Jaime García Chávez: Atraco a los Trabajadores mexicanos PDF Imprimir E-mail
Opinión - Jaime García Chávez
Sábado, 24 de Julio de 2010 08:17

A las instituciones estatales del  país, lo digo categóricamente, por sus decisiones las conoceréis. No es una historia de ahora, es una historia que acumula hechos añejos y convierte a la República en un gran almacén de agravio que más temprano que tarde  explorarán en incontenible reclamo. Así sucedió hacia mediados del siglo XIX y en 1910 los campesinos armados destruyeron el régimen de privilegio que se soportaba en el ejercicio de un poder autoritario que tenía, permanentemente, puesto sus ojos de custodio y todo su corazón al servicio de unos cuantos oligarcas.

 

 

Indios, campesinos, rancheros, incipientes muestras de clase media, obreros de las diversas ramas de la economía en manos extranjeras, valían para el régimen de los científicos terratenientes poco menos que un comino. Para los poderosos el servicio servil de las instituciones previstas por la constitución liberal de 1857 y para el resto la represión, la exclusión y la matona de que hacía gala el viejo dictador oaxaqueño, un día distinguido militar contra los intervencionistas franceses y su corte de traidores nacidos en el país, pero enemigos de su soberanía.

 

Hacer paralelismos en el análisis histórico quizá está totalmente desacreditado. Algunos dicen que la idea misma murió con el griego Plutarco. No es esa la miga que alienta este texto. Lo que sí quiero decir es que cómo se parecen aquellos tiempos a los que hoy corren peligrosamente para la nación. Favorecer al monopolio de Televisa con nuevas concesiones, negarle justicia a padres y madres que perdieron a sus hijos en la Guardería ABC, la  realización de elecciones que tienen a la esencia  de la democracia como la fachada del engaño, porque las mismas se realizan con la mano adentro del Estado y los gobiernos, apoyándose en el corporativismo y en el clientelismo, son solo botones de muestra de cómo las instituciones republicanas se desvirtúan y se ponen al servicio de los que ejercen el poder político y económico.

 

La sociedad mexicana está tan abrumada por la llamada guerra contra el narcotráfico y ahora con la aparición del terrorismo como delito contra la seguridad de todos, no nada más de la clase política, las fuerzas armadas y las policías, que no alcanzamos a columbrar socialmente que acontecen en nuestro entorno sucesos de la mayor gravedad y en los que  los dolientes son precisamente los de abajo, los que nada tienen y aún se les exprime más. El reciente informe de la CEPAL coloca a México prácticamente como el campeón en la producción de pobres, reiterando que este fenómeno atroz de desigualdad e inequidad es, qué duda cabe, el gran problema nacional de cuya irresolución depende la inviabilidad del país en todos los órdenes.

 

Y en medio de todo esto viene,  como un rayo mismo del infierno, la resolución con calidad de jurisprudencia emitida por la Suprema Corte de la Justicia de la Nación (SCJN) que atraca a los pensionados del país para percibir su pensión de acuerdo a la ley vigente. Antes un jubilado en el régimen del IMSS gozaba de la posibilidad de percibir hasta 25 salarios mínimos a la hora de jubilarse, de acuerdo a una ley vigente que no ofrece mayor obstáculo para su interpretación que el elemental conocimiento de la gramática, ahora solo recibirá un tope de 10 salarios mínimos en sus pensiones. Y esto porque así lo resolvió, en la opacidad total que deviene de sesionar en privado, las Suprema Corte de Justicia, a través de su Segunda Sala. Además y para que no le quede duda a nadie lo hizo por unanimidad de sus ministros integrantes. De paso quiero decir que cuando uno ve a estos ministros y ministras no puede menos que pensar en los deshumanizados magistrados franceses que pintó Daumier, pero eso es otra cosa.

 

Es inconcebible y no se sostiene con argumentos de valía la resolución de la Corte. Se ha dicho, para tener una noción comparativa que de aplicarse esta resolución, en su rango mayor representaría 17 mil pesos mensuales, ó sea dos días de salario nominal de un ministro de la Corte. Tenía razón aquel filósofo que dijo que no se piensa igual en un castillo que en una choza.

 

El agravio de la Corte, de  consumarse, afectará  a un millón doscientos mil trabajadores. Pero eso no les importa a las cabezas de las instituciones, del presidente de la República para abajo.  

 

Por eso tienen razón quienes ahora hacen de las fiestas centenarias oportunidad para salir a la calle y reclamar lo que les pertenece. Hay que resistir.

 

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