Luis Javier Valero Flores: ¿Cómo creerle? PDF Imprimir E-mail
Opinión - Luis Javier Valero
Domingo, 22 de Mayo de 2011 07:31

El problema es de percepción, dijo enfáticamente Felipe Calderón un día antes de su llegada a Juárez, poco antes de lanzar otra de sus muy inteligentes expresiones, al aseverar jocosamente que los turistas “los únicos shots que reciben son de tequila”. Y eso lo dice el responsable de la administración federal que ha sufrido el asesinato de 40 mil de sus gobernados. No importa, son delincuentes y los “daños colaterales”, es decir, las víctimas inocentes, son solamente el 10% de esas muertes.

 

Terco, obsesionado con intentar convencer a los mexicanos que lo sufrido por más de la mitad de la población es un asunto de percepción, o que en el peor de los casos, la estrategia instrumentada por su gobierno va en el sentido correcto, recurre hasta las falsedades.

En una visita a Juárez caracterizada por la frivolidad –por las características de los actos celebrados, como si esta ciudad no fuera, como dice Javier Sicilia, el corazón del dolor nacional- incapaces de asimilar que aquí han caído más de 8 mil personas, víctimas de la guerra de los cárteles y que la urbe mayor de todas las fronteras mexicanas sufre la peor de sus catástrofes económicas, derivada de la ola delictiva, Calderón insistió machaconamente en que la incidencia delictiva, y sobre todo la homicida, va en retirada, gracias a la participación de las fuerzas federales y a que ahora sí existe coordinación con las autoridades estatales. Con las inmediatas anteriores, no.

Juárez es una inmensa tristeza hoy; no obstante, la “apretada” agenda de Calderón no contempló, para nada, ni siquiera un mínimo intercambio con los representantes civiles de la sociedad juarense. No. Puros actos de “lustre” burocrático, y para remachar, un desfile, para no variar, militar. De ahí en adelante, solamente ocasiones para que en los discursos nos diéramos cuenta que las cosas van mejorando en el antiguo Paso del Norte.

Y esa es la principal de las notas de los principales medios de comunicación editados en la ciudad de México, y con toda seguridad, de los principales noticieros televisivos del inicio de la próxima semana. Objetivo alcanzado, la inseguridad es un problema de percepción de los juarenses, y como ya fueron convencidos por el discurso calderonista, ya vamos en la senda de recuperar, no tomar como los revolucionarios de un siglo atrás, la principal de las urbes chihuahuenses.

Más allá de los discursos, pero basándonos en ellos, los de Calderón y los de Alejandro Poiré, el vocero del Consejo Nacional de Seguridad Pública, podemos fácilmente desnudar la gran mentira que vinieron a desplegar.

Calderón dijo que los homicidios, de octubre a abril, han disminuido en 60%, que en promedio se daban 11 homicidios diarios. “Ahora eso se ha reducido a cuatro o cinco diarios, todavía son muchos, pero se va reduciendo”.

Luego aclararían en el curso de la gira que octubre fue uno de los meses con las cifras más altas, y lo compararon con abril, sin duda el mes más bajo en tan siniestra estadística.

¡Bonita manera de hacer estadísticas! Ahora resulta que tomamos el índice mayor y lo comparamos con el menor y ya, la Policía Federal es la mejor del mundo.

Pues no, las comparaciones deben hacerse en períodos semejantes. Ustedes disculpen, pero de acuerdo con el recuento de El Diario, hasta el 30 de abril habían asesinado a 804 personas, más 95 en los primeros 19 días de mayo.

Si esta última cifra se proyecta al resto del mes, entonces nos encontraríamos con una tendencia a la baja, ligera, pero solamente de los meses de marzo a mayo.

Los números son muy tercos –pues sí, reflejan la realidad, a diferencia de los discursos, que tratan de cambiarla, pero sólo en la apariencia-. En enero se cometieron 222 homicidios, luego, en febrero la cifra subió ligeramente a 231; en marzo bajó a 183 y en abril se presentaron 168; y si la tendencia de mayo se mantiene, seguramente se presentarán 150 ejecuciones al término del mes.

En total, en el primer cuatrimestre del año asesinaron a 804 personas, lo que arroja un promedio de 6.7 personas diariamente, cifra no muy diferente a la presentada en 2010, cuando asesinaron a 3 mil 115 personas, con un promedio, diario, de 8.5 ejecutados.

