Jaime García Chávez: Los de Chihuahua: gobernantes muy ocurrentes PDF Imprimir E-mail
Opinión - Jaime García Chávez
Lunes, 07 de Marzo de 2011 17:27

Ya no recuerdo bien el suceso, pero estoy seguro que aconteció. Allá por los años sesenta o setenta del siglo pasado —cuando China no era ni la sombra de lo que es hoy, con Mao Zedong viviente y Zhou Enlai sorprendía al mundo— una delegación belga de industriales y comerciantes convenció a los gobernantes de la República Popular de las bondades de las bicicletas que se producían en el país europeo y así se ganaron al gran comprador potencial. Pero hubo un detalle con el que el gozo se fue al pozo, como acostumbran decir los rancheros de Balleza. Y es que cuando los chinos pidieron algo así como veinte millones de bicicletas, los muy diligentes empresarios de Bruselas tuvieron que decir que no podían con esa producción, porque ni siquiera tenían una capacidad instalada que la hiciera factible. Como no falta un historiador acucioso que luego me corrija, me curo en salud: algún día leí esa información y luego se convirtió en recurrente anécdota en los círculos de la izquierda.

 

Todo esto viene a mí mente para comentar el reciente viaje de Duarte Jácquez al Japón. Es un viaje producto de la más clara ocurrencia. Lo mismo pudo haberlo hecho a la India, que Australia o Nueva Zelanda. Me explico: fue a vender carne de res y se enteró de que el antiguo Imperio   del Sol Naciente es alternativa para exportar carne de puerco, que no se produce por acá en la Nueva Vizcaya, por lo que esta tierra quedó ya instantáneamente con alta vocación (vaya terminajo) porcícola y no solo, también descubrieron que les gusta el pavo a los sobrevivientes de los kamikaces. Era cosa de que nuestros empresarios se dieran cuenta de que hoy en el mundo reina la llamada cocina de fusión que mezcla lo mismo el caviar beluga, que las anchoas en la pizza, el mole a las yerbas finas y tantas muestras gastronómicas de riqueza papilo proverbial. Conjeturo que probablemente también los nipones le dijeron a Duarte que gustan del faisán, la perdiz, víbora de cascabel para sushi  y la liebre a la vinagreta, por fortuna de estas dos últimas hay bastante en el campo chihuahuense. Lo malo hubiera sido que le pidieran piel de coyote porque es especie en extinción.   

Pero la ocurrencia se ha convertido en la tónica (terminajo muy priísta) de nuestros políticos en el poder. No hay día que los diputados no den la nota. Se aferran en defender la prisión vitalicia —en Atascaderos se le conoce como cadena perpetua—  más para auto enmendarse la plana por haber sido tan obsequiosos al decretarla, que por la comprensión de su comportamiento contrario a la Constitución. Cuando no bailan, se convierten en promotores de fármacos y vitaminas. Liz Aguilera patrocina una causa para que las mujeres embarazadas tengan buena ingesta de ácido fólico, cuando esa tarea bien la podría emprender el mal llamado sistema de salud del estado.

El municipio de Chihuahua y las diversas dependencias que administran el agua y el saneamiento, tiene en ruinas a  la ciudad y con un caos que no tiene parangón en el pasado. Los urbanistas serios brillan por su ausencia, no hay agentes de vialidad que organicen el tráfico y pongan buenas señales. Las calles de Chihuahua se parecen mucho a las de Bagdad, salvo que en aquella ciudad, con varias invasiones militares, no reporta tantos muertos. Del agua se quejan los que sufren resacas finisemanales: sabe tanto a cloro que; incita a continuar con la ingesta de alcohol de 96 grados y para no quedarse al margen de las políticas punitivas altamente autoritarias nos encontramos con las opiniones del alcalde Marco Adán Quezada.

Dice el munícipe que hay que endurecer las penas contra los menores de edad, pero no se da cuenta que el origen de la criminalidad juvenil está en otra parte. El censo nos dice que alrededor de un millón de los pobladores de estos solares son jóvenes, que ni siquiera han alcanzado la educación secundaria y que ayunos de cultura, tampoco tienen empleo. Habrá que esperar a que la alternativa porcícola llegue.

Si usted piensa  que este lunes amanecí más criticón que de costumbre, puede que esté en lo cierto. Pero no porque haya tenido mal fin de semana, que me fue excelente.

En mi próxima entrega hablaré de un reclamo que escuché en una colonia popular. Me dijo Don Chano que no tenía sentido vender el chamberete en Tokio, cuando aquí hay cientos de miles de chihuahuenses que no tienen en su dieta un pedazo de carne. Don Chano piensa que se debía regresar a los tiempos en los que fue gobernador el general Francisco Villa y decretó la instalación de carnicerías populares a bajo costo. Y es que una cosa es montar a caballo en 20 de noviembre del bicentenario que tomar Juárez en 1911, Zacatecas o Paredón después.     

Hasta la próxima con mi cárnica entrega.

 

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