De la verdad, de la reserva y de las virtudes de los políticos PDF Imprimir E-mail
Opinión - Jaime García Chávez
Jueves, 14 de Enero de 2010 06:39

Los últimos días han sido pródigos en declaraciones políticas dignas de figurar en la columna “Por mi madre bohemios”. Lamentablemente Monsiváis y quienes le auxilian pocas veces toman en cuenta la veta chihuahuense, inagotable en perlas del lenguaje. Como el humor no es mi fuerte, empaquetaré en unos cuantos comentarios las afirmaciones registradas, sin reseñarlas para no abultar el texto innecesariamente.

 

Empiezo por decirles que se han dicho muchas mentiras, hábito que se asocia a la buena práctica política. Hace mucho para este tema tengo como punto de partida lo que escribió el marxista italiano Antonio Gramsci:

“Es opinión muy extendida en algunos ambientes (y esta difusión es un signo de la estatura política y cultural de dichos ambientes) que en el arte político es esencial mentir, saber ocultar astutamente las propias opiniones, los verdaderos fines a que se tiende, saber hacer creer lo contrario de lo que se quiere realmente, etcétera. La opinión esta tan arraigada y extendida que nadie cree que se diga la verdad. En el extranjero se considera a los italianos, en general, como maestros en el arte de la simulación”…

 Recuérdese la anécdota hebrea:

 ¿Adónde vas? —pregunta Isaac a Benjamín. “A Cracovia —responde Benjamín.

 “!Embustero! Dices que vas a Cracovia para que yo crea que vas a Lemberg. Pero sé muy bien que vas a Cracovia.

¿Qué necesidad tienes, pues, de mentir”

Hasta aquí el italiano nacido en la isla de Cerdeña. Efectivamente, la política no tiene porque ser hermana ni de la mentira ni del engaño. En la sucesión del PRI las mentiras rondan por todos lados y nadie sabe a ciencia cierta qué paso y porqué se llegó a una candidatura de unidad, cuando todos esperaban un proceso, aunque restringidísimo, más abierto. Por el lado del PAN se nos quiere hacer creer que fue la providencia la que puso a Pablo Cuarón en ruta de la candidatura y, poderosa que es por su naturaleza divina,  iluminó a Juan Blanco  —como un día camino de Damasco Pablo fue enterado de su destino por un ángel mensajero de Dios. Al menos quienes así piensan, son buenos católicos, aunque aquí el providencialismo poco tenga que hacer. Y no me engaño: el Divino Maestro definió la frontera entre Dios y el César y el arbitrio en lo humano y lo divino. 

Luego, en el PRD, las opciones para detener el entrismo o injerencismo del PRI en sus filas, se abstienen de participar para impedirlo. Estas y otras falsedades se han puesto en circulación y son moneda falsa. Y hay más: existen quienes dicen que Duarte es progresista —¡por favor!— y además muy capaz. El primer adjetivo lo desmiente su pertenencia a una formación política que ha sido el principal obstáculo para el progreso de México y, lo segundo, estaría por verse porque el señor precandidato solo se ha desempeñado en órganos colegiados en los que se diluye la responsabilidad (es examinable a detalle y habrá que hacerlo) y jamás en cargos ejecutivos como al que aspira y no tenemos elementos para regalar elogios.

Cabe recordar, además, una recomendación de Don Vito Corleone, el famoso Padrino: que sean los amigos quienes subestimen las virtudes, pues corresponde a los enemigos sobrevalorar los defectos. Obviamente que no comparto tan selvática forma de ver las cosas y sí recuerdo tal conseja es porque tampoco se vale repartir piropos retrecheros —como dice el cuplé que hizo famoso la bella Montiel— cuando ante la propalación pública de la alianza de PRD-PRI  se dice, al alimón, estar en contra de tal despropósito. ¿Será?

Insisto, para lograr una buena democracia y mejor cultura: no mentir y hacer de la vida política algo potable por el común de los ciudadanos que sufren el vértigo y la nausea por el engaño recurrente del que son víctimas en cada campaña electoral y en la vida cotidiana, valga decir en el trajín de los dirigentes partidarios, candidatos, funcionarios y de las instituciones. Otro problema destacable es la verdad dicha oportunamente, porque ahora resulta que Cesar Duarte descubrió que Calderón esta falto de talento y nos tiene adentro de una crisis, de la que jamás habló en tres años de legislador federal y uno como cabeza de un poder.

¿Quiere esto decir que todos los políticos deben salir corriendo a decir lo que saben y lo que sienten a los cuatro vientos? Tampoco. También se valen las buenas estratagemas,  puestas en acto por hombres y mujeres, no por ángeles del sexo que sean.  Y aquí la buenísima recomendación del mismo Gramsci:

“En política se podrá hablar de reserva, no de mentira en el sentido mezquino que muchos piensan: en la política de masas decir la verdad es una necesidad política precisamente.”

Cuando menos que la derecha se acoja a la máxima de que en boca cerrada no entran moscas y que los que están en el bando contrario actúen con responsabilidad ética y política.

No me queda sino disculparme porque en varios de mis últimos textos cito demasiado a Mario Puzo y a ninguno de los grandes maestros de la ética. No miento, buscaré  otras fuentes y otros autores. Sin reservas.

 Chihuahua, Chih., a 13 de enero de 2010

 

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