Celebran cientos de capitalinos la pasión y muerte de Jesús de Nazaret PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Viernes, 14 de Abril de 2017 10:47

Acuden a los viacrucis vivientes celebrados en las parroquias de Cristo Rey, San Antonio de Padua, San José de Ávalos, entre otros para recordar la muerte de cristo.

Miles de chihuahuenses acudieron este viernes santo a celebrar la pasión y muerte de nuestro señor Jesús, a los diferentes templos de la ciudad, como San Rafael, San Antonio de Padua, San José de Ávalos y otros templos donde se llevaron a cabo viacrucis vivientes en conmemoración a este acto litúrgico muy importante.

Los viacrucis vivientes tienen como objetivo primordial el relatar lo que se vivió en Jerusalén en contra del hijo de dios por los hombres, en estos tiempos de violencia en la ciudad donde los crímenes siguen dándose inclusive en los días santos, el más famoso el celebrado en la parroquia de Cristo Rey, donde se tuvo la participación de por lo menos unas 300 personas en toda la procesión que culminó en el cerro de San Rafael.

Este día no se celebra la eucaristía, en su lugar, se celebra la Liturgia de la Pasión del Señor a media tarde del viernes, de ser posible cerca de las tres de la tarde, hora en la que se ha situado la muerte de Jesucristo en la cruz, por razones pastorales puede celebrarse más tarde, pero no después de las seis de la tarde.

El sacerdote y el diácono visten ornamentos rojos, en recuerdo de la sangre derramada por Jesucristo en la cruz. Los obispos participan en esta celebración sin báculo y despojados de su anillo pastoral. Antes de iniciar la celebración, el templo se presenta con las luces apagadas, y de no ser posible, a media luz, el altar y los laterales se encuentran sin manteles ni adornos, mientras que a un costado de éste ha de disponerse un pedestal para colocar en él la santa cruz que será ofrecida a veneración.

El comienzo de esta celebración es en silencio. El sacerdote se postra frente al altar, con el rostro en tierra, recordando la agonía de Jesús. El diácono, los ministros y los fieles se arrodillan en silencio unos instantes. El sacerdote, ya puesto de pie, se dirige a la sede donde reza una oración (a modo de oración colecta).

En seguida, estando los fieles sentados, se inicia la Liturgia de la Palabra: se proclaman dos lecturas, la primera del profeta Isaías (el siervo sufriente) y la segunda de la Carta a los Hebreos, intercaladas por un salmo ("Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu").

Después de la segunda lectura, sin aclamación, se proclama el relato completo de la "Pasión según San Juan", en cuya lectura participan varias personas, leyéndose los papeles de Jesús (por el diácono o el sacerdote), el cronista por una persona y el Sanedrín (las personas que aparecen en el relato) por otro, siendo un seglar el que informa de lo que se va a ir realizando a lo largo de ésta celebración, al igual que en el día anterior, la homilía es algo más breve de lo habitual debido a lo extenso del Evangelio.

 

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