In memoriam de Flor Alicia Gómez López PDF Imprimir E-mail
Opinión - Jaime García Chávez
Sábado, 12 de Diciembre de 2009 12:30

  • Diversos medios y de manera marginal, se me menciona como aspirante a la candidatura a gobernador del estado para la contienda del próximo año de históricos centenarios.

Sin pertenecer a ningún partido, hace doce años jugué ese encargo con un proyecto de izquierda, democrático, claro y distinto a los propósitos de los candidatos Jesús Macias Delgado y Francisco Barrio Terrazas, del PRI y el PAN. Entonces busqué, con un amplio grupo de ciudadanos y ciudadanas fundar una alternativa electoral de la izquierda para el estado, con proyecto explícito, compromisos tangibles y autoridad moral para solicitar el voto mayoritario. Con muy escasos recursos, recorrí cuarenta y cuatro municipios, ocupé grandes espacios mediáticos, deliberé con mis homólogos en el primer debate de esta naturaleza habido en la historia de la República.

 

Personalmente en 1992 inicié un ciclo político que más tarde me llevó a la dirección del PRD en el estado y a la obtención en 1997 de su más alta votación. Prácticamente uno de cada diez ciudadanos que votó lo hizo por la izquierda y en algunos distritos nuestra brecha con relación a los otros partidos no fue distante. Quienes conocen de esto, saben que no es poca cosa.

Fueron años en los que el PRD tuvo iniciativa y presencia. Años, además, en las que el trabajo político se fincó en la aportación voluntaria y gratuita.  No había prerrogativas y, por tanto, la construcción institucional del más importante partido de izquierda no se cimentaba ni en la nómina, ni en la reyerta interna por el control de puestos fuera y dentro del partido. Fueron los años de dar, de sacrificio generoso sin esperar nada a cambio; años de resistencia contra la usurpación local y nacional, también los tiempos en los que los perredistas eran vilipendiados, reprimidos y asesinados en gran número.

Autocomplacencia aparte, desde Chihuahua se planteó por primera vez la concepción de la transición a la democracia como una línea estratégica para construirla y, posteriormente, consolidarla. En aquellos años Cuauhtémoc Cárdenas hizo un recorrido por Holanda y ante los medios de este país reconoció la chispa que los perredistas norteños estaban lanzando a la República entera. El mismo partido no perdía oportunidad de deliberar los grandes problemas del país para analizar permanentemente nuestro rumbo en la globalidad y marcar líneas de acción política. Las voces de Cárdenas, Muñoz Ledo, Campa, Castillo, Martínez Verdugo y tantos otros marcaban al PRD con un consistente músculo que sintetizaba justicia y democracia en un discurso prometedor para la República.  No niego que había tensiones internas también.

Competir electoralmente desde la izquierda en Chihuahua es difícil. En primer lugar porque la inserción con esa forma de lucha se dio tardíamente ya que el quiebre con el príismo lo abandero el PAN en 83, 86 y 92 y el príismo se acuerpó ante un poderoso adversario y, en lo esencial, jamás se fisuró para alentar una corriente electoral como la que surgió en otras partes y acrecentó a la izquierda de manera casi natural. De hecho el PRI y sus gobiernos al destruir el movimiento democratizador de la Universidad Autónoma de Chihuahua en 73-74 y corromper después al movimiento urbano popular, fue sin quererlo y narcotizado en su sueño de perene hegemonía, el que contribuyó a empanizarlo todo y, en esta perspectiva, quedó muy claro que el poder real en Chihuahua lo ejerce la derecha política y que está derecha es tan cínica que vive en una casa tricolor y en otra azul y además lo hace muy campante porque solo responde a intereses que no son, ni remotamente, los de la inmensa mayoría chihuahuense.

Una candidatura gubernamental, en este momento, debe empezar por reconocer —perdón por la nerudiana— que nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos como entidad colectiva y partidaria. Hoy estamos a la saga de los acontecimientos y ni siquiera tenemos un rostro limpio y agradable. Quiero decir que estamos más atrás que hace doce años, aunque las condiciones para una gran lucha en Chihuahua son óptimas y a ellas quiero referirme.

