Jaime García Chávez: 2010; Abstencionismo PDF Imprimir E-mail
Opinión - Jaime García Chávez
Sábado, 10 de Julio de 2010 07:30

Aún no cierro mi expediente de análisis de las elecciones locales de este año, particularmente las realizadas en nuestro estado. Compartiré en breve mi opinión. Empero, hay un tema que por oportuno no puede esperar y tiene que ver con abstencionismo  y legitimidad. El primero se mantuvo, ciertamente, en los márgenes históricos, pero no debemos quedarnos con esa visión. Nadie puede aceptar, por ejemplo, que la participación a favor del PRI, en  números absolutos, sea prácticamente igual para el municipio de Chihuahua y el de Juárez si nos hacemos cargo de las enormes diferencias en densidad poblacional.  

 

Lo que me interesa dejar plasmado es puntual: en primer lugar que Cesar Duarte va a ser gobernador beneficiándose con un voto de cada cinco del padrón electoral, en otras palabras su legitimidad es precaria por provenir de una quinta parte del pueblo,  otra quinta parte o voto por opciones diferentes (PAN, PRD) o anulo y las tres quintas partes restantes simplemente se abstuvo de manera absoluta.

 

Si a la quinta parte con que Duarte se alza con la gubernatura le adosa la circunstancia que se trata de una cifra obtenida básicamente del voto duro, el corporativo y, especialmente el clientelar ya tiene usted una primera conclusión que no se deberá perder de vista en los años que vienen: Duarte Jaquez carece de una legitimidad esencial, la que deviene de los votos libres. Se bien que hay mecanismos secundarios que hacen llevadera la vida de los gobiernos y que a esto también se le llama legitimidad, la realidad es que otras categorías dicen más, entre ellas: control, trafico de influencia, enajenación ciudadana, demagogia.

 

Una observación más: el Instituto Estatal Electoral  empezó bien el tratamiento del abstencionismo, lo estudio histórica y sociologicamente y de manera seria. Un gran acierto. Continúo propiciando la cultura de la participación de una manera no del todo afortunada y, desventuradamente, termina mal porque quiere convencernos de que si hubo mucha participación, lo cual es falso y exhibe una oreja desagradable: mejorar la imagen del triunfo de Duarte y, hágase lo que se haga, no lo lograran por el rigor que impuso desde hace mucho tiempo Pitágoras y sus incipientes matemáticas.  Señores del IEE: a lo suyo.

 

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