En el siglo XXI las “Cleo” de la película Roma, se extinguieron PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Lourdes Díaz López   
Miércoles, 16 de Enero de 2019 23:29

Lourdes Díaz López.

 

El personaje de Cleo, protagonista de controversial película “Roma”, no sé si en este siglo XXI existen con todas esas virtudes que el personaje tiene, pero sí estoy segura que si aún existen ya están en peligro de extinción.

 

Los últimos 16 años de mi vida he contratado empleadas domésticas para poder trabajar sin tener que llegar a casa a seguir trabajando. La primera que contraté hace 16 años, era una vecina como de 60 años, de lunes a viernes tres horas diarias para cuidarme a mi primera hija.

 

Excelente, fue la que más se acerca en virtud, al cariñoso, responsable y trabajador personaje que representa Cleo en la película, pero, me duró unos cuantos meses el gusto.  La siguiente que contraté fue una joven de 20 años, soltera, que venía de la zona serrana en busca de un empleo que le diera donde vivir porque no tenía a nadie en la ciudad. Pronto se convirtió en un miembro más de la familia, comía en nuestra mesa junto con nosotros y a donde ella quisiera podía acompañarnos, a nadar, al cine, a comer fuera, etcétera. Era una joven muy guapa, en mi círculo de amistades le decían “La Nana Fine”.  Ella tenía libres los viernes, los sábados hasta las 5:00 pm y los domingos, así que desde el viernes se le juntaban los múltiples novios fuera de la casa preguntando por diferentes nombres ya que con cada uno se cambiaba el nombre. Nunca cuestioné por respeto a su privacidad.

 

Mi horario de trabajo de los sábados era de 5:00pm a 12:00pm en El Diario de Chihuahua, todo marchaba normal, hasta que un sábado a las 10:00 pm, me llamó la policía de San Francisco de Borja para avisarme que mi hija de 2.5 años había sido encontrada en una brecha que lleva de San Francisco de Borja a la comunidad de Santa Ana, que el chofer (uno de sus tantos novios) estaba herido y “la nana Fine”, en shock nervioso. Para no hacer más larga la historia, puedo compartir lo más relevante: el parte policiaco donde describía cómo fue encontrada mi hija en medio del bosque obscuro, narraba que realmente encontraron a la niña por casualidad porque la vieron por la carretera deambulando sola y se detuvieron a ver porqué a esas horas una niña tan pequeña andaba sola, pues cuando la policía se detuvo la niña de 2.5 años los llevó hasta el vehículo que estaba desbarrancado con la nana y el novio en el auto unos 15 metros debajo de la carretera. Mi segunda experiencia de empleada doméstica fue de terror. Si yo hubiese llegado a mi casa y no encuentro a mi niña, jamás habría pensado en buscarla en ese rancho que ni el mapa ubicaba. Milagrosamente mi hija estaba bien, solo con el trauma del accidente. Ante ello, decidí meterla a guardería y dejar a la nana solo para limpieza de la casa, no sé dónde tenía yo la cabeza que no la despedí. Se me arrugó el corazón al verla tan asustada y me culpé de haber contratado a alguien tan inmadura para cuidar a mi hija, conservé a esa empleada doméstica hasta que ella misma renunció.

 

La siguiente empleada que llegó, duró 15 días, no le gustó la ciudad y solo esperó su paga para regresar a su pueblo y me dejó una cuentota de teléfono donde se la vivía más hablando a celulares y a toda su familia con llamadas de larga distancia que trabajando.

