¿Por dónde empezar? PDF Imprimir E-mail
Opinión - Luis Javier Valero
Escrito por Luis Javier Valero Flores   
Domingo, 12 de Agosto de 2018 06:49

 

Luis Javier Valero Flores.

 

Frase tan ilustrativa pudiera emplear, con facilidad, el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador (A propósito ¡Cómo da gusto, del bueno, poder escribir este título), ante la profundidad de las crisis, de todo tipo, que afronta el país.

 

Pero también aplica para los comentarios que ahora publicamos.

 

¿Por dónde empezar?

 

¿Por el grito lanzado al gobernador Corral por un asistente -“¡Se te acabó el golf Corral!”, cuando AMLO habló de que debería sostener una reunión diaria, a las 6 de la mañana, con los titulares de las dependencias encargadas de la seguridad pública?;

 

¿Por la oposición de los familiares de las víctimas al “Perdón, sí, olvido, no” de López Obrador, cuando al reclamar la aplicación de justicia (y la presentación con vida de sus familiares, en los casos que aún tienen esperanza de ello) han gritado a cuanta autoridad han tenido enfrente -Ni perdón ni olvido?

 

¿O por las estridentes frases lanzadas por el gobernador Corral en contra de José Agustín Ortiz Pinchetti y de Yeidkol Polevnsky (el primero, representante de Morena en los órganos electorales y la segunda, presidenta del partido) a los que acusó en entrevista radiofónica de impulsar la impunidad en contra de Juan Carlos Gutiérrez y del ex gobernador Duarte?

 

¿O por las confusas frases, por decir lo menos, de José Agustín Ortiz Pinchetti, de la parte inicial de la entrevista con Carmen Aristegui, en las que aseveró que AMLO insistiría que en asuntos de corrupción habría “borrón y cuenta nueva”, además de criticar a Corral por perder el tiempo en la persecución en contra de César Duarte, y de sostener que López Obrador no lanzará persecución alguna?

 

¿O por la evidente, además de sospechosa, prisa del grupo gobernante en Chihuahua por aprobar, además de los magistrados y jueces del Tribunal Superior de Justicia -cosa que ya hicieron- al Fiscal Anticorrupción y al Auditor Superior del Estado, antes de que finalice la actual legislatura, que ya no representa a la mayoría de los chihuahuenses, pero en la que sí puede -aún- maniobrar prácticamente a su antojo el gobernador Corral, en una vil copia de lo que otros gobernadores salientes han hecho para protegerse ante la llegada de legislaturas en las que no tienen mayoría?

 

¿Qué acaso no le correspondería a la nueva legislatura efectuar tales designaciones?

 

¿Por dónde empezar? ¿Por dónde? ¿Sobre cuál tema reflexionar más largamente el día de hoy?

 

Porque implica a los dos actores más importantes en Chihuahua, y porque se abordan asuntos de los chihuahuenses, sin duda que el importante es la polémica desatada por las publicaciones de Javier Corral, a propósito de las declaraciones de Ortiz Pinchetti a Carmen Aristegui, en la que aseguró que AMLO aplicará el “borrón y cuenta nueva”, además de enfatizar en que Corral cometió el error de perseguir a Duarte, “con lo que perdió el tiempo y recursos que debió emplear en el gobierno de Chihuahua”.

 

Ante estas frases, evidentemente sacadas del contexto de la entrevista, el gobernante chihuahuense se lanzó beligerante al cuello de los futuros gobernantes: “Absurda y grotesca esta concepción de reconciliación, bajo la premisa del perdón a la corrupción… La impunidad perpetúa la corrupción y la injusticia. Es complicidad”.

 

Portador de una incontinencia verborreica incontenible, el gobernante chihuahuense, en el curso de unas cuantas líneas, calificó a los nuevos gobernantes federales de cómplices de los corruptos y de perdonadores de quienes cometieron corruptelas. ¡Híjole!

 

¿Por qué no se dio el tiempo de ver -o escuchar- no toda la entrevista, sino las partes en las que Ortiz Pinchetti precisó, ante preguntas de Aristegui, la concepción total del grupo de colaboradores del tabasqueño? ¿No tuvo tiempo o lo que pretendió, malévolamente, es usar esas frases de Ortiz como pretexto para atacar a AMLO?

 

Sí, porque bastaba esperarse unos cuantos minutos y entonces podría acceder al total de las intenciones del nuevo grupo gobernante en esta materia. (Liga: https://youtu.be/agwlBQUD11w).

 

Ortiz Pinchetti lo dijo claramente, “no habrá persecución de casos emblemáticos” como en los sexenios anteriores, como Salinas en contra de Joaquín Hernández, como Peña Nieto en contra de Elba Esther Gordillo, pero “las carpetas y las investigaciones actuales tienen que seguir. Esas deberán continuarse, así como las que se presenten”, por el fiscal o por quienes las deseen presentar, porque el fiscal, insistió, será autónomo.

