La historia de la gallina de los huevos de oro PDF Imprimir E-mail
Opinión - Aída María Holguín Baeza
Escrito por Aída María Holguín Baeza   
Martes, 07 de Noviembre de 2017 05:10

Aída María Holguín Baeza.

Corría el año de 1961, cuando Rudesindo Cantarell, un pescador de Ciudad del Carmen, notó una mancha en el mar. Seguramente, Rudesindo nunca imaginó que su casual hallazgo se convertiría en “la gallina de los huevos de oro” de México.

Después de una década, y luego de que Pemex realizara varios estudios geológicos que confirmaron la presencia de petróleo en aquella zona, nació el ahora denominado “Complejo Cantarell”; es decir, la gallina de los huevos de oro.

Con pleno conocimiento de las cantidades de petróleo que se extraerían de Cantarell, y con el fin de “engrandecer la proyección de la expropiación petrolera”, José López Portillo colocó al petróleo como pilar del sistema económico. De ahí que, al inicio de su sexenio (1977), pronunciara un discurso en el que presumió la gallina de los huevos de oro que México poseía. “Los países pueden dividirse entre los que tienen y los que no tienen petróleo. Nosotros lo tenemos.” –alardeó– 

En ese tiempo, López Portillo aseguraba que la relación reserva-producción era de 27 años. Con eso, el Estado mexicano podía respaldar sólidamente sus compromisos y, además, sin depender de futuros descubrimientos de yacimientos. Con base en eso, López Portillo visualizó al petróleo como el más fuerte apoyo de la independencia económica del país y, de actuar con moderación y pericia, como un factor para corregir deficiencias.

Para 1979, emocionado con la primera producción comercial extraída de Cantarell, López Portillo estableció, como principal eje de su gobierno, “administrar la abundancia” que llegaría a través de Pemex- Cantarell.

Al paso de un año (poco antes de concluir el sexenio), quedó en evidencia que López Portillo no había actuado con moderación ni pericia. Y es que nunca consideró que poner el futuro de México en “patas” de la gallina, era un gran error. Error que se materializó cuando los precios del petróleo se desplomaron. Este error, aunado a la enorme deuda externa, el monumental déficit fiscal y comercial y la inflación sostenida (entre otras cosas), provocó la fuga de capitales y, por ende, una de las más graves y extensas crisis económicas y financieras en la historia del país.

Total que han pasado 40 años, y nadie fue capaz de administrar la abundancia que la gallina proporcionaba. Entonces, el 12 de enero de este año, el presidente Enrique Peña Nieto anunció el “fallecimiento” (más bien el asesinato) de la gallina. Con ese anuncio, Peña Nieto justificó la “dolorosa, pero responsable” medida que tomó para liberar los precios de los combustibles.

Ahora, casualmente en vísperas de las elecciones presidenciales del 2018, Peña Nieto ha anunciado el nacimiento de otra gallina ponedora de huevos de oro; o sea, el hallazgo de un nuevo yacimiento petrolero (el más importante de Pemex en 15 años). 

Sin duda alguna, el también llamado oro negro ha definido -históricamente- las relaciones de poder en el mundo. Sin embargo, tampoco hay duda de que resulta urgente y es necesario que el estado mexicano entienda, de una vez por todas, que independientemente de que pueda o sepa actuar con moderación y pericia para administrar la abundancia, tener una gallina que ponga huevos de oro no garantiza el crecimiento económico y, mucho menos, el desarrollo sostenible. 

Finalizo en esta ocasión con lo dicho alguna vez por la etóloga y antropóloga inglesa, Jane Goodall: “Si no dejamos de depender de la energía fósil, del petróleo, nuestra sociedad va a colapsar”.

Aída María Holguín Baeza Correo electrónico: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

 

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