Y si nos atenemos a los índices mundialmente aceptados, nos encontraríamos que la tasa de homicidios, tan solo por esta causa, en 2010 fue de 239.6 por cada 100 mil habitantes ¿Se parecerá a cualquiera de los presentados en los países de Centroamérica, ya no del Caribe, como dijo Calderón, con tasas de alrededor de 40?

Vamos, si tomamos en cuenta los primeros cuatro meses, resultará que la tasa, solo en ese lapso, llega a 61.8 por cada 100 mil habitantes y que, si proyectamos las cifras para todo el año 2011, resultará que la cifra de ejecuciones podría ser de alrededor de 2 mil 400, con una tasa de 188, ciertamente inferior a 2011, pero muy parecida a la de 2009, de 200 ejecuciones por cada 100 mil habitantes.

¿En dónde está la disminución de 60% en homicidios?

Y puede ser que en secuestros, extorsiones y robos a casa habitación los índices hayan disminuido, pero hay un delito que se disparó en Juárez, el robo de vehículos, y de ellos el realizado a mano armada, que Gustavo de la Rosa, Visitador de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, califica de una experiencia de, prácticamente, una ejecución, pues la víctima sufre el stress de verse amenazada por un individuo con un arma de fuego que la puede disparar.

Bueno, pues en ese aspecto las cosas no están nada bien para Juárez, no lo estaban y ahora, por el contrario, están peor.

Las cifras del robo de vehículos en el primer trimestre, en Juárez, son superiores a las de los años precedentes, en lapsos semejantes. “… en el primer trimestre del año fueron robados 4 mil 800 vehículos, de los cuales mil 585 autos fueron hurtados en la modalidad conocida como ‘carjacking’. En 2010, las estadísticas oficiales detallan que fueron hurtadas 4 mil 127 unidades, de las cuales 662 fueron con violencia, es decir, los ‘carjackings’ denunciados se duplicaron al cabo de 12 meses”. (Nota de Luz del Carmen Sosa, El Diario, 30/4/11).

Tales cifras arrojan una inquietante realidad: Cada día, 53 propietarios pierden su vehículo a manos de la delincuencia “común”, y de ellos, 17 frente a asaltantes armados, lo que ha motivado el aumento de propietarios asesinados por este motivo al resistirse al asalto, siete víctimas mortales se contabilizan en lo que va del año (Ibídem).

Si a lo anterior agregamos abril, mes en el que se interpusieron mil 210 denuncias ante el Ministerio Público por este delito, resultará que se han robado 6 mil 10 vehículos en el cuatrimestre, 50 diariamente. De ellos, 2 mil 063 lo fueron a mano armada, lo que arroja un promedio diario de 17.2 en números cerrados. Y otra vez, se observa una disminución de este delito, pero solo en los meses de abril y mayo.

No aparecen por ningún lado las cifras esperanzadoras, optimistas, enarboladas por Calderón y Poiré; y si no existen, entonces tampoco hay el sustento para venir a Juárez a desarrollar una gira como cualquier otra efectuada a cualquier otra ciudad en el país.

¿Acaso a nadie se le ocurrió que esta era una buena ocasión para realizar un balance del programa “Todos somos Juárez” y efectuar, otra vez, un ejercicio de rendición de cuentas, en el que el principal responsable de la seguridad pública en el país respondiera de las indudables fallas cometidas en esta ciudad?

¡Ah pero eso sí, no podían faltar los edulcorados discursos exaltando la buena coordinación entre las autoridades federales, estatales y municipales!

Bueno, po’s que de esa excelente coordinación hablen las escoltas, y el mismísimo alcalde de Juárez, Héctor Murguía. Están tan coordinados que los policías federales no alcanzan a distinguir entre el convoy de la máxima autoridad en la ciudad y los narcotraficantes, según expresara uno de los polifederales en el más reciente de los incidentes entre elementos de esta corporación y la municipal que protege al alcalde.

Y si eso sucede entre ellos ¿Cómo creerles en lo demás?

Pero no nos preocupemos, la incidencia delictiva es solo nuestra percepción, de ahí que Calderón se dedique, cuando visita Juárez, a inaugurar obras, museos y lanzar discursos de ceremonias solemnes ¿Por qué no inauguraría alguna de las obras de Villas de Salvárcar, por ejemplo, digo? ¿Para no tener que acercarse a los dolientes de la masacre de Juárez?

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