 

“A lo que se compromete Andrés Manuel es a no iniciar, él, las indagatorias, porque el fiscal (los tres fiscales, el General, el anticorrupción y el electoral) serán autónomos”, y estos podrán iniciar todas las indagatorias e investigaciones contra los actos de corrupción.

 

“Andrés Manuel no interrumpirá los procesos, ni los actuales, ni los que iniciará el nuevo fiscal de la república”.

 

Alguna utilidad arrojó tan candente intercambio. El equipo de AMLO insistirá en que la autonomía del fiscal sea real y ajustada a derecho, que se dejará de lado el protagonismo persecutor del ejecutivo federal -de ahí la frase del “borrón y cuenta nueva”- y que el combate a la corrupción implica, no solamente el castigo a quienes la cometieron, sino, esencialmente, el combate a las nuevas corruptelas. No se permitirán.

 

Otra cosa es la polémica abierta entre el tabasqueño y los familiares de las víctimas. Andrés Manuel deberá, no solo oír a estos dolientes (que son decenas de miles en el país), sino escucharlos (“Prestar atención a lo que se oye. Dar oídos, atender un aviso, consejo o sugerencia”. Diccionario de la Real Academia Española) cuando le rebaten que no debe haber perdón, ni olvido, contrariamente a lo que él les ha pedido, que perdonen, pero que no olviden.

 

El reclamo de justicia es la viva expresión de un pueblo dolido, masacrado, humillado, vejado, perseguido, marginado y alejado de la procuración y aplicación de la justicia.

 

Ejemplo viviente de lo anterior, fue el episodio en el que José Luis Castillo,  padre de Esmeralda Castillo Rincón, desaparecida en octubre de 2010, denunció a Corral, ante López Obrador, por no haberles concedido una entrevista en los dos años de su gobierno. Corral accedió a recibirlos y los padres le exigieron que les firmara el compromiso. Así lo hizo, les asentó que los recibiría “hoy”.

 

No cumplió: “… ahora, a más de 24 horas de que nos firmó su compromiso en el foro por la paz, no nos quiere recibir', aseguró el activista José Luis Castillo”. (Nota de Rubén Villalpando, La Jornada, 9/VIII/18).

 

No fue lo único destacable, y lamentable. El gobernador Corral se quejó de que “podrían existir intereses oscuros detrás de la protesta encabezada por algunas víctimas de la violencia durante el foro de pacificación”.

 

Sin embargo, acusación tan temeraria no tiene sustento, a menos que entre los acusados ubique a quien fuera el Coordinador de la “Caravana por la Dignidad”, Gabino Gómez, -que encabezó el mandatario- uno de los más activos en las protestas contra López Obrador.

 

Sin embargo, a la mañana siguiente de la celebración del Foro por la Pacificación, el mandatario chihuahuense festejaba, también estridentemente, sus jugadas de tenis, realizadas a lo largo de más de dos horas en la Ciudad Deportiva de Chihuahua.

 

¿No podría destinar una parte de ese tiempo a escuchar a tan dolidos chihuahuenses, sus gobernados, algunos de los cuales, incluso ya airadamente, le reclaman, en todos los tonos, como en el susodicho foro, su frivolidad tan evidente y el desapego al cumplimiento a las más elementales tareas de gobierno, como lo es el de recibir a quienes le exigen, aunque eso sea nada más, escucharlos?

 

¡Ah, y el de dejar la beligerancia!

 

Javier Corral ya no es un parlamentario, ya no es diputado, no es senador, es el mandatario de Chihuahua; quizá eso debemos recordarle a mañana, tarde y noche; su vida debió sufrir un vuelco, más allá de las alabanzas y zalamerías que reciba, propias de la cortesanía que no nos deja, y deberá asumir que gobernar a una entidad, como la nuestra, implica escuchar a sus gobernados, asumir compromisos reales con ellos y en la medida de lo posible, solucionar sus problemas.

 

¿Habrá escuchado a un paciente cualquiera, a un derechohabiente de Pensiones o del Seguro Popular, cuando estos se quejan de las deficiencias en la prestación de los servicios de salud de las dependencias estatales?

 

¿Ha escuchado las quejas y reclamos de los abogados, por tantos jurisconsultos asesinados en Chihuahua?

 

¿En función de qué no se reúne con los dolientes -así sea uno solo- que se queja de haber perdido a una hija (o) y que no recibe respuesta de autoridad alguna?

 

¿Habrá escuchado a los usuarios del transporte público?

 

Deberá cambiar tales actitudes antes de que le sea imposible salir a las calles, ya sea porque los ciudadanos le reclamen algún acto de gobierno, o porque sólo encuentre el rechazo de la población, máxime que ahora esta sí tendrá un referente (Andrés Manuel) con el cual podrán comparar la actitud de un gobernante, y la del otro.

 

Le pusieron muy alta la meta.

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