Jaime García Chávez: Entre fraudes y simulaciones anda la democracia PDF Imprimir E-mail
Opinión - Jaime García Chávez
Jueves, 28 de Enero de 2010 03:56

Suele repetirse una frase de Churchill con la cual el notable Primer Ministro inglés resaltaba el mejor carácter de la democracia como régimen político. No pocos la han interpretado como la resignación del pensamiento y la política ante lo menos malo que tenemos. Y puede ser cierto si se examina cuidadosamente la historia del gobierno del pueblo desde Pericles hasta nuestros días. El tema no es menor si nos hacemos cargo de que en boca de algunos militares de alto rango ya se piensa que es preferible para México una buena dictadura a una mala democracia y a este tema me avoco. Nuestra democracia es de mala calidad porque los políticos se empeñan, día a día y con obstinación, a deteriorarla, a desprestigiarla, a entregarla a las mafias oligárquicas, a hacerla el andamiaje del fraude a la ley, la simulación y por tanto el engaño. Vayan tres o cuatro ejemplos, que demuestran en la coyuntura la verdad de estas afirmaciones. 

 

La “precampaña” de Carlos Borruel para hacerse de la candidatura panista a la gobernatura de Chihuahua nos dice, sin duda alguna, que él hace una campaña real para gobernador, no un ejercicio con cierta interioridad partidaria para alcanzar tal meta. Como en los contratos de adhesión o de cualquier aseguradora experta en engañifas, coloca en diminutas letras la palabra “precandidato”, pero nadie la ve porque la intención es clara: ya inicio la búsqueda del cargo público y recurre al fraude a la ley para alcanzarlo y si quienes lo apoyan alcanzan su nominación ya se habrá adelantado en campaña real un tiempo vedado por la ley tanto a partidos como a candidatos.

Pero cualquiera que tenga dos dedos de frente sabe que Borruel se coloca en el supuesto o premisas de la ley pero para violar la esencia de la misma. Y no solo: no se necesita ser economista para saber que el primer día en que colgó su sonriente rostro —pero de qué se ríe en medio de tantos muertos, desempleo y deterioro urbano— gastó instantáneamente lo que la ley le permite invertir en esta etapa del proceso y eso se llama transgresión a la ley y tiene sanciones muy drásticas. Pero las cosas no terminan ahí, actúa con porfía para alcanzar propósitos, acogiéndose al aleccionador refrán que reza que palo dado ni dios lo quita y mientras son peras o son manzanas y el litigio se ventila, Borruel ya dio un golpe. No quiero examinar a mayor profundidad el tema y solo digo que quien se acostumbra a violar la ley y lo hace ahora, lo hará después y quienes queremos hacer de la democracia una alternativa real, vemos como se cae a pedazos, de la misma manera que el viento ya derriba caras sonrientes del que ahora, solo por un eufemismo, podemos otorgarle la categoría de “pre”, porque él se publicita como candidato.

Y en el PRI no suceden, precisamente, acciones mejores. César Duarte hace “precampaña”, cual un boxeador práctica en su gimnasio cualquier cantidad de rounds de sombra. El señor —hecho en México según vi alguna publicidad— anda de aquí para allá en calidad de “pre”, pero no tiene contrincante alguno y cuando se habla de campaña interna si recurrimos a la semántica del no siempre preciso Diccionario de la Real Academia Española, se entiende la búsqueda de un “fin determinado” que en la especie ya fue logrado, pues César Duarte ya es no el “pre” sino el candidato.

Con todo y todo es actor que deambula por la entidad buscando lo que ya tiene en las manos, ¡hágame el favor! En el fondo lo que hace, contraviniendo la ley, es campaña real porque al buen entendedor le queda suficientemente claro que las precampañas son contiendas internas previas que cesan cuando alguno de los aspirantes logren el objetivo y Duarte ya lo obtuvo en reuniones cupulares, pero no quiere estar ausente del proceso máxime si ve que los panistas de Borruel actúan como adelantados. Y no vaya usted a creer que ahí paran las cosas, sucede que Duarte se mueve bajo la vieja mecánica del peor priísmo: apoyo gubernamental forzado que convierte a empleados de gobierno en simples siervos y se soporta en el poder y aparato del Estado para lograr sus fines. En otras palabras el PRI en Chihuahua no es un partido político, es simplemente un brazo del gobierno mismo porque réstele usted a Duarte estos favores y pregúntese ¿quién es?

Quizá la diferencia entre Borruel y Duarte sea exclusivamente mediática, transgresores de la ley ambos, la diferencia deviene de un solo hecho: mientras que la prensa vendida o comprada, solo ve las vigas en las pestañas de Borruel, para Duarte no tiene ni ojos, ni cabeza ni nada porque si actuara como debe ser y con la obligación de informar pondrían al candidato priísta en su lugar, pues para él esta jornada terminó.

Y aquí una digresión: se dice que el Rector de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, Lic. Jorge Quintana Silveyra, se convertirá en coordinador de la campaña de Duarte, de la campaña real, de la que empieza más adelante según la ley, lo que me lleva a preguntarme o el señor Quintana Silveyra no sabe lo que es y quiere porque la misión de dirigir una Universidad en estas circunstancias nacionales (veamos a la UNAM) es una misión de vida o simplemente se comprueba lo que ya he dicho: todo el aparato del Estado y las Universidades dentro de él, están en línea para servir al candidato del PRI. Con acciones así, la democracia se cae a pedazos. ¿Veremos a todo este cúmulo de actores políticos colaborando en el futuro con la mejor dictadura que los milicos quieren para México?

Y finalmente mi partido, el PRD. Con candidatos de relleno, simuladores y con los ojos puestos en las migajas, el partido del sol azteca presenta el deplorable papel de poner en escena precandidatos nada más para cubrir un expediente: que no se diga que no hay gallos y, del necesario proyecto de izquierda y democracia progresiva para Chihuahua que se apiade Dios y lo haga llegar algún día. Sobre PT, PANAL, Convergencia y Verdes: no coments.

Cuando se aprieta un tornillo más allá de la resistencia de su material, tarde o temprano tronará. Revienta y hasta puede lesionar al que gira la tuerca. ¿No se dan cuenta estos políticos que ya le han apretado demasiado a la pobre democracia que tenemos?

Por lo pronto que no olviden que no hay democracia sin cultura de la juridicidad, de la que luego me ocuparé, no sin antes decir que si Churchill hubiera vivido en México su famosa frase sería otra.

 

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