La crisis económica está golpeando a los que menos tienen: campesinos, obreros, estudiantes, mujeres y empresarios de diversos niveles. Es indispensable un programa de izquierda, por la equidad y la redistribución de la riqueza. El fracaso político de la administración habla claro del necesario relevo del equipo gobernante por otro que tenga compromisos con los sectores señalados. A la democracia le han faltado demócratas que la cultiven día a día: el PRI sigue siendo un partido de estado; el PAN demostró en muy poco tiempo ser un instrumento de poder sin más ni más y ambos están ligados a la oligarquía local y a la derecha fundamentalista, enemiga de la República y no se diga del pluralismo y el Estado laico. Y, qué decir del IEE autónomo de nombre y en la realidad un instrumento enmarañado en la pugna por el poder y sin facultades de arbitraje reales. Llegado el momento, ¿alguien puede creer que negará registros a los defraudadores de la ley que realizan campañas anticipadas?

La Comisión de Derechos Humanos, el Instituto Chihuahuense para la Transparencia y el Poder Judicial son tan dependientes del Ejecutivo como los que más y este último en el peor de sus momentos de decadencia y abyección. El Legislativo  es toda una torre consagrada al servilismo, la componenda y la ignominia. La vida municipal está empobrecida y no es la comuna democrática de la que habla la Constitución.

En un mundo así, es lógico que la oligarquía local reduzca todo a una estéril pugna por el poder ejecutivo. El mismo PRI está más atrás que hace seis años cuando dirimió su candidatura fundamental en una amplia elección. Ahora lo hará por delegados y quiero que sepan que cuando yo escucho la palabra delegado, veo dos o tres titiriteros atrás y muchos muñecos articulados con bisagras y sin columna vertebral en el escenario, aparte de ahorcados con las propias cuerdas que transmiten las consignas. Tampoco estoy para desconocer hechos que hoy se observan claramente: la absurda y lacerante consolidación de la restauración priísta; la quiebra del panismo a la que solo le favorecería que los grandes oligarcas se presentaran como un frente único para exigir tras bambalinas que un azul llegue a gobernador, porque los ciudadanos aunque siguen apoyando en grueso número al PAN ya ni remotamente lo ven como el partido ciudadano de 56, de 83, o de 86 del siglo pasado. Eso se acabó, lo que no quiere decir que el PAN esté muerto.

A este cóctel le falta el ingrediente principal: el tema de la militarización y el rotundo fracaso de la lucha contra el crimen organizado y del cual son responsables, quien más quien menos, los priístas y los panistas; Calderón y Reyes Baeza. Los derechos humanos se pisotean. Quién va a rendir cuentas y cuándo de los muchos muertos, si ambos partidos ni siquiera han tenido la capacidad y el decoro de explicarnos a satisfacción la muerte de Baeza Ramos, que fuera Regidor del PAN y la de Miguel Etzel Maldonado, distinguido e histórico priísta. El operativo conjunto ha servido de repartidor de esquelas y eso cuando los ejecutados tienen alguna visibilidad pública, que de los olvidados se encargan los panteoneros.

Entonces, cómo podemos imaginar siquiera que dos ciudadanos que no han rendido cuentas por los nexos que tienen con el narcotráfico aspiren al cargo principal. Al respecto ni Murguía Lardizábal ni Alejandro Cano han dicho esta boca es mía. Cómo podemos admitir que un miembro consanguíneo de la Casa Baeza cual es Oscar Villalobos Chávez quiera seis años más de privilegio regional que ya en el sur del estado se ve como excluyente y discriminatorio. El alcalde de Juárez, municipio epicentro del fracaso en seguridad, sin siquiera lavarse la cara esté en el candelero, al igual que el diputado Rodríguez Moreno que se sabe ujier del gobernador en el Congreso y con ese mérito aspire a sustituir a su protector.

