Jaime García Chávez: El Derecho ¿Pero es el Derecho un estorbo para Duarte? PDF Imprimir E-mail
Opinión - Jaime García Chávez
Miércoles, 16 de Febrero de 2011 16:37

Como no me ocupo de su biografía, no sé donde estudió derecho Cesar Duarte, si realmente lo hizo y, aclaro: no me refiero a problema que tenga relación con títulos o pergaminos. Pero es obvio que su discurso está totalmente divorciado ya no digamos del estado de derecho, sino de los manidos conceptos que suelen utilizar los priistas en su desempeño gubernamental. Todas las acciones y declaraciones de los prohombres del autoritarismo chihuahuense, riñen con los pilares conceptuales de lo jurídico y se solazan en prodigar mensajes a favor de lo torcido, cuando no de la fuerza sin fundamento, para encarar los arduos problemas que se dan en el manejo de los asuntos de estado.

 

Veamos algunos casos realmente ejemplares: un Duarte diciendo “no se saldrán con la suya”, frase pedestre de los padres ancestrales del mundo rural para amenazar a sus hijos. Pero nunca a jueces y mucho menos en un sistema que se basa en el principio de legalidad. A un defensor público, lo enferman, lo inhabilitan y hasta lo hacen perverso por interponer un amparo en el ejercicio obligado y debido de sus facultades.

 

 

Para este mandamás primero están sus fueros y luego todo lo demás. Diga usted si no: el poder judicial se ha convertido —como nunca— en oficina subordinada que obedece sin chistar y, además, se ve compelido a caer en el ridículo completo del cual se quiere salvar acudiendo a lo inimaginable: la prueba del ISO que aparte de tener un costo nada remediara, entre otras razones porque no es una empresa mercantil. Salvo que se nos demuestre que de eso se trata.

 

Y si el de arriba ordena, al de abajo no le queda más que obedecer: el Congreso del Estado se convirtió en el paraguas protector del mandamás y hacia allá se desplazo el juicio político a los jueces y los diputados no hayan que hacer, y nos venden la idea de que no pude notificar a los futuros enjuiciados, que van ganando la carrera por los despropósitos y galimatías del gobierno actual que, eso sí, goza de una dependencia más encargada de la consejería jurídica.

 

Y qué decir del palafrenero, mozo de la caballería, que preside la Comisión Estatal de Derechos Humanos, José Luis Armendáriz que compró boleto para el juicio político y así obtener la garantía de la reelección en el cargo que contribuyó a desnaturalizar con su entreguismo.

 

Pero lo más grotesco es lo que se hace en el área de la justicia laboral. Ahí se ha creado la cortina de humo de la mafia de los abogados, para ocultar la agresión a los derechos fundamentales de los trabajadores. Si en alguna esfera se ha despreciado a los abogados y al derecho es ahí, precisamente donde despacha el licenciado Fidel Pérez Romero que por la cruzada que encabeza ya se ha hecho acreedor a todos estos adjetivos que se adosan a su titulo y nombramiento, es a un tiempo: honesto, decente, integro, leal, recto, justo, cabal, probo, cumplidor, honorable, austero, pundonoroso, digno, incorruptible, sano, respetado, venerado, ensalzado, enaltecido, favorecido, condecorado, distinguido, apreciado, debido, digno, bien portado, singular, paradigmático, fidedigno, verídico, fiel, adornado, aunque sin lujo severo e intachable, de buena calidad, extremadamente severo, que no tiene mancha.

 

Y para que no quede duda de donde están los héroes de los políticos con mando, al diputado Enrique Serrano Escobar —morueco prácticamente de todo el rebaño legislativo— se le seco el cerebro al proponer que se inscriba con letras de oro en el muro de honor de San Lázaro en la ciudad de México el rotulo Ejercito Mexicano.

 

Según la prensa el diputado dio lecciones de historia propias de la primaria para motivar su iniciativa y obviamente que en esas lecciones no está la historia negra del ejército y queda excluido el concepto general de fuerzas armadas que incluye a la marina y la fuerza aérea. Como hoy por hoy la institución que refleja el divorcio con el derecho es el cuerpo castrense hacia él dirige su elogio barbero el pastor priista. No le da para más su gris personalidad. Pero que mal hace lucir a Duarte en la capital de la república. Lo presenta como un gobernador proclive a hacer con las bayonetas lo que es imposible: sentarse en ellas.

 

Duarte y los suyos odian el derecho y a los abogados. Alguna razón tendrán pero es tiempo de hacer la pregunta: cuál de los abogados de esta administración tiene las manos limpias para lanzar tanta piedra. Se de algunos que pueden hacerlo, pero tiene miedo y eso también es mancha.

 

Pero ¿Quiénes serian los juristas que sirvieron de preceptores a Duarte? Lo dejaron muy adolorido.

 

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