Mujeres y hombres de la mano por la igualdad PDF Imprimir E-mail
Opinión - Devenir
Escrito por Benito Abraham Orozco Andrade   
Viernes, 08 de Marzo de 2019 19:59

Benito Abraham Orozco Andrade.

 

A mi madre, esposa, hijas, nieta y a las mujeres en general, todo mi cariño, respeto y consideración.

        

Año con año, con motivo del Día Internacional de la Mujer, surgen diversas manifestaciones para hacer patentes algunos acontecimientos significativos en la lucha por sus derechos, polemizándose en ocasiones sobre si hay que conmemorarlo o celebrarlo. La RAE establece como parte de “conmemorar”, el “celebrar una fecha importante”.

 

Como quiera que lo veamos, es importante que tanto en la fecha citada como en todo momento, tengamos presente que históricamente la mujer ha padecido violencia, discriminación, indiferencia, aislamiento, etc., y que tales aberraciones aún prevalecen en mayor o menor medida a lo largo y ancho del planeta.

 

El esfuerzo por cambiar las cosas no les ha sido nada fácil, pero han ido obteniendo grandes logros que se han consolidado no únicamente en tratados internacionales, sino en múltiples disposiciones de carácter nacional y local en nuestro país.

 

En algunos ámbitos se han ido logrando valiosos avances, como lo es el político, en el que las mujeres cada vez van obteniendo más espacios. En México, respecto de las candidaturas a cargos de elección popular, pasamos de cuotas de 30/70 y 40/60, a la paridad del 50/50, representando en la composición de las legislaturas federales y estatales, un equilibrio entre géneros muy satisfactorio. Recientemente se ha dado a conocer una iniciativa legislativa para que en los poderes Ejecutivo y Judicial, en su estructura también se considere esa igualdad entre mujeres y hombres. Lo anterior es un ejemplo de que la vorágine de los movimientos feministas es imparable, y que de una u otra forma han venido siendo el motor que mueve a la sociedad.

 

No obstante, las lamentables desapariciones, violaciones, asesinatos, la discriminación laboral, la violencia familiar, entre otras afrentas, continúan en aumento, lo que nos invita a reflexionar a fondo sobre cuáles son sus posibles causas y cuales serían sus posibles soluciones. Estos sucesos hacen ver como si el esfuerzo que se ha hecho en su contra hasta el momento sea nulo, exigiéndonos a todas y todos poner un empeño mayúsculo para abatirlos.

 

Se pudiera coincidir sin problema alguno al afirmar que la mayoría de las personas que atentan contra las mujeres somos los hombres, y que las mujeres en su lucha porque les sean reconocidos y respetados sus derechos no nos incluyen a nosotros. Generalmente van solas en ese propósito.

 

Mientras que a una parte del problema se le atiende, a la otra se le aísla o se le repudia, prevaleciendo la disputa. La mujer se va educando respecto de sus derechos y oportunidades reales con que debe contar, pero al otro insoslayable compañero social, familiar, laboral, etc., no se le considera en esa concientización. ¿Entonces cómo podemos esperar que la mujer ya no siga recibiendo esos atentados hacia su dignidad, cuando quien los lleva a cabo lo ve como algo normal, como su derecho a hacerlo?

 

Es necesario que mujeres y hombres, conjuntamente, vayamos realizando acciones en favor de ambos, para lograr la armonía social derivada principalmente de un entendimiento voluntario y no forzado. Las conquistas actuales son sumamente significativas, pero requieren transitar de un blindaje de grupo, a una paulatina, pero amplia, decidida e inclusiva apertura.

 

Salvo que se esté en un error, pero como varones, muchos vemos la conveniencia y estamos dispuestos a sumarnos a esa lucha femenina y hacer el trabajo que nos toca con nuestros congéneres en su favor, para obtener resultados tangibles lo más pronto posible. Hemos levantado la mano, pero no se nos invita a unirnos.

 

En lo particular he tenido pláticas sobre el tema con lideresas de asociaciones que defienden los derechos de las mujeres, así como con legisladoras (incluso con quienes han presidido la Comisión de Equidad de Género del Congreso del Estado), lamentablemente sin resultado alguno.

 

Diversos estados del país han transformado los correspondientes institutos de las mujeres hacia los institutos para la equidad de género, favoreciendo esa formación y atención integral en pro de la eliminación del problema. Mujeres y hombres de la mano.

 

Sería fabuloso que después de esa loable lucha femenina, se consiguiera el propósito de la “ONU Mujeres”, referente a: lograr la igualdad entre las mujeres y los hombres, como socios y beneficiarios del desarrollo, los derechos humanos, las acciones humanitarias y la paz y la seguridad.

        

Como muchos más, soy materia dispuesta.

 

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