Ninis: Carta Abierta de Jaime García Chávez al Rector José Narro Robles PDF Imprimir E-mail
Opinión - Jaime García Chávez
Martes, 12 de Abril de 2011 13:18

Hace unos cuantos días, como usted sabe, el señor César Duarte Jáquez, lanzó una singular propuesta: que los jóvenes que ni trabajan ni estudian (los ya clásicos “ninis”) sean enrolados en un servicio militar por tres años. Si de proponer se trata, bienvenida la ocurrencia, y solo por benevolencia no me atrevería a descalificarla, mucho menos desecharla —aunque sufrió la repulsa instantánea y generalizada— porque, como Séneca decía: “Es una temeridad condenar aquello que ignoras”. Sin maldad de por medio, me pregunto: ¿Para qué preparar militarmente durante tres años a miles de jóvenes? ¿Tenemos acaso los mexicanos ciertas cualidades bélicas cuya naturaleza, única y no descubierta hasta ahora, posee la capacidad de moldear ciudadanos ejemplares?  Si es así, entonces hemos revelado y aportado al mundo algo en verdad trascendental y debemos de regocijarnos por los incalculables alcances de este descubrimiento. El servicio militar en México tiene muchos años alicaído,  incluso ha habido sugerencias de eliminarlo, pero ahora el arrojado político trata de revivirlo, o digámoslo más claro: trata de rescatar sus insospechadas virtudes. ¿Para qué?  Todo indica que su idea tiene dos curiosos objetivos: el Estado mexicano se encargaría de atender a los “ninis” y de otorgarles algún ingreso, lo que en la práctica introduciría una medida keynesiana típica: la intervención estatal para combatir la desocupación y, además, por obra y gracia de nuestra moral pública, alejaría a la juventud de las tentaciones delictuosas. No obstante, una buena planeación (en la que también se pensó, no me cabe la menor duda) debería considerar tener presente esta pregunta: ¿cuántos de esos jóvenes ya preparados se alistarían después en las filas de la delincuencia organizada?  Estoy seguro de que el  señor Duarte y sus consejeros  tomaron en cuenta (por supuesto que lo hicieron)  aquel viejo consejo que para casos similares a los nuestros daba el cardenal Richelieu: “Por huir de algunos daños, caen los hombres en otros. No hay providencia humana que los cautele todos. Hasta la más perspicaz  ve muy poco.” (Testamento Político, p. 117).

 

Pero el regocijo no me ciega, Señor Rector y surgen cuestionamientos. ¿Por qué nuestros geniales políticos no parirán novedosas ideas, ideas que no tengan como eje central devorar el erario público? Podemos sospechar entonces que no es la búsqueda de verdaderas soluciones lo que inspira las propuestas de este tipo, sino que “… son los extravíos del espíritu los que involuntariamente revelan los vicios del corazón.”, en este caso (Tocqueville, Recuerdos de la Revolución de 1848, p. 98). Porque es un vicio asociado al poder el reclamo de originalidad y el afán de trascendencia,  y no hay  mejor sutileza  que  alimentar la fantasía con el consumo de soluciones fáciles y expeditas. Pero el poder marea, embriaga y en ocasiones excepcionales  lleva a descubrir en nosotros mismos virtudes que desconocíamos tener, esa es su secreta magia: todo queremos acometer y resolver. Y volvemos otra vez al cardenal Richelieu: “Con el poder se trastorna todo. Es parecido al fuego voraz: atrae, consume, vuelve en cenizas. Casi no hay cosa que le resista, si es grande. Todo lo quiere tener sujeto. Pone por ley inviolable, el gusto.” (Testamento, p. 81).

Cuánta razón tenía el poeta alemán Hölderlin al decir que los hombres hemos hecho del Estado un infierno en la tierra al intentar convertirlo en el paraíso. Que nuestro hombre que cabalga en el poder regional es infatigable ni duda cabe, pues su propuesta confirma aquella atinada observación de Richelieu: “No puede descansar quien gobierna.” (Testamento, p. 304).

Usted conoce bien la república, no estaría mal que con la inteligencia y  la frescura con que usted da orientaciones valiosísimas, le hiciera saber al señor Duarte Jácquez que las críticas a su propuesta no nada más son producto de la repulsa de un no inmediato expresado por el simple afán de negar alternativas, sino también con suficientes argumentos para evadir la frivolidad del gobernante.  Entre ellas las generadas en los altos niveles del PRI.

El ejecutivo local ha dicho que se trata de negativas porque supuestamente se carece de propuestas y a usted le consta que en el país las hay y no pocas provenientes de la propia universidad que usted dirige. Existen diagnósticos, prospectivas, propuestas de programa que no han prosperado soslayando su gran valor y cariño a México. Nuestra clase política y los partidos que la sustentan al parecer son tierras poco fértiles para construir.

A través de algún amigo común, pues no tengo el gusto de conocerlo personalmente, le haré llegar de mano esta sencilla carta, deseando que su estancia en Chihuahua estimule en usted la posibilidad para que la UNAM se extienda a estas tierras, porque de fondo nuestra ingrata situación tiene muchísimo que ver con el atraso en el que deliberadamente se mantiene la educación superior y a la par el desprecio a la cultura.

 Atentamente

JAIME GARCÍA CHÁVEZ

 

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