La CTM de 75 años: Jaime García Chávez PDF Imprimir E-mail
Opinión - Jaime García Chávez
Escrito por Jaime García Chávez   
Viernes, 25 de Febrero de 2011 14:43

 

Surgida a principios de los años treinta del siglo pasado, la Confederación de Trabajadores de México es un aparato corporativo decrépito políticamente —sus glorias político-corporativas se extinguieron visiblemente en 1988— pero no menos eficaz para mantener a  buena parte de los trabajadores industriales mexicanos en una especie de cárcel social que les impide su  insurgencia para tomar, en propias manos, sus intereses y la defensa radical del mundo obrero del trabajo.

La CTM inició bajo las banderas del nacionalismo revolucionario en una época en que corrían, paralelamente, la institucionalización del Estado mexicano producto de la Revolución y las ambiciones de Plutarco Elías Calles y su grupo de perpetuarse en el poder a contrapelo de los grandes intereses de los obreros y los campesinos que habían aportado  sangre y esfuerzos en el proceso revolucionario y se encontraban más que olvidados. Fue una época de grandes movilizaciones sociales en la que destacaron líderes que dieron dirección al proceso y crearon toda una política de masas al frente de la cual se puso el presidente Lázaro Cárdenas electo en 1934. La entrega de la tierra a los campesinos, la política de nacionalizaciones —en particular del petróleo— la defensa de los recursos naturales y el alineamiento antifascista de la política internacional no se entienden sin aquellas grandes demandas de las masas, entre otras  las agrupadas en la propia CTM dirigida en sus inicios por Vicente Lombardo Toledano.

Pasado el cardenismo, muy pronto la CTM se convirtió en un aparato corporativo al servicio de un Estado que paulatinamente se alineó a favor de un proyecto capitalista que subordinó a los trabajadores por varios caminos, unos políticos otros represivos. Recuerdo que a edad temprana Miguel Alemán Valdez fue designado el primer obrero de México y vinieron, con la política de unidad nacional, un conjunto de pactos que fueron adelgazando los intereses reales de los trabajadores y  utilizados para el refrendo en los procesos electorales altamente simulatorios que vertebraron al régimen autoritario de partido de Estado que entró en crisis en la década de 1980. Dos hechos entre muchos otros ilustran: en 1983 todos los candidatos de la CTM que compitieron en la contienda local de Chihuahua perdieron escandalosamente e igual sucedió en la elección federal de 1988, en la que el actual secretario general de la CTM en la república Emilio Gamboa Pascoe perdió la senaduría por el DF a manos de Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez.

A partir de los años 50 se consolidó el concepto charrísimo sindical para denotar un estilo de dependencia política de las corporaciones al Estado y los capitalistas. A los charros se les premiaba con puestos públicos, con diputaciones, senadurías, en algunos casos gubernaturas estatales y muchas posiciones en los municipios del país. Los intereses de los trabajadores agremiados no significaban absolutamente nada: lo importante es que personajes del corte del extinto Refugio Mar de la Rosa y Jorge Doroteo Zapata ocuparan altos cargos en los que actuaban servilmente para el PRI, los gobernadores, los presidentes de la república, pero también para los grandes empresarios que se beneficiaban de contrataciones colectivas leoninas, historia que se ha prolongado hasta ahora.

Fidel Velázquez —quien fuera durante muchos años el charro mayor— dijo que el PRI había llegado a balazos al poder y solo a balazos se le sacaría de él. La historia demuestra justamente lo contrario, fueron entreguistas, lo mismo, por ejemplo, con Carlos Salinas, que con Vicente Fox y Felipe Calderón. Se inició la etapa que denominé, cuando Francisco Barrio era gobernador, charrísimo azul que personificó Jorge Doroteo Zapata aquí y luego muchos otros.         

La CTM se reduce a ser un sector del viejo PRI, con un poder disminuido en lo político pero con gran capacidad de chantaje en las relaciones obreros patronales. Hoy su tarea estratégica es aniquilar lo mejor que queda del artículo 123 constitucional y en la Ley Federal del Trabajo. De espaldas a los trabajadores cocinan una nueva legislación laboral contaría a los trabajadores.

En las elecciones pasadas Jorge Doroteo Zapata flanqueó, de la mano de Eloy  Vallina, al inefable Teto Murguía, que fuera su precandidato a la gubernatura de Chihuahua. Hoy, como nada ha pasado, César Duarte asiste a la celebración de los 75 años de CTM.

Es una familia, siciliana, indigna del ingenio de Don Corleone.

 

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