actual Papa alemán como lo ha demostrado con sobradas razones el muy notable teólogo católico y además  reprimido Hans Kung, cuyas obras recomiendo leer cuidadosa y profundamente. Si no todos sus libros, mínimamente no se pierda la carta abierta que Kung dirigió a todos los obispos  católicos del mundo el pasado 15 de abril del 2010 y que conservo ya como un texto básico en contra de las infamias  de la iglesia.  Acceda a este texto a través de unos cuantos teclazos en su computadora a través del buscador Google o el que sea de su preferencia, Cópernico si se quiere ambientar mejor.

Si el alto clero se sale con la suya –contando con el apoyo de panistas, priístas y perredistas- los candados que hoy resisten en artículos como el 3º., 27, 123 y 130 serán inútiles preceptos para que la educación pública se finque en la libertad, la herencia liberal, la Ilustración que han dado a este país la posibilidad de gozar, aun con todas sus deformidades, de un estado digno de este nombre. En esta materia estamos en la línea fronteriza y sería, si los clericales alcanzan sus metas, otro paso más como el que ya han dado en materia de salud reproductiva en contra de las mujeres y la conversión de los hospitales públicos en una especie de templos donde el auxilio espiritual es un servicio obligatorio a prestar por el estado mismo. Hágame usted el favor.

En todo esto hay que reconocer un hecho: los clericales trabajan día y noche y más de noche que de día, son hormigas que no se refugian en sus madrigueras en tiempos de invierno. Son tenaces, perseverantes en razón de sus dogmas. Ni la doble moral que se les ha acreditado los arredra. En cambio los liberales, los llamados a resistir y muchos de ellos habitantes del sistema educativo nacional, duermen plácidamente y con la panza para arriba. Así cuándo, por eso me pregunto: ¿habrá liberales en México?

Abril 24 de 2010

 

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