Jaime García Chávez: Abramos puertas a la Democracia PDF Imprimir E-mail
Opinión - Jaime García Chávez
Domingo, 27 de Junio de 2010 07:39

Las próximas elecciones encuentran a la sociedad y la ciudadanía en un estado de fatiga e indolencia. Y cómo no, si en nuestra democracia  se sigue gobernando de arriba hacia abajo, anulando la   participación ciudadana, ignorando la necesidad de mecanismos horizontales de consulta y rendición de cuentas, aplicando la vieja cultura de la clase política que piensa que entre más lejos estén los obligados vínculos con la sociedad, mejor  se gobierna.  La democracia es posible. Sin duda, la democracia es  la única alternativa para la construcción de un futuro con porvenir para todos. Solo a través de una democracia podemos extender las libertades y derechos a todas y todos. A través de la democracia eliminaremos las desigualdades, la inequidad y la exclusión social. Exclusión que significa que unos cuantos pueden ejercer realmente sus derechos, y muy pocos poseen la mayor parte de los bienes, en perjuicio de los más que poseen lo menos: obreros, campesinos, clases medias y otros sectores desesperanzados por el modelo económico imperante. Tanto el PRI como el PAN practican en este proceso electoral los mecanismos heredados por el régimen de partido de estado. Una democracia llegó, pero una vieja cultura autoritaria permanece entre nosotros y se expresa en la utilización de las estructuras de gobierno y las políticas públicas para hacerse un voto  duro ensanchado desde el poder. Es falso que la administración pública, ocupada por ambos partidos, se comporte de manera neutral en los procesos electorales, tal como sucede en los sistemas democráticos. Al contrario, ambos partidos mueven estructuras que combinan la institución gubernamental con la partidaria. Así, la ciudadanía  no sabe dónde empieza una y dónde continúa la otra. Este comportamiento era esperable de parte del  PRI, quien –para todos quedaba claro-  era  un partido de estado. Sorprendente, sin embargo, resulta que los  del PAN adopten las mismas prácticas, traicionando evidentemente las creencias y propuestas democráticas que  abanderaron por muchos años. Por desgracia, además, en algunos casos este vicio ha comenzado a contagiar también al PRD.  

 

La intervención gubernamental en los procesos electorales se ha evidenciado de una manera todavía más grave. Existen  denuncias contra los aparatos de inteligencia del estado por la realización de espionaje político para beneficiar intereses  electorales. La polémica  no nada más debe llevarse a los tribunales por la realización de filtraciones indebidas, sino también por el contenido de las conversaciones que subrayan la comisión de delitos graves por parte de los gobernadores, quienes emplean recursos públicos para ganar elecciones defraudando, con ello, al estado de derecho. Una pregunta recorre el país: ¿Si no es el estado quien espía, entonces quién lo hace? ¿Intereses extranjeros, monopolios, poderes fácticos, crimen organizado, narcotráfico? Pensar que algunas de estas alternativas sean la respuesta a la interrogante demuestra  la enorme vulnerabilidad del estado y la profunda crisis que padecemos. Un delito (espionaje) exhibe a otro delito (desvío de recursos públicos a las elecciones, entre otras cosas) y la sociedad expectante queda así prisionera del proceder delictivo de aquellos encargados de la observancia de la ley: no hay mayor indefensión que esta. Avergüenza este  retrato del México de hoy.

 

En esta elección los votos no valen lo mismo. Existen votos que valen por su peso   económico y jerárquico. Esos votos ya se han expresado soterradamente para anunciar prematuramente el triunfo del PRI o el  del PAN. Esos anuncios –votos- provienen de organizaciones de la derecha política que trabajan para impedir que los intereses ubicados en esferas más pobres y excluidas de nuestra sociedad emerjan y definan el quehacer del gobierno. Estos intereses representan a la inmensa mayoría de la ciudadanía y, por ello, debieran ser el punto de partida para la  construcción del porvenir. 

 

Un significativo  obstáculo para el desarrollo de la democracia en Chihuahua es la carencia  de medios de comunicación comprometidos con el deber de informar a la sociedad con criterios y estándares de calidad. La libertad de expresión en Chihuahua está limitada, incluso doblegada, como en ningún otro momento de nuestra historia. Está subordinada a las  prebendas económicas provenientes de las diversas estructuras económicas y de gobierno  y supeditada al  pensamiento patrocinado por la derecha.

 

El clientelismo electoral se practica por los funcionarios dependientes de los tres órdenes de gobierno, lo único que cambia es el color partidario que lo alienta. Su existencia perturba la democracia, particularmente a la hora de la emisión del voto.

 

Por otro lado, el corporativismo desmiente de raíz la existencia misma de la democracia. Tanto los viejos aparatos sindicales, como las organizaciones patronales de interés, se mueven como si fueran enormes cárceles sociales e imponen disciplinas electorales que sesgan los resultados de la elección. La impunidad se enseñorea en estos procedimientos.

 

Las elecciones son la oportunidad para diagnosticar nuestros grandes problemas y ofrecer alternativas y vías de solución. Un déficit inocultable de esta elección es la ausencia de la izquierda, ocupada normalmente de este aspecto. Esta falta es, sin duda, responsabilidad del Partido de la Revolución Democrática.

