Jaime García Chávez: El que mal empieza… PDF Imprimir E-mail
Opinión - Jaime García Chávez
Sábado, 16 de Octubre de 2010 06:23

La frase consagrada es añosa: “El estilo es el hombre”. César Duarte inició su administración con un ejercicio litúrgico tras del cual están ausentes hombres y mujeres con genuina vocación política. Prefirieron el ritual, el sarao mexicano en lugar de enviar un mensaje de austeridad republicana avocándose de inmediato al trabajo. Chihuahua no está para costosas y peligrosas fiestas colectivas en las que menudea la  nómina gubernamental, los acarreados, los oportunistas y los proveedores de gobierno que no paran de publicar desplegados apologéticos que ya casi nos hacen desistir de leer el periódico, el de papel por supuesto. Mucho ruido y casi ni una sola nuez.

 

El discurso inaugural está plagado de lugares comunes y de frases efectistas y tautológicas como esa de que el poder es para poder y no para no poder, que entre líneas lo que significa es autoritarismo y mano dura en contra de los que se dejen gobernar así; pero habemos muchos que nos negamos a esos medios y que no somos ni queremos ser tratados de tal manera porque privilegiamos el pluralismo, la participación social, la democracia y, en fin, hacer de los derechos humanos una herramienta de uso permanente y sin riesgo de sufrir las represalias de los aprendices de la tiranía.

Veo en el futuro de Chihuahua un intento concentrador del poder y un ejercicio que no advierte los límites que la Constitución pone al gobierno. Hay negros nubarrones con esta especie de neopatriciato, pero también hay hartazgo que se puede tornar en insurgencia, de lo que deben estar concientes los integrantes del equipo recién llegado que vende baratijas envueltas en fasto, culto imperial al César y grandes escenarios propios del fascismo.

Soy un descreído de los famosos plazos de gracia de los 100 días, después de los cuales todo empezará a solucionarse y quedar igual que al principio con más y mayores problemas. Tenemos más de lo mismo, y no estamos en presencia de un nuevo estilo de gobernar y mucho menos del rimbombante arte de gobernar. Veamos unos cuantos datos:

Un Congreso teñido de mediocridad y sobrerrepresentación priísta con la que se transgredió la Constitución y en él un pastor que desprecia a los medios de comunicación y que exhibió el cobre de la ignorancia lo que lo hizo acreedor del Príncipe. No recuerdo su nombre pero tiene que ver con cerros.

Grave es que una vez más sea el gobernador el que designa al Presidente del Supremo Tribunal de Justicia, convirtiéndolo instantáneamente en un funcionario dependiente del Ejecutivo. Así las cosas: ¿Quién puede creer en la justicia?

Atando estos dos cabos es claro que no hay división de poderes, mucho menos pesos y contrapesos como se advierte también con la reciente reforma a la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo, instrumento de la centralización y el control del poder en un solo hombre, lo que ya crea malestar y desánimo sociales.

Muchos dinos fueron rehabilitados y otros están en vías de serlo. Súbitamente la mediocridad se convirtió en mercancía altamente cotizable en la bolsa del poder del actual gobernador. Tan deplorable está la circunstancia que ya llegó el palomeo hasta de los funcionarios de cuarto nivel, sin importar que sean de entidades autónomas como la Universidad Autónoma de Chihuahua.

El tema de la seguridad dio la nota: una reunión de gobernadores con Felipe Calderón cuya administración arroja un saldo de treinta mil muertos a este momento y de la cual brotó el Acuerdo Chihuahua que es una colección de incoherencias y nimias propuestas. Algo así como tratar de dar aspirinas para curar la leucemia. Ciertamente la reunión con Calderón fue un típico parto de los montes, con mucho ruido, helicópteros, soldados y al final un producto cosmético para el engaño.

Y ya que hablamos de cosméticos, se nos ha querido vender que el Fiscal aprendió al líder petrolero la Quina, cuando todos sabemos el operativo que se montó en una época dorada de la tiranía priísta en tiempos de Salinas. Me imagino que pudo haber levantado alguna constancia y no más. Del general que se encargará del mando único de la policía, no conozco sus aptitudes pero lo que se deja ver es que no fue a ningún combate con el EZLN, como se nos pretende convencer. Por cierto que la valentía del nuevo gobernador se finca en militarizar los cuerpos policíacos, haciéndose eco de que solo los castrenses tienen lo mero principal. Lo cual es falso.

Frente a Calderón, el gobernador se comportó como un simple virrey. Solo le faltó decir: presidente Felipe escúchame loarte, único político a la altura del arte (perdón de nuevo a López Velarde por parafrasearlo con tan mal gusto).

Por las vísperas, los días.

 

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