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Opinión - Luis Javier Valero
Escrito por Luis Javier Valero Flores   
Domingo, 22 de Julio de 2018 06:23

 

Luis Javier Valero Flores.

 

La noche del 1o. de julio pasará a la historia como la del festejo apoteósico del triunfo de la izquierda mexicana, en su larga lucha por acceder a la presidencia de la república.

 

Permítaseme una disquisición personal.

 

A lo largo de toda una vida de expresar opiniones en la prensa sobre el acontecer del país, hasta el grado de abrazar el oficio del periodismo en los últimos 16 años, pocas veces se ha utilizado este prestigiado espacio para abordar asuntos personales, o para expresar las más íntimas fobias o filias de ese carácter.

 

Por supuesto que los análisis aquí publicados desde el 15 de agosto del 2001, -a partir de la invitación del Director General y fundador de El Diario (de la cadena estatal), Don Osvaldo Rodríguez Borunda, cosa que estaré permanentemente agradecido- van impregnados del bagaje ideológico y político de quien los escribe.

Así sucede con la totalidad de quienes efectúan análisis sobre la sociedad; no nos podremos desprender de ello, pero se intenta, en todos los casos, aportar la mayor frialdad y neutralidad posible al momento de emitir juicios y, obviamente, manteniendo como eje fundamental el fortalecimiento de la vida democrática de Chihuahua y del país.

 

Pero lo sucedido a lo largo de los últimos meses, y sobre todo en la parte final de las campañas electorales, es de un elevado impacto emocional; ver a las muchedumbres entregadas a un hombre canoso, cuyo discurso es lo más alejado al del político tradicional, que repetía hasta el cansancio las frases lanzadas desde varios años atrás, pero que tenía en el centro de sus alocuciones el desprecio y rechazo contundente a la clase política (el PRI-AN) y a los más poderosos hombres del país (la mafia del poder), cuyos privilegios son un insulto permanente a un pueblo cuya enorme mayoría sufre para obtener su comida, o lo necesario para vivir.

 

Andrés Manuel López Obrador entendió como nadie los alcances de la reforma política del 2007-2008, que prohibió la contratación de propaganda política en los medios electrónicos de comunicación (radio y televisión). Tal reforma obligaba a los partidos políticos a construir o a reforzar su estructura territorial, que esa sería la base de su influencia en la sociedad.

 

El otro factor determinante en los siguientes procesos electorales sería el de que la inserción y simpatía de los partidos en la sociedad radicaría mayormente en los resultados que los gobernantes emanados de sus filas entregaran a los gobernados.

 

Pero en el centro de todo ello estaba un hecho cardinal, el de la política neoliberal aplicada salvajemente en el país. El resultado de la elección no solo obedece a lo anteriormente señalado y a las gigantescas corruptelas descubiertas cometidas por un buen número de gobernadores emanados del PRI y del exgobernador Padrés de Sonora, amén de los escándalos de los “moches” de los diputados federales del PAN, o del no menos escandaloso episodio de los dueños de los casinos, en el que aparecieron involucrados no pocos personajes de los primeros niveles de Acción Nacional.

 

Y, obviamente, los generados por el presidente Peña Nieto y sus funcionarios, hasta lo más reciente, el de la pensión que desde principios de la década de los 90’s recibe el ex presidente Ernesto Zedillo ¡Por haber trabajado 5 años en Ficorca, una dependencia del Banco de México!

 

Sí, la gente está harta de la clase política, de sus salarios y privilegios, de las corruptelas, pero también de su elevada ineficiencia y de su extrema voracidad.

El agravante es que todo eso lo hacían aplicando una política económica contraria al desarrollo nacional y que tenía como premisa fundamental la entrega de los recursos, de todo tipo, al gran capital, fuera nacional o extranjero, si tal diferencia se pudiera asentar válidamente en la actualidad.

 

Si esa política tiene como principal objetivo extraer toda la riqueza del país, a costa del empobrecimiento de amplias capas de la población, y/o la disminución de los niveles de vida de las capas medias de la población, y encima de ello los gobernantes se convierten en rapaces atesoradores de las riquezas públicas, o eficaces empresarios a partir de sus privilegiadas posiciones, entonces el resultado del 1o. de julio se daría, tarde o temprano, pero se necesitaba del catalizador que pudiera acelerar el proceso social.

 

Pocas tardes-noches tan emotivas como la del 1o. de julio. A medida que llegaban los reportes de los medios, de los amigos, de los compañeros de toda una vida, procedentes de una gran cantidad de lugares de todo México, se iba configurando la certeza, ¡Morena va ganando en todo el país!