 

Por otra parte, los grandes partidos en disputa no realizaron un diagnóstico certero de los problemas que enfrentamos y evitaron  hablar de seguridad y economía. Es evidente que la elección se realizará sobre un cerro de cadáveres, con Ciudad Juárez arrasado, con jóvenes masacrados, en medio de una guerra empantanada contra el crimen organizado, con ejecuciones que hablan de limpieza social, con el campo y las etnias originales en el olvido, con regiones enteras en manos del crimen, a la sombre del escándalo  Galván, y sin una clara voluntad para dejar atrás la militarización y el estado de sitio. El modelo maquilador de exportación está en crisis y las estructuras económicas tradicionales de Chihuahua ya no sustentan  la viabilidad de la región y su estrechez fiscal.

 

Los dos grandes partidos y sus candidatos César Duarte y Carlos Borruel, se han dedicado a enunciar  promesas inmediatistas –suscritas ante notario público porque sus palabras no valen- y sin contenido esencial para el futuro.

 

Los grados de violencia alcanzados, aunados a la militarización, y el persistente miedo social  a la participación debido a la precariedad de nuestra democracia, acrecentarán los niveles de abstencionismo electoral, alentado, además,  por la desconfianza en las alianzas del PRI con el PT  (ruindad) y con el PANAL (supeditación al gordillismo convenenciero). Por ello afirmo que a partir de octubre pretenderá instalarse un gobierno sin la legitimidad primaria obtenida en las urnas. No debemos aceptarlo.

 

Chihuahua vive en un  gran atraso en materia de reforma político-electoral y es previsible que se presenten conflictos posteriores a la elección, debido, entre otras cosas, a la forma en que están diseñadas las boletas electorales para la elección de gobernador y el sistema de asignación de diputados ante el congreso local. La autoridad electoral -en los hechos- abdicó arbitrar el proceso. Si estamos en este sitio es porque los grandes partidos no han querido alterar  reglas de las que  oportunistamente se benefician  en franco desdén por el interés  ciudadano. La sociedad política está secuestrada por la partidocracia que disfruta de prebendas y privilegios excepcionales, pues, siguiendo la frase del poeta, han hecho del Estado su paraíso mientras lo han convertido en un infierno para la ciudadanía.

 

En la década de los ochenta del siglo pasado se inició en Chihuahua un complejo proceso de transición democrática, al principio con la dificultad de ser un fenómeno marcadamente regional, pero a lo largo del periodo por ser exclusivamente un movimiento alentado por proyectos de poder sin más.

 

La experiencia en otras latitudes demuestra que  una transformación democrática sustentada bajo esa lógica naufraga más temprano que tarde. El bipartidismo chihuahuense no sale de la ambición continuista y restauradora del viejo autoritarismo y su contraparte panista de querer relevarlo como una forma de reparto del poder en la que los intereses de la sociedad están olvidados.

 

En el futuro, los demócratas y la izquierda auténtica deben conjuntar fuerzas para impulsar un programa de democracia avanzada, con amplias libertades públicas y liquidación  de todas las expresiones del corporativismo; deben comprometerse en el avance de impostergables  reformas sociales orientadas por la justicia social a favor de quienes menos tienen. La tarea de construir un estado con responsabilidad no puede esperar  más. El  Estado debe autogestionar la reconstrucción de su  seguridad y la paz futura vertebrando su  guardia nacional con el propósito de  desterrar todas las expresiones del crimen organizado, especialmente el conexo con el  narcotráfico. Chihuahua debe ser para los chihuahuenses;  debemos arrebatarla de las manos de los poderes  parasitarios.

 

Estas elecciones se realizarán teniendo como escenario la reciente condena de la Corte Interamericana de Derechos Humanos al Estado mexicano por el caso Campo Algodonero relacionado con los asesinatos de mujeres en Juárez y en Chihuahua.

 

Esa Corte exige, a los distintos órdenes de gobierno,  reparaciones que tienen que ver principalmente con indemnizar a los familiares; encontrar, procesar y condenar a los culpables de los crímenes, y emprender cambios estructurales para cambiar la cultura de discriminación contra las mujeres, fermento de la violencia de la que son objeto.

 

No hubo menciones a este respecto por los candidatos. Ninguno nos dijo qué piensa hacer para dar cumplimiento a la sentencia de Campo Algodonero.  Las mujeres en su igualdad y su diversidad siguen ausentes del discurso electoral.

 

La amplitud de la democracia que buscamos se deberá medir por las puertas  que  abre para la  mayoría de la ciudadanía. Pienso en puertas que conducen a más puertas abiertas para que fluyan los intereses y las  propias libertades de los chihuahuenses. Las puertas que hasta ahora se han abierto nos han conducido  a puertas cerradas; puertas que protegen  las  fortalezas del poder autoritario, conservador y oligárquico, que resiste ceder espacios a la ciudadanía. La partidocracia dominante es hoy otra puerta cerrada.

 

Vamos a una elección sin alternativa ciudadana. Es una tragedia: el ciudadano que deshoja la margarita alterna, de pétalo en pétalo, buscando al menos peor.

 

El camino hacia la democracia y la equidad no está exento de grandes sacrificios. Si no lo emprendemos ahora, el 2012 nos encontrará con la restauración del viejo autoritarismo priísta y corrupto, o con la instauración de un nuevo régimen tiránico, destructor de nuestra nación y sus recursos. Recordemos lo dicho hace cerca de tres siglos por Trajano Bocalini: “El deseo de dominar es un demonio que no se ahuyenta con agua bendita.” Se controla, sostengo,  con acciones ciudadanas organizadas.

 

Tengamos el coraje y el talento  de emprender una nueva ruta. 

 

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