Perfil humano. Del dicho al hecho… PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Eduardo Fernández   
Domingo, 12 de Marzo de 2017 12:23

Eduardo Fernández.

La moda de la “posverdad” impera no solo en los ámbitos publicitarios sino principalmente en los políticos y es utilizada continuamente lo mismo por personajes como Donald Trump o Peña Nieto en sus discursos públicos.

Durante su primera comparecencia ante el congreso de su país el presidente estadounidense utilizó sus frecuentes medias verdades o mentiras completas ante los legisladores, recibiendo el aplauso nada menos que setenta veces por parte de los republicanos.

Una de las “posverdades” más recurrentes de Trump es afirmar que los inmigrantes le cuestan miles de millones a los contribuyentes, lo cual es desmentido por los economistas. Otra es que la mayoría de los inmigrantes son delincuentes mientras que el departamento de justicia informa que solo el 6 por ciento de los criminales detenidos son inmigrantes.

Trump desde su campaña se adjudicaba las inversiones billonarias de grandes compañías norteamericanas en su país, lo cual no es cierto pues la mayoría de estas ya habían sido decididas antes de que ganara las elecciones.

En cuanto a la construcción del muro además de insistir una y otra vez que México lo pagaría no cesa de prometerlo a pesar de las reiteradas negativas del gobierno mexicano. Incluso no cuenta con dinero ni siquiera para iniciarlo pues el departamento de seguridad interior informó que solo tenía presupuestados para ello unos 20 millones de dólares, cantidad irrisoria ante los más de 21 mil millones de dólares que costaría el repudiado muro.

No ha existido en las últimas décadas un mandatario norteamericano que en tan poco tiempo en el poder haya demostrado una y otra vez ser un mentiroso como Trump, el cual no ha reconocido hasta la fecha haberse equivocado o exagerado en sus temerarias y falaces afirmaciones.

En nuestro país no cantan mal las rancheras nuestro políticos como un Peña Nieto que olvida su mellada figura presidencial para afirmar temerariamente que su partido logrará “carro completo” en los comicios de este año y el siguiente. Las encuestas predicen todo lo contrario por lo que tenemos otra clásica “posverdad” mexicana.

Ante el riego de que cientos de miles de “dreamers” sean expulsados las autoridades educativas de inmediato declararon que los recibirían sin ningún problema. Esto fue desmentido de inmediato por el rector de la UNAM al declarar  que las instituciones de educación superior carecían de capacidad para atender presencialmente a los estudiantes deportados.

Otra obvia incongruencia es la afirmación del coordinador de los senadores perredistas de que apoyaría a López Obrador en las elecciones presidenciales a la vez que anunciaba que no renunciaría a su puesto pues tenía el apoyo de sus correligionarios.

Barbosa se considera aún perredista pero antepone sus filias personales a las de su partido, lo cual es un ejemplo palpable de la conducta ilógica que predomina entre los políticos mexicanos entre el decir y el hacer.

Las “posverdades” de Trump continuarán al igual que las de nuestros demagogos nacionales pues tal parece que en estos tiempos cualquier falacia se puede esgrimir sin pudor alguno y menos tener alguna consecuencia.

La ética brilla por su ausencia al igual que la más elemental lógica en los discursos políticos por lo sin lugar a dudas cada vez más se seguirá aplicando el viejo refrán: “del dicho al hecho hay un buen trecho”.

 

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