Jaime García Chávez: Urge un diccionario para Duarte PDF Imprimir E-mail
Opinión - Jaime García Chávez
Sábado, 05 de Febrero de 2011 20:46

Suele pasar. Cuando uno consulta el  viejo diccionario de la Real Academia Española no encuentra entradas para  muchas palabras que en las nuevas ediciones ya aparecen, en mejores términos y significados de los que registró el célebre Nikito Nipongo, en sus críticas a la vieja institución de la lengua castellana, creada en tiempos de Felipe II. Pude constatar todo esto cuando me di a la búsqueda de la palabra “carnada” empleada por el señor  César Duarte para caracterizar a la mártir Marisela Escobedo Ortiz. A mí la palabreja me sonó como un verdadero adefesio. A mis oídos no gustó y es lo de menos. Lo grave es la categoría que usa el político para cualificar la acción de una madre que ante la tragedia,  buscó denodadamente la acción de la justicia, encontrando la muerte en las puertas del palacio que alberga a los hombres del poder.

 

Más allá de que todos sabemos que  carnada es una palabra ligada a la práctica de la pesca, cabe preguntarse qué significa cuando se le traslada al vocabulario de un alto funcionario, titular de la procuración de justicia en materia penal, por si fuera poco. Acaso tuvo en presencia César Duarte que el diccionario refiere el significado a un cebo animal y, también, como añagaza o artificio para atraer “con engaño” a alguien, conceptos todos que riñen, palmo a palmo, con lo que hizo de sus últimos años de vida la señora Escobedo Ortiz.  

Por  supuesto que ella jamás se auto concibió como  simple cebo, y mucho menos, como un instrumento de engaño para nadie. Lo que hizo y debiera avergonzar a los gobernantes, fue sustituirlos ante su inoperancia e ineficacia. Frente a la parálisis de la  policía y el ministerio público y en general de la justicia, transformó su vida en proyecto o misión para encontrar la justicia en el caso específico del homicidio de su querida hija.  

Buscó al criminal, pero antes tocó las puertas del gobierno  inútilmente. No quería una venganza privada, hay muestras sobradas al respecto, sino acabar con el privilegio evidente de la práctica de la justicia solo para los poderosos y pocas veces para los débiles. Deseaba poner el dedo índice para señalar al homicida de su hija para que el  gobierno hiciera la tarea final de detenerlo y recluirlo en prisión. Lo hizo a ciencia y paciencia de las autoridades que en esencia no hicieron nada para acompañarla y protegerla.  

En pocas palabras, su ejemplo es sencillo de entender y alarmante por la tragedia que está detrás: substituyó una función estatal, hizo lo que desde un presupuesto de lo público hubiera hecho un gobierno de mediana calidad y en ese empeño perdió la vida. Y ahora resulta que fue simple y llanamente una carnada, cebo animal que se prestó al engaño para atrapar a un delincuente. ¡Qué barbaridad!    

Siempre he estimado que un lenguaje pobre, de metáforas elementales, denota una inteligencia escasamente desarrollada. Incluso cuando se trata de practicar una pedagogía accesible por sus notas ordinarias, hay que tener algo de seso para no desbarrancarse ante lo superfluo y, como en este caso, en lo ofensivo. Por eso pienso que a César Duarte debemos regalarle un buen diccionario (por lo que se ve él lo denominaría tumba burros) quizás le ayude a pulir su lenguaje y no rematar con él a quienes ya de por sí sufren las consecuencias de una administración errática, unipersonal, destructora de la institucionalidad constitucional y altamente lesiva para el desarrollo político de Chihuahua.   

El problema de fondo es que el alto funcionario es autista político. Padece un trastorno al parecer  permanente y profundo y que, como el mal patológico, no tiene cura. Ese autismo ha afectado la comunicación social y política y la reciprocidad con los que sufren las consecuencias de la injusticia y a quienes se exhibe  de manera miserable. No ve, no oye la crítica. Está encerrado en sí mismo, replegado en su servil aparato administrativo. Estos gobernantes suelen hacer  gran daño y, de paso, ofenden a quienes por un mínimo de piedad quieren escuchar mejores sustantivos o adjetivos.  

Una pregunta   ronda Chihuahua: ¿Por qué tras de Marisela nunca hubo un brazo del estado, listo para atrapar a Sergio Barraza, una red de pescador?

 

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