Individualismo rampante y preocupante PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Benito Abraham Orozco Andrade   
Martes, 21 de Mayo de 2019 08:15

Benito Abraham Orozco Andrade.

 

En no pocas ocasiones hemos comentado quienes ya estamos en una edad madura, cómo convivíamos de niños y de adolescentes con la propia familia, amigos, vecinos, compañeros de escuela, etc., mediante actividades que implicaban el jugar en la calle o en los parques con una pelota, unas ligas anudadas, un bote…, pero que, sobre todo, involucraban la participación de varias personas.

 

De igual manera sacábamos alguna silla a la banqueta para tomar el fresco y aprovechar para platicar con los vecinos de diferentes edades (abuelos, papás, hijos, entre otros), escuchando con gran interés las anécdotas de las personas mayores, lo que disfrutamos sanamente. Como olvidar cuando se contaba alguna leyenda de terror que también gozábamos, pero que nos hacía regresar con miedo a casa.

 

Múltiples son los estudios que explican el por qué cada día las personas nos vamos sumiendo cada vez más en esa “tendencia a pensar y obrar con independencia de los demás, o sin sujetarse a normas generales” -una acepción del individualismo establecida por la RAE-, sin embargo, más que dedicarle líneas para explorar esa literatura, resulta más pertinente para una colaboración como la presente, comentar algunos aspectos que pudieran estar más a la vista de todos.

 

Desde hace algunas décadas, mamá se ha visto en la necesidad de salir de casa a trabajar para apoyar en la manutención de la familia, lo que ha provocado una menor o nula convivencia con los hijos y con su cónyuge (en su caso), quienes generalmente le destinan un mayor tiempo a actividades que efectúan de manera solitaria (televisión, videojuegos, internet, redes sociales, etc.). No hay que desconocer que muchas madres de familia, por convicción personal y por desarrollo profesional, buscan un empleo fuera del hogar, pero también hay quienes lo hacen obligadas por obtener un mayor ingreso económico para la familia, deseando mejor estar en casa al pendiente de los hijos y realizando las labores propias del hogar. De cualquier manera, independientemente del tema que nos ocupa, enhorabuena porque la mujer ha ido superando esas ideas machistas que le restringían trabajar fuera de casa.

 

El establecimiento de grandes cadenas comerciales, ha venido acabando con las tienditas de barrio (abarrotes, panaderías, tortillerías, entre otros) que representaban un lugar de reunión propicio para interactuar sobre cuestiones de carácter personal, familiar y vecinal, estrechando los muy convenientes lazos de amistad y solidaridad con los demás. El dependiente de estos pequeños negocios, generalmente tenía conocimiento de quienes vivían en la colonia y facilitaba la localización de algún domicilio o persona, sin que hubiera motivo para desconfiar de quien lo solicitaba.

 

Aunado a lo anterior, el grave problema de inseguridad que venimos padeciendo desde hace años, ha inhibido las mencionadas actividades en la calle donde vivimos, por lo cual es común que no sepamos ni como se llama el vecino de al lado. Ya no acuden los niños del barrio a invitar a nuestros hijos a salir a jugar, pues los riesgos de que puedan sufrir algún acto violento son muy altos. Además, hay que considerar que los videojuegos han venido a suplantar la necesidad de que niños y adolescentes cuenten con amigos. Hay padres de familia que, para entretener y aquietar a sus hijos, irónicamente manifiestan que “hay que prender la tele para apagar al niño”.

 

Por otra parte, cada día van ganado terreno las llamadas “compras por internet”, que paradójicamente están afectando a esas grandes cadenas comerciales que en su momento también acabaron con múltiples tienditas de barrio. Igualmente se cuenta con la posibilidad de efectuar diversos pagos por esa misma vía (luz, agua, teléfono, créditos, etc.), sin necesidad de que salgamos de casa. Tales situaciones evitan que convivamos con alguien más, propiciando un alto y preocupante sedentarismo.

 

Si lo ya comentado resulta preocupante, pues aún más lo es el que algunas empresas promueven o establecen que sus empleados desempeñen su trabajo desde casa, sin necesidad de que acudan a alguna oficina, pues vía internet interactúan con sus jefes y demás “compañeros de trabajo”, y por esa misma vía les es depositado su salario. Situación similar ha venido ocurriendo con la educación, pues las clases “virtuales” son una modalidad que se está presentando con mayor frecuencia.

 

Según se ve cómo van evolucionando nuestras relaciones con los demás (mejor dicho “involucionando”), no es descabellado pensar que en un futuro no muy lejano no sea indispensable salir de casa para realizar las actividades cotidianas, ni entablar una plática con alguien más.

 

¿Dónde quedará la vida en comunidad que se supone es acorde con la naturaleza humana? ¿Cuál será el prototipo de una persona feliz? ¿Tendrá sentido preocuparse por preservar algún valor humano?

 

Las interrogantes anteriores parecieran exageradas, pero no hay que soslayarlas. Debemos hacer mucho por rescatar nuestra vida en comunidad.

 

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