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Opinión - Columnas
Escrito por Mauricio Islas   
Sábado, 09 de Noviembre de 2019 22:49

Mauricio Islas.

 

NO HAY nada más indefenso que un bebé recién nacido. Al nacer dependíamos por completo de nuestros padres. Cuando aprendimos a caminar, veíamos a los desconocidos como unos gigantes y, asustados, buscábamos a nuestros padres. ¡Qué seguros nos sentíamos cuando mamá o papá nos tomaban de la mano!

De niños, nuestro bienestar dependía del amor y el apoyo de nuestros padres. Saber que nos amaban nos hacía sentir seguros, y cuando nos decían que estábamos haciendo las cosas bien, teníamos más confianza en nosotros y las hacíamos mejor.

Al ir creciendo, los buenos amigos también contribuyeron a que nos sintiéramos más seguros. Estábamos a gusto con ellos, y hacían que ir a la escuela no nos diera tanto miedo.

Por supuesto, sería ideal que todos los niños tuvieran una infancia así. Desafortunadamente, a algunos se les hace difícil tener amigos, y son muchos los niños que no reciben la atención que necesitan de sus padres.

 

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