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Opinión - Aída María Holguín Baeza
Escrito por Aída María Holguín Baeza   
Martes, 30 de Enero de 2018 05:00

Aída María Holguín Baeza.

Sin duda alguna, hablar es una de las actividades cotidianas de los políticos; sin embargo, no todos ellos cuentan con las capacidades y habilidades necesarias para hacerlo de manera correcta.

Por obvias razones, en la medida en que los políticos atraen los reflectores de los medios de comunicación masivos, los errores que cometen al emitir sus discursos son más conocidos, comentados y criticados por la muchedumbre.

Ahí está el caso de Vicente Fox y su legendario cambio de nombre al escritor Jorge Luis Borges, llamándolo «José Luis Borgues»; o el de Aurelio Nuño, animando (en su “calidad” de Secretario de Educación Pública) a los niños a «ler». Y qué decir de Enrique Peña Nieto, cuyos errores al hablar (y al gobernar, pero esa es otra historia) ya son incontables y se han «volvido» tendencia noticiosa a nivel internacional (por eso no le aplaudimos).

Así como esos casos, hay muchos más, pero el más reciente es el llama particularmente la atención. Se trata del garrafal error cometido por el precandidato del PRI a la Presidencia de la República, José Antonio Meade (Pepe Mid), quien durante una reunión en el estado de Hidalgo habló sobre seis retos que, de ser «resolvidos» de manera adecuada, aseguran el éxito en materia de pobreza.

Luego de hacer el oso, Pepe Mid posó para una foto (que publicó en twitter) «haciendo planas» (en realidad solo son 5 renglones) conjugando correctamente el “problemático” verbo resolver. Con eso, quedó más que claro que en materia de pobreza gramatical también tiene retos apremiantes que resolver (pero con planas no lo va a lograr).

Lo grave de este tipo de casos, es que más allá de que hay muchos políticos que no saben hablar, tampoco saben de lo que están hablando. De saberlo, esos errores no serían tan frecuentes.

Llámese ignorancia o trastornos del habla y del lenguaje, existen métodos eficaces para combatirlos y erradicarlos. Solo es cuestión de querer salir de esa pobreza léxica, gramatical y cultural en la que viven.

Finalizo en esta ocasión citando lo dicho alguna vez por el político, escritor y periodista español, Manuel Azaña: «No me importa que un político no sepa hablar, lo que me preocupa es que no sepa de lo que habla».

Aída María Holguín Baeza laecita.wordpress.com

 

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