Y ahora hablo del deslinde de César Duarte Jácquez con Patricio Martínez. No me detendré a examinar su propuesta de vender aguayón en Tokio, porque no es la oportunidad. Él no le ve pertinencia formularla por la simple insinuación de que no formó parte de su grupo, aunque todo mundo sabe que sí de su partido. Piense usted qué haría un limpio político europeo, aspirante a Primer Ministro, si le preguntarán la opinión acerca de Adolfo Hitler y que contestará igual que Duarte Jácquez por el solo hecho de no haber tenido oficina en el bunker del führer. Pero añádale un dato: como diputado local fue el disciplinado operador de la exoneración del juicio político que debió haberse consumado condenatoriamente por todos los desmanes cometidos de 1998 a 2004. Pero para el parralense o ballezano, no lo sé, es preferible negarlo tres veces como hizo Pedro con el nazareno, al fin y al cabo que el Diario de los Debates del Congreso local nadie lo lee, y —por supuesto— adular al gobernador del estado, al que es leal según su dicho para buscar en su favor el voto pesado. A Patricio Martínez se le exoneró con un pretexto procesal, pero tampoco nadie lo defendió, vieja táctica de la impunidad que se construye irresponsablemente levantando dedos. Hasta hay una anécdota que se adjudica al ex Diputado Navarro Gárate cuando fue requerido en los corrillos para que defendiera a su jefe el ex gobernador y dijo que solo hablaría en su defensa cuando escuchará la primera afirmación falsa que se le imputara, cayendo en atonía.

En el PAN no hay músculo, ni liderazgo. Tienen de tiempo atrás un claro divorcio con los ciudadanos a los que lograron sacar por miles a la calle. Como lo hizo la izquierda en 1972 por otras causas y contra los mismos autoritarios. Al PAN lo llevó al fracaso el ejercicio del poder de la pareja presidencial del sexenio pasado y el golpe de estado calderonista en 2006. ¿Quién iba a pensar en el viraje que hay en la frase “haiga como haiga sido”? pronunciada con etílica dicción a la que estamos expuestos.

Los últimos tiempos aportan una verdad: el fraude electoral, la impunidad y la corrupción también están en la casa fundada por Gómez Morín, con un agravante: sus demócratas no hayan que hacer con la derecha radical que los circunda y domina y muy parecida a la que destruyó la República de Weimar para abrirle el paso al autoritarismo de los nazis. En el PAN solo hay ojos para mirar a la bolsa, porque saben que pavimenta bien el camino a la corona. Reconozco que algunos quieren regresar a Batopilas, pero a la velocidad que van las cosas podrán hacerlo en calidad de arqueólogos.

Con este panorama ¿tiene sentido pugnar por una candidatura? No niego que es un gran vehículo para expresar infinidad de cosas que no deben estar ausentes del debate. Estoy por la participación electoral, pero sobre todo sostengo que a ella hay que llegar bien, para servir a los que padecen la miseria actual de la política, la economía excluyente, el malestar con la cultura y el estado fracasado que poblamos.

Como hasta ahora no hay arquitecto que haya logrado edificar nada sin poner previamente los cimientos, pregunto: ¿Si me mencionan para un cargo, díganme para qué, infórmenme por favor por piedad, de qué se trata?

Pienso que hombres y mujeres de Chihuahua —con y sin partido— y con diversas identidades políticas están hartos de lo que hay y desean elevar la mira para iniciar una gran ruptura para refundar la República, que es de todos, por más que unos cuantos se la hayan apropiado, la expriman y la disfruten en medio de millones de seres que no tienen para comer el día de hoy. Es necesaria una convención libre para marcar un nuevo destino, los chihuahuenses sabrán o no atender el planteamiento y para la izquierda genuina es responsabilidad primordial. Es hora de ponerse de pie con dignidad.

Lo fundamental de mi vida creo que ya la viví, lo que me resta quiero que sirva para algo más que una simulación y sigo aquí una recomendación, profundamente honesta y fraterna que me hizo el profesor Mario Tarango Ramírez: Jaime —me dijo— has sido guerrero toda tu vida, en el futuro escoge tus batallas.

Chihuahua, Chih., a 10 de diciembre de 2009

 

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