Luis Javier Valero Flores: ¿Por dónde empezar? PDF Imprimir E-mail
Opinión - Luis Javier Valero
Lunes, 08 de Noviembre de 2010 03:23

 

Los acontecimientos de los últimos días han venido a reforzar la noción de la aguda infiltración del narcotráfico en las corporaciones policiacas y militares y han develado el fracaso, tanto de la estrategia desplegada por el Estado mexicano para combatir a las bandas criminales, como de las medidas realizadas para sanear los agrupamientos oficiales, y por supuesto, las orientadas a prevenir la infiltración.

 

La creación de corporaciones honestas es el mayor reto que enfrenta el país en estos momentos, ya que todos los niveles de agentes están infiltrados. Pero ¿Quién vigila la limpieza, la sanidad de los cuerpos policíacos?

En todas las corporaciones existen cuerpos de vigilancia interna, pero vistos los resultados, nadie puede asegurar que tal forma de fiscalizar haya funcionado, todo lo contrario.

Lo hemos repetido hasta la saciedad, debería hacérsele caso a la máxima de Alfonso Quiroz Cuarón: En la comisión de cualquier delito hay que seguirle la pista al dinero.

Más en los casos que todos los días reportamos y quejamos ¿Dónde están los jefes que, no solo ordenan la comisión de actos delictivos de grupos criminales, sino que los financian?

¿Dónde está, por ejemplo, la persona –según versión de la PF- a la que le reportaban por teléfono los secuestradores y a la postre, asesinos de Mario González Rodríguez?

Sin duda quien estuvo al pendiente de la grabación del video y dio las indicaciones, seguramente también las finales en la vida del abogado González, era parte del engranaje de los autores intelectuales de alguno de los cárteles del crimen en México que ordenaron tales acciones, -otra vez en versión de la PF- “como una venganza (en contra de la ex procuradora) por emprender la depuración de las corporaciones policíacas”.

La guerra de las bandas criminales, no es una novedad decirlo, no sólo es por el control de las rutas y las áreas geográficas, es también por el control de las corporaciones policiacas o el acceso a determinados mandos policiacos, de ahí que las medidas para mantener a salvo la integridad de esos organismos tiene carácter prioritario, y entre ellas se encuentra en primerísimo lugar la buena remuneración salarial, pero fundamentalmente la vigilancia permanente acerca de los estándares de vida, de sus ingresos económicos, de las propiedades, de los vehículos, esto es, en pocas palabras, vigilar que el tren de vida tenga relación con su remuneración.Los criminales han sido parte, por desgracia, de los cuerpos de seguridad pública, a los que se les ha capacitado e instruido en el manejo de armamento y tácticas inherentes a los combates violentos y de seguridad. Aún si no se infiltraran en ellos, hay cifras de pavor, como por ejemplo, la del número de desertores del ejército, son poco más de 130 mil ¿Y cuántos de las corporaciones policiacas de todo el país?

Pasaron ya cuatro años de que Felipe Calderón pregonó la puesta en marcha de la limpieza en las corporaciones policiacas, más aún, casi se cumplen tres años del inicio de medida semejante en Juárez y los indicios del fracaso en esa orientación empiezan a brotar, pues no se aprecian, por lo menos en la medida que lo quisiéramos, los resultados de las medidas de saneamiento policiaco y sí las del sentido contrario.

Y si en tal sentido el fracaso es evidente, en cuanto al combate al crimen organizado, por ninguna parte asoman los resultados de los equipos de inteligencia de las corporaciones, salvo en alguno que otro caso; pero el grueso de los “éxitos” policiacos se deben casi meros accidentes, como la detención del grupo secuestrador de Mario González que obedeció a hechos absolutamente circunstanciales –el patrullaje de la policía federal en la zona norte de la capital chihuahuense y el enfrentamiento armado entre miembros de esta agrupación y los delincuentes- que llevó a la localización del lugar en el que fue sepultado.

El principal reto del país en estos momentos es crear policías honestas pero a la luz de los resultados, la eficiencia de los exámenes de confianza aplicados por la Secretaría de Seguridad Pública Federal (SSPF) a los agentes de todas las Policías del país ha quedado en entredicho.

