Amartemas: El Poder del Dinero, Grecia y Modigliani PDF Imprimir E-mail
Opinión - Jaime García Chávez
Lunes, 21 de Junio de 2010 07:07

En derredor del tema y en su esencia misma, se ha gastado mucha tinta y papel, gracias a lo cual tenemos sobrados elementos para entender el problema. Pero aún y así no es fácil. Veamos estas paradojas propias de la sociedad capitalista:  

La agencia Moody’s Investor Service –una especie de falange del crimen organizado al servicio de los dueños del planeta- dictaminó, hace unos cuantos días, que los bonos emitidos por el gobierno de Grecia son, simple y llanamente, basura. No valen ni el soporte en el que están consignados. Reconoce, además, que esa adversidad no es obstáculo para estimar la solvencia futura del país fundador de nuestra cultura y ciencia. Grecia esta en una crisis descomunal y Moody`s, zopilote que aparece anunciando su muerte económica,  lo certifica y lo advierte para que no les quede duda alguna a los gobiernos de la Unión Europea y a los Estados Unidos de Obama. Ya lo saben: la credencial financiera de Grecia marca su identidad: es basura. No hay loco que lo crea.

En cambio que distinta es la Francia del dinero. Hasta se siente en otra Bella Época  La Casa Christie’s –dedicada a la especulación con obras de arte-  informó que un busto de 64 centímetros confeccionado en piedra caliza y esculpido por el artista plástico Amadeo Modigliani fue subastado en 53 millones de dollares en el bello Paris, edificado sobre las riveras del río Sena. La pieza subastada de la que aún no se conoce su nuevo propietario –espero no vaya a ser un magnate griego, algún capo mexicano de la droga o Carlos Slim- es una inconfundible cabeza femenina confeccionada por el arista italiano entre 1910 y 1912 (creó alrededor de 20 piezas de esta índole), justo en el tiempo cuando compartía belicoso la bohemia parisina al lado de Pablo Picasso, Manuel Ortiz de Zárate, André Derain, Diego Rivera, Jacques Lipchitz, y el critico y poeta Guillaume Apollinaire, como bien lo recrea el director de cine Mick Davis en su película Modigliani. El antiguo dueño de la pieza, Gastón Lévy, prefirió los dollares a mantener en su poder la piedra caliza única e irrepetible.                                                             

La obra de Modigliani se calcula en 400 oleos, 20 esculturas, muchísimos dibujos y hoy que se vende una de ellas en 53 millones no nos queda más que pensar en lo obvio y para algunos tema trillado e históricamente superado: Modigliani tuvo una vida breve de 35 años y meses, concentró en su persona un genio excepcional y una energía que lo convirtieron en figura central del arte a principios del siglo XX, años de un auge capitalista en Europa que muy pronto llevó a la carnicería de la Gran Guerra de1914-1918. Fue un bohemio, nadie lo pone en duda, pero nunca olvido ejercer el ofició fecundo, la tarea a realizar y los principios que la orientaban en la plástica, la estética y la transgresión al sistema corrupto que despreciaba a los artistas que, uno a uno, fueron poniendo los ladrillos del arte moderno iniciado en la Escuela de Paris a partir de la obra de Picasso Las Señoritas de Avignon. Fue un bohemio, no figurín de bohemio  de los que encontramos a cada paso y a más de un siglo de esa bohemia esencial. Claro: no basta ingerir alcohol y usar boina. 

Modigliani vivió en la pobreza absoluta, casi extrema, alcoholizado, enfermo, con hambre, en riñas con sus compañeros, sin dinero para comprar una copa y enamorado de verás  de la joven  Jeanne Hébuterne, que se suicido lanzándose de la ventana de su casa a escasas horas posteriores a la muerte del pintor a manos de una meningitis tuberculosa. Su vida corrió en paralelo a la tragedia y lo maldito y su muerte, adosada a la de su mujer, coronaron todos los elementos para hacerlo el mito que es, un mito del arte universal. 

Empezó a saborear su triunfo, pero jamás lo imagino rotundo. Sus pares nunca le regatearon su valía, pero sus obras no le prodigaban los bienes elementales para el sustento propio y familiar. ¿Si los hubiera tenido, habría creado igual? ¿Se necesita este sufrimiento para producir grandes obras? Hoy ya se sabe que no y  se cuestiona a quienes sostienen lo contrario de padecer un romanticismo rancio. Si y no. Prefiero en esta materia la ruta del escéptico.

¡Ah, el dinero!

Quienes vivimos estos años hemos tenido tiempo para ver la evolución del dinero como nunca antes en la historia. En su origen cuasi-moderno, la emisión de moneda era sinónimo de estado soberano. Hoy se le busca sexo, ya no es simple plástico y la alta tecnología monetaria lo ha convertido en un intangible y omnipresente ser. Un teclazo en la computadora principal de Wall Street puede alterar al mundo entero, al igual que hoy Moody’s  ha decretado la basura para la patria de Sócrates.  

Estamos ante las grandes y dolorosa ironías: Modigliani murió con hambre y sin poder pagar la renta de su estudio parisino y –oh ironías, oh paradojas- un desconocido, pero con dinero, puede comprar una de sus esculturas en 53 millones de dollares.

Qué importa, corro el riesgo de ser acusado de antigüito en teoría monetaria: el dinero es una vil ramera y  simiente de la discordia entre los pueblos. Tal y como lo dijo Shakespeare en su Timón de Atenas. 

De una cosa estoy seguro: Modigliani no habría dejado una camorra con el soberbio Picasso en la taberna Le Lapin Agile por ir a recoger ni los millones de la casa Christie’s, ni antes los de la Sotheby’s de Londres que le igualo en precio a Van Gogh. 

En el mundo actual de los artistas: ¿Quién como Modi?

 

 

 

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