Norberto Ronquillo: consternación, conmoción y luto nacional PDF Imprimir E-mail
Opinión - Aída María Holguín Baeza
Escrito por Aída María Holguín Baeza   
Martes, 11 de Junio de 2019 04:42

Aída María Holguín Baeza.

No tuve el gusto de conocer personalmente a Norberto Ronquillo Hernández. Aun así así, estoy (como muchas otras personas) indignada, consternada, conmocionada y enlutada por su ruin y cobarde asesinato.

Desde el momento en el que trascendió la noticia del secuestro de Norberto, el sentimiento de indignación comenzó manifestarse y expandirse a través de las redes sociales, porque la situación no era para menos. Norberto, hijo, hermano, estudiante, chihuahuense, mexicano y ciudadano ejemplar, había sido privado de su libertad la noche del 4 de junio en la Ciudad de México.


#NosFaltaNorberto, comenzó a difundirse el pasado 6 de junio por distintos medios. Fue así como, a partir de ese día, el sentimiento de consternación y conmoción por el secuestro de Norberto se empezó a manifestar con gran fuerza a nivel nacional. Sobre todo, porque se supo que la familia de Norberto había entregado una importante cantidad de dinero a los secuestradores bajo la promesa de dejarlo en libertad, pero eso no sucedió.

Fue la madrugada del 10 de junio cuando, a través de su cuenta en Twitter, la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México dio a conocer la devastadora noticia: «Esta madrugada, en #Xochimilco se localizó el cuerpo sin vida del estudiante de una universidad privada […]».

Así, despersonalizando a Norberto, fue como la PGJ-CDMX informó sobre su asesinato y como, implícita y tristemente, lo convirtió (en el ámbito estadístico y en materia de indicadores) en “uno más”. Sin embargo, la realidad es que, explícita y devastadoramente, Norberto es (en el ámbito de lo humano y en materia de humanismo) uno menos. Es por eso, porque nos va a seguir faltando Norberto, que México está de consternado, conmocionado y enlutado.

Horas después de aquel “tuit”, la procuradora capitalina, Ernestina Godoy, aseguró que «no es un asunto donde hubo negligencia» por parte de la dependencia a su cargo. Ante tal declaración, es necesario aclarar que, negligencia o no negligencia en la activación y desarrollo del protocolo, el asunto es que el secuestro de Norberto no debió haber sucedido, ni su asesinato debió haber ocurrido.

(Datos imprescindibles: durante el primer trimestre del año, en la Ciudad de México el secuestro incrementó 550%, la extorsión 127% y los homicidios 48%. Fuente: Semáforo Delictivo.)

En esta ocasión, concluyo citando lo dicho alguna vez por el comentarista estadounidense, Alan Colmes: «El luto nunca termina para aquellos que han enfrentado pérdidas inimaginables».

Aída María Holguín Baeza
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