Jaime García Chávez: ¿Qué podemos esperar de nuestros diputados? PDF Imprimir E-mail
Opinión - Jaime García Chávez
Martes, 28 de Junio de 2011 06:09

Si países enteros no tienen aprecio por sus grandes poetas, ¿qué podemos esperar de nuestros diputados? Ciertamente no llegan al cargo por ser amigos de los buenos libros, bibliófilos. Todos sabemos la carretera que toman para ascender a su curul. Los de Chihuahua son diferentes: con atingencia bautizaron su biblioteca con el nombre de Carlos Montemayor, parralense ilustre que heredó a las letras españolas una vasta obra que va de la poesía a la novela, pasando por el ensayo de fondo y las traducciones del griego y el latín, para llegar al periodismo político, el estudio de la violencia ancestral del estado y, por si fuera poco, tenor y promotor de las lenguas de los pobladores originarios de México. Los diputados sí saben bautizar.

 

Repasé este fin de semana un paradójico artículo del español nacido en Cartagena, Arturo Pérez-Reverte, que figura en su obra antológica Patente de Corso y que se llama Si Cervantes fuera francés. Digo paradójico porque al final reconoce que para Don Miguel de Cervantes Saavedra fue imprescindible haber nacido en España para “sentir toda esa hermosa y melancólica historia llena de humor negro, tristeza infinita, hidalga impotencia... conocer la ingratitud, la desventura y la injusticia”. Pero antes de concluir con esas palabras nos narra cómo al caminar por la Plaza de los Vosgos en París de pronto descubrió una bandera francesa que lo condujo a una casa donde encontró una placa conmemorativa que daba noticia de que ahí había vivido Víctor Hugo -autor de Los Miserables y de Nuestra Señora de París. Caminó con absoluta libertad por las estancias de esa casa y encontró “recuerdos, grabados, muebles y fotografías del encumbrado patriarca de las letras galas”. Simplemente reseño el artículo y cómo en él se nos narra la devoción perfecta para conservar que llega al grado de mostrar unas flores secas segadas por Hugo en el campo de la batalla de Waterloo, de su viaje a Bélgica para escribir dos capítulos de esa batalla dónde se derrotó a Napoleón y que hoy podemos leer en Los Miserables. Hugo fue hijo de un general de Napoleón y quien no recuerda su oposición a la intervención francesa, su memorable carta en donde llama a los mexicanos a “ser terribles” contra las tropas de Napoleón el pequeño y su apoyo al presidente patriota Benito Juárez.

 

Su recorrido por las calles parisinas da cuenta de que en cualquier pared están los nombres de 85 mil lápidas de quienes lucharon por la liberación de su país y así repasa lo que vio en el taller del pintor Delacroix, la tumba de Chateaubrand y más aún.

 

Y Don Arturo narra su decepción: dice que en España no se sabe dónde nació Lope de Vega, Calderón de la Barca, Bécquer y Pío Baroja, y lo peor, daría lo mismo que se supiese. A Quevedo no le fue mejor y tampoco a Cervantes, ilustrando lo fútil que para muchos españoles, como los de Las Pedroñeras, es vivir en la Mancha, con estos versos inmortales: “En un lugar de la Mancha/ don Quijote una meá echó/ y salieron unos ajos gordos./ Por eso, andes arriba o abajo de Pedroñeras son los ajos”.

 

¡Si Cervantes hubiera nacido al norte de los Pirineos! lo tendríamos por todas partes y conoceríamos su casa de nacimiento y su tumba, las cárceles diversas donde estuvo, los santuarios de su peregrinación obligatoria, y mucho más. Claro, que para que Cervantes escribiera el Quijote tuvo que ser español.

Aquí todo es diferente y nuestros diputados lo saben. Para que nadie olvide que entre nosotros nació Carlos Montemayor, ya le dieron nombre a su propia biblioteca y luce bien.

 

Únicamente faltó un detalle: los usuarios que buscan sus libros, ávidos de su obra, son informados puntualmente que no hay en el acervo un solo texto o libro de nuestro autor.

 

Seguramente siguiendo las ideas de Pérez-Reverte, Montemayor tuvo que haber nacido en Chihuahua para producir su obra, al igual que Cervantes en España. Pero no tiene ninguno de los beneficios que se prodigan a los grandes hombres y mujeres de Francia.

 

Nada se puede esperar de diputados tan cerriles -por no decir serranos e insultar a los pobladores de esos parajes.

 

Por algo será que el diputado Enrique Serrano quiere proscribir los corridos que Arturo Pérez-Reverte tiene implícitos en su obra La Reina del Sur, que presentada en España se acompañó de Los Tigres del Norte, que causaron sensación en la tierra de Cervantes con sus épicas canciones de la posmodernidad.

 

Por cierto, y aunque esto daría para otro texto: a Benito Juárez no le fue bien en Camargo, Chihuahua: ahí llegaron las motoconformadoras y derrumbaron la vieja casona de la hoy calle Trías donde vivió en su peregrinar al Paso del Norte.

 

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