El Peje en lo justo, al proponer cambios a la fracasada reforma educativa PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Mario Alfredo González Rojas   
Miércoles, 10 de Enero de 2018 14:50

Mario Alfredo González Rojas.

Uno de los objetivos de López Obrador, de llegar a la presidencia, es depurar la reforma educativa, según lo ha manifestado, ofrecimiento que le trajo de inmediato la aprobación de las mentes progresistas de la población. En esa intención tendrá que escoger muy bien a su secretario de educación, alguien que realmente tenga una noción histórica de lo que pretenda hacer, tomando en cuenta que en la actualidad caminamos por un sendero muy difícil los mexicanos. Hace más de dos mil 400 años, decía Sócrates, que la educación andaba por los suelos allá en la luminosa Atenas y sus alrededores, y expresaba cosas como que había una falta de respeto a los mayores, hacia los padres de familia, hacia las leyes, en suma, que había valores perdidos.

Cuando yo leí estas consideraciones del padre de la ética, pensé de pronto que lo dicho se refería a nuestra punzante actualidad. Es decir, siempre ha habido tropiezos en la educación y en la forma de vida de la sociedad, con sus particularidades desde luego, pero vayamos a nuestro presente para tratar de solventar lo que se pueda, de buscarle por todos lados, y para ese esfuerzo hace falta que quien maneja los recursos económicos del país, tenga también los mejores recursos humanos en su gestión. El Peje se ha referido a la reforma de Peña Nieto, como un movimiento administrativo, y eso ha sido en esencia. Sólo ante la exigencia y el reproche de muchos maestros, de miles de docentes y de otros preocupados por el rumbo de la nación, Nuño se animó a tontas y a locas a ponerle algunos parches a la mal llamada reforma, o sea a esa reformita.

Pero en esencia, es una reforma administrativa, la que no ve más allá de sus narices y que no va a hacer cambiar positivamente la imagen del mexicano. Carlos Ornelas, el estudioso de la educación en México, nos presenta muy agudas observaciones sobre el acontecer histórico en este sentido.  Habla de la primera gran reforma educativa del país, la que llevó a cabo el Maestro de América, José Vasconcelos, en su carácter de secretario de Educación Pública, durante el gobierno de Álvaro Obregón, la que fue un notable esfuerzo por cambiar el modelo, el tipo del mexicano de entonces. Se quería trazar otro diseño de ser humano, venía México de un movimiento armado que costó más de un millón de víctimas, que dejó hondas cicatrices en el alma de los mexicanos, y había que realizar un sustancial dibujo del nuevo mexicano.  El hombre belicoso, rencoroso, ignorante, sin respeto a la vida propia y de los demás, tenía que ser todo lo contrario. En esos años, más del 80 % de los mexicanos era analfabeta, y en esa alforja cargaba mil defectos.

Esa sí pretendió ser una verdadera reforma, misma que, si no alcanzó todos los efectos deseados, logró asomarse de cierta forma en el alma de muchos. Ahí hay mucho que aprender, de abrevar en los ideales estructurados con conocimiento de la historia, para no ahondar en el vacío. En 1973, en el gobierno de Luis Echeverría, se lanzó una reforma en educación, que únicamente fue un bosquejo a fin de cuentas. Se quería, entre otros objetivos, hacer que el alumno de primaria se enseñara a pensar con sentido lógico, algo así, como que despertara del letargo de la obsesiva inclinación a querer memorizar mucho del contenido de los programas. Pero los maestros fueron agarrados desprevenidos, ya que se les citaba a academias muy informales en las que se perdía el tiempo más que todo. No había en lo general, una idea sistemática para impregnar al docente, de las habilidades en la conducción de esos contenidos.

Ahora Nuño, antes de ser nombrado coordinador de la campaña de su partido, se esponjaba al decir, que la reforma educativa iba a enseñar a aprender a los alumnos, y que esto era un gran avance educativo. Como decía líneas atrás, en el 73 se incluyó ese propósito, aunque con resultados muy mediocres. Muchos no saben pensar, no tienen bases de raciocinio. Desconocen que las premisas son la base de la conclusión, es decir, que el resultado de un punto de vista, opinión, como se le quiera decir, es producto de ideas previas.  Algo tan sencillo, como argumentar que sí está nublado yo no veo el sol, y que si me estoy riendo, es que algo me hace reír. Etc.

Hay mucho que incluir en una reforma educativa, lo ejemplificado es una muestra de lo que hay que introducir en el aprendizaje, junto a tantas ideas, como las que hemos citado usted y yo, muchas veces, al referirnos a la crisis que padecemos en el presente, como la falta de valores, la falta de respeto a las leyes, etc.  La mal llamada reforma de Peña Nieto, fue una inversión sin sentido, se redujo a aclarar el desvío de recursos, lo que fue saludable.

La crítica de López Obrador a la reforma es justa. Esperemos la observación que en este tema vital, hagan los otros candidatos (los que de hecho ya son candidatos). No hay manera racional de defenderla. No se puede defender lo indefendible, lo sabemos muy bien usted y yo.

 

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