Las redes de la corrupción y la delincuencia organizada PDF Imprimir E-mail
Opinión - Devenir
Escrito por Eduardo Fernández   
Lunes, 15 de Mayo de 2017 19:07

Eduardo Fernández.

Perfil humano. 

Un reportaje publicado por la revista Proceso describe con detalles la forma en que el ex gobernador César Duarte planeó anticipadamente el saqueo de las arcas estatales desde que era el candidato priista a la gubernatura.

De acuerdo con esta versión periodística Duarte colocó a personajes claves en su equipo que lo acompañarían para cometer el desfalco más grande en la historia de Chihuahua. La estrategia fue sencilla: nombrar a incondicionales en los tres niveles de gobierno a los cuales coordinaría directamente en las operaciones ilegales.

Una frase supuestamente utilizada por el ex mandatario estatal era que les recordaba a sus secuaces que “el dueño de la tiendita soy yo”, lo cual no les impidió a sus subalternos el realizar negocios turbios por su cuenta.

Además se debe tomar en cuenta la sospechosa adquisición de tres ranchos hecha por César Duarte cuando era candidato a la gubernatura y la compra de otros tres ya como candidato electo. La PGR debería investigar el origen legal de los recursos así como de los utilizados por el hermano para convertirse en propietarios de tres ranchos en el mismo año.

Las huellas dejadas por Duarte y pandilla aparecen por doquier en varias dependencias oficiales y son fáciles de ubicar, a pesar de que intentara en los últimos meses de su gobierno de no dejar evidencias en un desesperado intento por borrar a última hora toda prueba de sus ilícitos.

El actuar de Duarte no es único ni peculiar, es parecido al empleado por el veracruzano Javier Duarte y otros de la misma especie política. Con la codicia a flor de piel desde que asumieron las gubernaturas más de una docena de los “nuevos priistas” se dedicaron a la desviación y malversación de los fondos destinados para el gasto público de sus entidades.

Su actuar como verdadera delincuencia organizada los llevó a crear y consolidar redes de corrupción en las que involucraron a cientos de personajes lo mismo de la política que de la iniciativa privada, medios incluidos.

Estas redes aún no han sido destruidas por los gobernadores de alternancia y menos han sido eliminadas las que operan a nivel federal. Los miles de individuos que se benefician con el saqueo sexenal, sea estatal o nacional, continúan actuando impunemente por lo que urge la instalación y operación de un auténtico sistema nacional anticorrupción.

La nominación de un fiscal anticorrupción nacional y la de los estatales está congelada por los legisladores pues es obvio el temor que reina en la clase política corrupta porque se les apliquen las leyes, las que han evadido amparados en la complicidad que se da entre los criminales.

Los sospechosos nexos entre los cárteles de los gobernadores y los cárteles del narcotráfico no han sido aclarados y menos castigados por las autoridades federales. El escandaloso caso de Tomás Yarrington ha pasado a un segundo plano a pesar de que este ex gobernador tamaulipeco es un verdadero capo que desde su campaña fue patrocinado por traficantes de drogas.

Los escandalizados mexicanos ante tanta podredumbre exhibida deberán tranquilizarse pues aún falta demasiado por ver ya que hasta ahora solo se ha exhibido la punta del enorme iceberg que representa la corrupción en México.

Las redes de corrupción continuarán operando impunemente si no son destruidas desde su origen, la discrecionalidad y nula rendición de cuentas. En una administración eficiente y transparente respaldada por un auténtico estado de derecho es difícil que sobrevivan estas complicidades así como los corruptores y corruptos que por hoy mantiene en crisis a las instituciones mexicanas.   

 

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