Duarte-Serrano: Matar víbora en semana mayor PDF Imprimir E-mail
Opinión - Jaime García Chávez
Martes, 19 de Abril de 2011 18:00

Esta es una saga del artículo dedicado al pensador Serrano. Doy noticia de que mi entrega sobre los llamados narcocorridos cayó como agua que devoran los desiertos, o sea que recibí infinidad de felicitaciones que me endulzaron el fin de semana. Párrocos y pastores, panistas y priistas, generales y soldados rasos, artistas y aficionados, mariachis y cantantes de ópera, funcionarios y hasta un secretario de estado local saludaron con aprecio lo dicho entorno a la propuesta de Enrique Serrano. Olvidaba que de varios puticlubes también se regodearon con mi texto y se habló a nombre de las pupilas y también de los parroquianos que visitan dichos gineceos. En fin, hubo consenso  y este artículo es en parte una saga y, en parte un nuevo aporte sobre materia distinta pero que también  tiene que ver con tonterías. 

 

Empiezo por esto último. El señor Duarte se quejó amargamente que le habían heredado a su administración treinta clínicas inauguradas e inútiles para el servicio de apoyo a la salud. Olvidó decir que también a él le heredaron la administración y no ha servido para poder, según la máxima dictada a la hora que el otoño de octubre se abatía sobre Chihuahua. No sabíamos y ahora lo confirmamos que se trata de un malagradecido y además olvidadizo, porque a prácticamente seis meses de administración nos estamos enterando del percance. Al igual que Patricio Martínez, malagradece y muerde la mano del gobernante que se fue. Recuerden cuando Martínez literalmente le mentó la madre a Ernesto Zedillo sin la intervención del cual seguramente Artemio Iglesias Miramontes habría ocupado la gubernatura. El señor Duarte gusta del chisme barato, tanto así que el asunto Jicamórachi lo redujo a un lío de faldas.  

Ahora sí me recordé que esto tiene que ver con la picaresca y con un estilo de gobernar sumamente arraigado entre nosotros, si leemos con atención la obra de Lesage, las famosas Aventuras de Gil Blas de Santillana. Júzguelo usted por esta transcripción larga pero aleccionadora:  

“Entré haciendo una patética, pero  muy ponderada descripción del lamentable estado en que se hallaba la monarquía: el erario exhausto, las rentas de la corona disminuidas y empeñadas en manos de asentistas... Puse presentes las faltas que se habían cometido en el último reinado, y las funestas consecuencias que podían traer consigo. En fin, pinté la Monarquía en el último peligro de la negligencia y por la poca previsión de los ministros anteriores, o de su jefe el duque de Melar (Reyes Baeza, por supuesto). A la verdad, ya no conservaba yo resentimiento alguno contra aquel señor,  y sin embargo, no me pesaba de que se hubiese ofrecido la ocasión de hacerle aquel mal oficio. Tal es el corazón del hombre”.  

“Finalmente, después de haber hecho la más espantosa pintura de los males que amenazaban a España, procuré alentar los ánimos haciendo concebir las más fundadas esperanzas de precaverlos y de alejarlos con usuras en el actual ministerio, y se concluía la obra hablando del conde Valdeories (o sea César) como  del redentor de la nación, prometiéndola torres y montones. En una palabra, entre felizmente en el espíritu y en el intento, del nuevo ministro, que quedó sorprendido  luego que leyó mi trabajo”.   

La idea completa de esto se tiene leyendo el siguiente texto que es al que se da respuesta con lo anterior: 

“Quiero publicar una obra o especie de manifiesto (habría dicho César) para disponer al público a favor de mi ministerio. Ya he hecho correr secretamente la voz de que encontré las cosas en grande confusión y en muy mal estado, y ahora es menester hacer ver, así a la corte como a toda la nación, el triste atraso en que estaba la pobre Monarquía cuando tomé la rienda del gobierno. Aquí se hace indispensable una pintura muy viva de la tal lastimosa situación, de manera que dé golpe al pueblo y le haga no echar menos del ministerio pasado. Después ponderarás con gran énfasis las acertadas medidas que ha tomado el ministerio presente para ser glorioso el actual reinado, floreciente el Estado, y los vasallos felices”.  (páginas. 851-852). 

¡No hay duda: tenemos un gobierno de pícaros! 

…“como trueno la voz del Serrano”, dice el corrido de Chihuahua, y al parecer se lo tomó muy en serio el diputado morueco  de los priistas en el Congreso Local. Mi paisano Juan Arturo Ortega Chávez, autor de letra y música del himno, además nos habla de que heredamos “sangre guerrera”. Ronda por el estado la pregunta si también serán castigados quienes entonen esta estrofa, o la todavía más apologética de la violencia con que empieza nuestro muy iturbidista y santanista Himno Nacional, en palabras de un coro que no deja lugar a dudas:   

Mexicanos, al grito de guerra
el acero aprestad y el bridón,
y retiemble en sus centros la tierra
al sonoro rugir del cañón,
y retiemble en sus centros la tierra
al sonoro rugir del cañón. 

¿También se enviarán a limpiar carreteras a los que con voz de tenor que alcanza el do de pecho entonen esta insinuación a la violencia? “O también el señor Duarte enviara una iniciativa de ley al Congreso de la Unión para adecentar la obra de Francisco González Bocanegra a la que le puso música mi tocayo el español Jaime Nunó, que aunque suena a nini tenía el oficio de heredero del legendario dios Orfeo”.

Y para terminar la ceremonia de matar víbora en semana mayor, dos notas altamente populares. 

Uno. El periodista Pedro El Malo me contestó el artículo sobre el pensador Serrano y le agradezco, a la vez que recuerdo una lejana anécdota de la que es protagonista. Pedro se acercó en una ocasión al gobernador Manuel Bernardo Aguirre reconveniéndolo por no sé qué cosa, bajo el amago de tener que publicarlo en su medio. Con instinto bestial  —carecía  de toda cultura— socarronamente le dijo a El Malo: “Mi querido Pedro publícalo… ¡Pero no se lo digas a nadie!” 

Dos. Ahora que he comentado las hazañas del pensador Serrano, recordé unos ripios de Marco Toño —el legendario dueño de la librería de viejo “La Sorbona”— dirigidos a un priista muy tonto de hace treinta y tantos años. Reza así:       

De la rama pende flor,

De la flor pende la vaina,

Y de la vaina…pende ejote.

Adiós. Que estos días de guardar los pase en santo recogimiento.

 

El Clima