Otra decisión que provoca pena ajena PDF Imprimir E-mail
Opinión - Devenir
Escrito por Benito Abraham Orozco Andrade   
Viernes, 08 de Septiembre de 2017 15:13

Benito Abraham Orozco Andrade.

 

“…la región sigue trabajando de sirvienta. Continúa existiendo al servicio de las necesidades ajenas…” Eduardo Galeano.

Después del desafortunado “comes y te vas” de Vicente Fox hacia Fidel Castro, y del constante repudio hacia el gobierno cubano por parte de aquel y de Jorge Castañeda Gutman, secretario de Relaciones Exteriores en los primeros años del sexenio foxista, el prestigio de México en su política exterior decayó vertiginosamente, pues se hacía evidente una actitud diplomática pendenciera y de sometimiento abierto a los intereses de EEUU.

El gobierno federal a cargo de Enrique Peña Nieto no ha sido ajeno a los desatinos diplomáticos, pues entre ellos se encuentra la invitación que hizo para visitar nuestro país al misógino y xenofóbico otrora candidato presidencial de EEUU Donald Trump, quien gran parte de su campaña la basó en el repudio hacia los mexicanos, quienes mostraron gran indignación por esa visita.

Aunado a lo anterior, ese mismo día, después de la reunión, Donald Trump insistió en Arizona que construiría un gran muro en la frontera sur, y que México  pagaría por el al 100%, haciendo además alarde de que “México trabajará con nosotros. Absolutamente creo eso, y especialmente después de reunirme con su maravilloso, maravilloso presidente hoy” (milenio.com, 01/IX/2016). Tales expresiones bondadosas hacia el presidente mexicano causaron sospechas en muchos, especulándose sobre acuerdos por debajo de la mesa.

Recientemente México, junto con los gobiernos de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay y Perú, condenó enérgicamente la “usurpación” de competencias y facultades legislativas de la Asamblea Nacional en Venezuela, por parte de la Asamblea Nacional Constituyente. UNA VERDADERA INTROMISIÓN EN LOS ASUNTOS DE OTROS PAÍSES, contrario a los principios de no intervención y de autodeterminación de los pueblos, plasmados en el artículo 89, fracción X, de la CPEUM.

Hace unos días, el gobierno de México declaró persona non grata al embajador de Corea del Norte en nuestro país, otorgándole un plazo de 72 horas para salir del territorio nacional, aduciendo que con dicha acción diplomática está expresando el rechazo absoluto a la reciente actividad nuclear por parte del país asiático, ya que representa un grave riesgo para la paz y la seguridad internacional. Definitivamente las referidas pruebas bélicas deben ser condenables, pero lo delicado es la exageración en la expulsión del diplomático norcoreano.

Efectivamente, si consideramos que Corea del Norte es uno de tantos países que poseen y hacen pruebas con armas de destrucción masiva, entre los cuales destaca EEUU, entonces se evidencia un trato diferenciado, pues en semanas, meses o años recientes, no se ha tenido conocimiento de alguna acción similar para con otras naciones.

Por otra parte, es de destacarse la explicación que hace Enrique Berruga Filloy en su artículo “Los motivos de Kim”, en el sentido de que Corea del Norte arrancó su programa nuclear el día en que George W. Bush los colocó al lado de Irán y de Irak dentro del llamado “Eje del mal”, y que desde ese momento el liderazgo norcoreano supo que estaba en la mira de Washington, agregando que cuando se produjo la invasión de Irak y vieron el destino que le deparó a Saddam Hussein, el proyecto nuclear se aceleró (El Universal, 07/IX/2017).

¿ENTONCES COREA DEL NORTE TENÍA QUE QUEDARSE CRUZADA DE BRAZOS ANTE LAS AMENAZAS DE EEUU?

Es claro que el uso de las armas y/o la búsqueda de la “paz armada” a nadie conviene, pero considerando los intereses (obligados en algunos casos) de aquellas naciones que así lo llevan a cabo, estaría justificada la pretendida protección de Norcorea.

Entonces, qué tiene que andar haciendo el gobierno mexicano en asuntos que no le corresponden, o visto de otra manera, sí debe involucrarse atendiendo a los principios normativos de la política exterior referente a “la solución pacífica de controversias” y “la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales”, plasmados en el artículo constitucional antes mencionado, pero condenando por igual a todos aquellos países que impliquen una amenaza para la paz mundial, principalmente a EEUU.

Lo anterior evidencia la sumisión del gobierno mexicano a los intereses norteamericanos, toda vez que a pesar de los motivos que pudieran tener Venezuela y Corea del Norte en las actuaciones referidas, no existe justificación alguna para que México se entrometa en asuntos que a todas luces perjudican exclusivamente las aspiraciones expansionistas del gobierno gringo.

En tal virtud, el imponer una política exterior contraria a los principios antes mencionados, representa un atentado contra las tradiciones y las conquistas del pueblo mexicano, desvirtuando aún más el prestigio y el respeto que había logrado México en el ámbito internacional.

Cuando estamos viendo y padeciendo el odio exacerbado de Trump hacia los mexicanos, resulta sumamente sospechoso el actuar del gobierno de México, pues esa sumisión no ha servido de nada para beneficiar a nuestra patria. Entonces, si no es a los mexicanos ¿A QUIÉN Y DE QUÉ FORMA BENEFICIA EL SER COMPARSA DEL IMPERIALISMO ESTADOUNIDENSE?

 

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