 

La cuarta empleada doméstica, me duró dos años, fue buena, le pagué todas las cosas que quiso aprender, clases de cocina, clases de repostería, clases de costura, clases de pintura, nos tuvimos cariño, llegó con dos cambios de ropa y se fue con múltiples maletas llenas, llegó sin atreverse a hablar siquiera y se fue con aspiraciones de conocer el país entero y renunció para darse unos meses en Veracruz y otros en la ciudad de México. Le ofrecí ayuda para que abriera una panadería o pastelería en su pueblo puesto que aprendió repostería profesional pero nunca aceptó. Su defecto más grande fue que el dinero de la leche y las tortillas siempre se lo gastaba en chucherías, pero fue buena. La siguiente que la suplió, fue otra más o menos en las mismas condiciones, pero nunca quiso aprender nada, a pesar de que le ofrecí pagarle clases de lo que quisiera, se quedó con nosotros hasta que se casó. Su defecto era que en ocasiones amanecía con visitas durmiendo en casa sin previo aviso, pero nunca pasó a mayores con sus invitados. Después de ellas dos, fue una odisea entre empleadas que me robaron, que maltrataron a mi hija y las tuve que despedir, empleadas que metían a gente no deseable a mi casa, otras que se ponían mi ropa en mi ausencia y se tomaban sesiones de fotos para subirlas a Facebook, otras que divulgaron mi vida y la de mi familia como si estuvieran contratadas para hacerlo y hacerlo bien.

Otras con una prepotencia que realmente creían tener el derecho de llegar a una casa ajena a poner ellas las reglas de una familia, otras con unos novios de miedo “malandros” que se atreven a amenazarte si no accedes a lo que la muchacha quiere. Incluso otras que se atrevían a repartir entre sus amistades la despensa de mi refrigerador y hasta a hacer reuniones sociales en mi casa, a traer visitas de sus ranchos por semanas ahí metidos en mi casa sin pedir autorización.

 

Hubo dos empleadas domésticas que las quise como si fueran mis sobrinas favoritas y salieron de mi casa hasta que se casaron, una llegó con nivel de primaria y se fue cuando cursaba el quinto semestre de la preparatoria, se casó y ahora se dedica a ser madre. Otra se fue de mi casa “literal” vestida de novia, pues se casó con mi vecino y en su boda me sentí como la mamá de la novia. Sin embargo, puedo decir que, en los últimos 13 años, ha sido una verdadera odisea encontrar a una empleada doméstica que no te robe, que haga realmente su trabajo, que no maltrate a tus hijos, que no abandone el empleo cuando le llamas la atención por algo, pues tienen en común que cuando algo no les parece, solo se van. Como si en todos los empleos del mundo el jefe no tuviera el derecho a manifestar lo que se ha hecho mal, sin embargo, con quien menos te puedes pelear en la vida, es con quien tiene acceso a lo que comen tus hijos, porque eso sería ponerlos en alto riesgo. No conozco ningún entorno laboral más complejo que el del empleo doméstico. Creo que es de los pocos trabajos donde el empleado llega a poner las condiciones, donde el empleador se ve en la necesidad de tratar con pincitas a la contratada para no molestarla, donde el empleado es realmente parte la familia del empleador y se le ofrecen las mismas comodidades que tiene el jefe. Su recámara, su baño, su tv, celular, internet, agua caliente, acceso a la cocina para comer lo que quiera y a la hora que quiera.

 

Las mujeres como Cleo” de la cinta de Roma, o están en peligro de extinción o de plano ya no existen. ¡Claro!, hablando desde la perspectiva de un hogar de clase media, desconozco por completo cómo es la relación y la vida de una empleada doméstica contratada en un hogar de clase económica alta.

 

Podría extenderme con todas las demás empleadas que conozco de mi entorno donde ocurren sucesos tan variados que quienes no están familiarizados con ello, podrían en verdad no creerlo, por ejemplo, una dama de compañía que entre todos sus hijos le pagamos a mi madre que es ya muy viejita, usaba a mi mamá como niñera para irse de farra y llegaba ebria y escandalosa en la madrugada y de la resaca del siguiente día ni qué decir, por ello, cuando en este siglo XXI nos llegamos a encontrar alguna empleada honesta para trabajar en nuestra casa, hacemos hasta lo imposible por no soltarla. Aunque la única virtud sea honestidad y su calidad de trabajo escasa.

 

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