Condonaciones y otras travesuras PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Benito Abraham Orozco Andrade   
Lunes, 07 de Octubre de 2019 15:39

 

Benito Abraham Orozco Andrade.

 

Desde hace no mucho tiempo a la fecha, se integró al coloquio político la palabra “travesura”, como un cínico eufemismo cuando se hace referencia a actos ilegales cometidos por correligionarios o aliados. En mi pueblo, lisa y llanamente se les llama delincuentes a quienes los cometen, se trate de quien se trate.

 

La semana pasada se dieron a conocer un sinnúmero de condonaciones de impuestos a empresas, instituciones públicas, personajes de diferentes ámbitos, entre otros, cuyos montos durante las administraciones de Peña Nieto y de Calderón sumaron 105 mil 21 millones de pesos y 83 mil 77 millones de pesos, respectivamente.

 

Se señalan como las empresas más favorecidos a la constructora ICA con 4 mil 969 millones de pesos, a la farmacéutica Productos Roche con 2 mil 891 millones, a la empresa del ramo de la vivienda GEO con 2 mil 714 millones y al Grupo Lala 2 mil 430 millones.

 

Pero, ¿cómo asimilar que a los grandes capitales se les perdone el pago de millones de pesos en impuestos, y se actúe implacable con el pequeño contribuyente? Por más que se quiera justificar a la condonación de impuestos como un instrumento para estimular el pronto pago de las obligaciones fiscales o como un apoyo para aquellas empresas que tienen complicaciones en sus finanzas, el trato definitivamente no es parejo.

 

En la lista de beneficiados no veo a mi vecino Juan Pérez, ni a don Lupe el de los abarrotes de la esquina. La integran personas físicas y morales que, a simple vista, tienen determinado renombre que les ofrece el poder gozar de esos privilegios. Si bien, la figura de la condonación de impuesto ha sido autorizada por la ley, lo más grave de ello radica en la discrecionalidad con la que se ha ejercido. Pudiera ser legal, pero a todas luces injusta.

 

Si hiciéramos un ejercicio de conversión de esos miles de millones de pesos perdonados, por casas de interés social, tractores, escuelas, caminos pavimentados, estancias infantiles, drenaje y agua potable en zonas marginadas, etc., quedaría por demás evidenciado el perjuicio en contra del pueblo con el mencionado atraco.

 

Si entre otras cuestiones sumamos a lo anterior los indebidos y vergonzosos sobreprecios que las instituciones públicas han venido pagando por concepto de obras y servicios, así como lo que vulgarmente se han robado del erario esos “finísimos y prestigiados” políticos que de una u otra forma se siguen moviendo en los círculos del poder, mimetizándose como unos verdaderos camaleones, pues la cifra del desfalco sería mucho más escandalosa y seguramente daría para sacar de la pobreza a millones de mexicanos.

 

No cabe duda que las “travesuras” son cometidas en la inocencia de la infancia, y no en la perversidad de la adultez. Por eso insisto en que debe haber perdón, más no olvido. Perdón siempre y cuando se devuelva todo lo que fue obtenido injustamente (incluso las condonaciones mencionadas), y no olvidar para que esos actos de verdadera traición a la patria no se vuelvan a cometer.

 

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