 

A los ojos del escribiente pocas cosas representaron tan bien el inmenso dolor producido por los gobernantes mexicanos que el llanto de alegría del hermano emigrado a Estados Unidos y que era, al mismo tiempo, de una enorme melancolía, tristeza y rabia por haber tenido que salir de su país porque aquí no encontró forma de sobrevivir.

 

Y es una tragedia compartida por decenas de millones de mexicanos. Si algo representara la incapacidad y el fracaso de la clase política al mando del país, sería la inaceptable cantidad de compatriotas emigrados a los Estados Unidos.

De la calidad de los migrados habla el hecho de que son quienes más dinero envían a su país de origen, de entre todos los grupos de migrantes del mundo entero.

 

Basta ver las filas de sus camionetas al fin del año, cargadas de cuanta cosa le llevan a regalar a sus parientes. Parecen santacloses; lo son, bolsas y espacio les falta para los regalos.

 

Y forman parte de este pueblo que ha luchado décadas enteras, en todas las formas posibles, usando todas las herramientas y recursos a su alcance para destruir un régimen, -a cual más de corrupto y atrabiliario- y que a fuerza de movilizaciones, de caravanas, manifestaciones, huelgas, paros laborales, de enfrentamientos con las fuerzas policiacas, para policiacas y hasta militares fue construyendo la fuerza necesaria para oponérsele y ganarle al régimen en el frente de batalla que éste había reservado para sí, a fin de no cederlo a las fuerzas de la izquierda, y sí prestárselo un ratito al partido de la derecha, el que mostró, en tan sólo dos sexenios, cuán lejos se encuentra de la eficacia gubernamental y del compromiso real con los requerimientos democráticos de los mexicanos.

 

¿Cuándo se imaginarían los maestros y los ferrocarrileros de las heroicas luchas de fines de los 50’s que un candidato de las izquierdas cerrara su campaña en el estadio emblemático del país, el Azteca? ¿O que los integrantes de la caravana de Nueva Rosita, Coah. en 1950, los copreros de Acapulco, los mineros de Cananea de todas las épocas, los médicos del ’65, los campesinos de todas las épocas, especialmente los invasores del latifundio Green en Sonora, soñaran que un luchador al lado de los chontales de Tabasco se convirtiera en presidente?

 

¿O los campesinos de la vieja UGOCM, protagonistas de tantas heroicas y dolorosas batallas, sobre todo en el norte y noroeste de México?

 

¿O los jóvenes del ’68 y del ’71? ¿Y los cientos de integrantes de todos los grupos guerrilleros que le apostaron a otra forma de lucha, pero bajo la misma idea central, la de transformar democráticamente a México?

 

¿Y los participantes de las mil y una luchas sociales y políticas, a lo largo y ancho del país, y también de las, en muchas ocasiones, cruentas batallas electorales?

Hasta las más recientes, las de los integrantes de los partidos de la izquierda socialista, partiendo del hecho, histórico, de que, en buena medida, Morena es la secuela del Partido Socialista Unificado de México (que naciera por la iniciativa de tres dirigentes históricos de esa izquierda, Heberto Castillo (PMT), Alejandro Gascón Mercado (Partido del Pueblo Mexicano, ex miembro del PPS) y Arnoldo Martínez Verdugo, último dirigente del Partido Comunista Mexicano.

 

En esta faceta, la de cuando la izquierda socialista y comunista decide incorporarse de lleno a la lucha electoral, el PSUM se transformaría en Partido Mexicano Socialista y luego, con la incorporación de la Corriente Democrática (el agrupamiento que procedía del PRI, con Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo a la cabeza) dar origen al PRD, partido del cual proceden una buena parte de las dirigencias morenistas y que hoy está a punto de la desaparición, merced a su política de abandono de las causas de la izquierda.

 

Semejante patrimonio político estaba presente en las multitudinarias concentraciones que rodearon a López Obrador en la parte final de la campaña, rásquele un poco y se encontraran los antecedentes en cada uno de los actos, en muchos de los activistas y de no pocos dirigentes del movimiento que está a punto de convertirse en gobierno.

 

No son menores los retos a los que se enfrentarán los nuevos gobernantes. están obligados a ser congruentes con lo dicho a lo largo de muchos años; medio país estará atento a la comisión del menor de los errores, pero, sobre todo, tienen ante sí a un pueblo esperanzado, y se trata de uno lastimado profundamente, en todos los aspectos.

 

Además, construir una opción hegemónica en la sociedad es su principal tarea, y no se habla de una hegemonía política, para, solamente, mantenerse en el poder, no, se trata de construir una sociedad democrática y esa sí que es una tarea transformadora, que honraría a todos los mexicanos que lucharon incansablemente por transformar a la sociedad mexicana. Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

 

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