¿Quién torea al ”estratégico” señor Duarte? PDF Imprimir E-mail
Opinión - Jaime García Chávez
Jueves, 31 de Marzo de 2011 17:27

“Pero la furia en el hombre es un estado anormal que le deshumaniza y con frecuencia suspende su facultad de percatarse. Mas en el toro la furia no es un estado anormal, sino su condición más constitutiva en que llega al grado máximo de sus potencias vitales, entre ellas la visión. El toro es el profesional de la furia y su embestida, lejos de ser ciega, se dirige clarividente al objeto que la provoca, con una acuidad tal que reacciona a los menores movimientos y desplazamientos de éste” José Ortega y Gasset (Obras completas T. 9, pág. 460) 

 

Ayer el señor Duarte se puso taurino y, también, “estratégico.”

CUANDO TAURINO…

En una arenga propia de los concursos de oratoria de los años cincuenta del siglo XX, Cesar Duarte le dijo a los chihuahuenses que él se crece al castigo, empleando términos que la tauromaquia acuñó para la fiesta brava. De inicio se puso en el lugar del toro y no como correspondería en el del torero, él es en esa figura retórica el bicho, como dicen los españoles. Por tanto debo entender que hay alguien que lo está toreando y le busca ese lugarcito tan querido de los émulos de Belmonte y donde se ensarta el sable que produce la muerte del bovino.

Con figuras del lenguaje como esta, hay que entender que los últimos acontecimientos –amenazas cumplidas del crimen organizado- han sacado de quicio al ejecutivo, a grado tal que su talante creció en la furia de advertir a su audiencia que a él entre más le hagan más crecerá, lamentablemente si acudimos al filosofo español, experto en tauromaquia, ha tomado lamentablemente el lugar de la bestia, en lugar del hombre inteligente que sabe llevar el lienzo rojo y demás instrumentos para alcanzar su objetivo en espera de que el respetable le granjee  los honores muy conocidos.

No ignoro del todo algunos secretos del toreo  y sé de cierto que a falta de preparación los malos políticos mexicanos acuden a la terminología de la fiesta brava para darse a entender en una clara muestra de incultura. Pero una cosa es eso y otra bien distinta es ponerse en las patas del cuadrúpedo devastado, que si bien le va, a lo sumo, puede llevar a ser indultado, para usarse como semental de esos que importará Duarte para llevar carne a Tokio, o toros de lidia a los ruedos ibéricos. Aunque lo ordinario es que de manera mortal pongan su sangre en la arena.

¿Por qué no hablar claro? ¿Por qué no llamar a las cosas por su nombre?

Sabemos que las balandronadas no asustan a los grandes capos, a lo más se convierten en humoradas que les hace reír al final del día.

Otro hombre -ese sí un gigante- cuando se preparaba para combatir a la Alemania NAZI dijo que solo tenía para ofrecer sangre, sudor y lagrimas. O como Hidalgo, cuando le recomendó a sus seguidores que pusieran el miedo en la fatriquera.

Ahora que, bien miradas las cosa, se puede ser muy valeroso y temerario cuando los sacrificados en sus vidas son otros, entre ellos recientes visitantes del mundo que ya no están con nosotros.

Ojalá y el filósofo Ortega, que por cierto no es de mis preferidos, le ayude a comprender a Duarte de quien es propio embestir y de quién pensar. Algunos creen que es pedir peras al olmo, pero yo sostengo que hasta del hombre más opaco mana un rayo de luz.

CUANDO “ESTRATEGICO”…

Luego se dieron los cambios y también recibimos otros terminajos: qué si son estratégicos, qué si son enroques y otras lindezas.

La verdad es que lo proal, lo que va en la parte delantera de la nave, tajando las olas, se cambió y ahora el mascarón de proa es un camello. Anoche y ya para dormir, me puse etimológico y encontré que si Kamel Athié fue puesto en la proa como capitán es para darle un sitio desde el cual Duarte va a perjudicar, como perjudicó Proal en el asunto relativo a la obtención de la renuncia de los jueces orales. Porque el capitán de Proa, que es un cargo de castigo, es el encargado de la limpieza de la nave y creo que si, porque, el bactriano artiodáctilo, léase Kamel o camello, que sustituyó al hombre que sabe trabajar como burro (de especie solípedo), lleva en la raíz de su nombre un significado inequívoco: “camello significa el que hace siempre lo que su amo le solicita.” Por cierto el señor Athié, quizá para recordar sus orígenes dejó muchas calles desérticas cual Líbano en guerra y además con muchas jorobas. A todo esto, Duarte le llama estratégico. De Jabalera no hablo porque es una obviedad que llega al negocio del contratismo.

¡Apiádate de mí Marte, sagrado dios de la guerra!

 

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