El hecho de que un mando de la Policía Municipal de la ciudad de Chihuahua, en versión de la Policía Federal (PF), haya sido quien ordenó el secuestro y posterior asesinato del abogado Mario González Rodríguez, hermano de la ex procuradora Patricia González, que otro elemento de la poli municipal participara en ese operativo y que un ex coordinador del desaparecido Cuerpo de Inteligencia Policial (Cipol), Jorge Gutiérrez Corral, rescatado por la PF, también secuestrado y presumiblemente próximo a morir a manos de sus secuestradores, trajo nuevamente al centro de la atención de los chihuahuenses la elevada corrupción existente en los cuerpos policiacos.

César Tapia, coordinador del grupo parlamentario del PANAL, denunció haber recibido informaciones que los exámenes practicados a los policías juarenses “no contaban con el profesionalismo que debió tener”. No existe aún director del Centro Estatal de Confianza, “organismo que ya está creado y equipado”, afirmó por su parte el diputado priista, Alejandro Domínguez.

En estas circunstancias todo mundo demanda una “urgente depuración” de los cuerpos policiacos del estado y de los municipios, pero si revisáramos los archivos periodísticos nos encontraríamos que esa ha sido la demanda en cada ocasión que el crimen nos gana una tajada más de la legalidad existente.

Y el problema, vaya que es grave, lo es a tal grado que las ejecuciones, ya se convirtieron en la segunda causa de muerte en Chihuahua, sólo por debajo de los problemas cardiacos. Así, en este año “4 mil 450 personas han fallecido por padecimientos cardiacos en los 67 municipios de la entidad, 3 mil 320 por homicidio y 3 mil 310 por cáncer”. (Nota de Rubén Villalpando, La Jornada, 5/XI/10).

Cuatro años atrás ocupaban el séptimo lugar como causa de muerte. Ahora, la Diabetes Mellitus descendió al cuarto sitio, con 2 mil 270 personas fallecidas. “En quinto lugar se encuentran los accidentes, con mil 436 víctimas…”.

El fracaso gubernamental ahoga al país en sangre y en las esferas del poder sólo se piensa en elevar la capacidad de fuego de las fuerzas armadas, en aumentar el personal policiaco y su armamento –nadie podría estar en contra de tales medidas si otra fuera la estrategia o los resultados mostraran que es lo correcto- pero no obstante el evidente fracaso, que ha convertido al país en un inmenso lugar de crecimiento delincuencial y ha llevado a que la denominación de “Estado fallido” se le aplique con mayor frecuencia, para el próximo año el gasto militar se disparará y llegará al doble del aplicado en 2006, el último año de Vicente Fox, y llegará a la fantástica cifra de 142 mil millones de pesos, “monto superior en casi 50 mil millones al que se aplicará en el sector salud”, según afirmó el senador del PT, exgobernador zacatecano, Ricardo Monreal.

Es de tal dimensión la falta de estrategia y de incongruencias en este aspecto que el ejecutivo federal ha propuesto aumentar en ¡Mil pesos al mes! el salario de los soldados (Habría que hacer la anotación que la mitad de los integrantes de las fuerzas armadas son originarios de Oaxaca ¡Por puritita casualidad, la entidad más pobre del país!) para que sus ingresos alcancen los 9 mil al mes.

En el mismo lapso, el gasto en educación pública y salud apenas crecieron 3 y 7 por ciento, respectivamente. Así, para 2011, la propuesta es asignarle a la Sedena 63 mil 934 millones de pesos, en tanto que en 2006 se le autorizaron 26 mil 31 millones de pesos.

Tal presupuesto tiene como objetivo crear 18 nuevos batallones para “aminorar la carga de trabajo de todas las zonas militares”, además, como si se necesitaran argumentos para elevar el presupuesto militar, un informe confidencial de las fuerzas armadas señala que con motivo del refuerzo económico otorgado a las tropas que combaten al narco ¡Se ha abatido la deserción!

No, po’s si para eso se necesita echar a andar otra guerra, ¡Adelante mis valientes!

¿No será, ya, el momento de iniciar una nueva estrategia, de enfocar las baterías a las causas sociales y a las verdaderas razones del tráfico de drogas, de encontrar a quienes se benefician en elevadísimos grados de este mercado de la muerte?

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