El IFE-INE conquista y patrimonio de todos los mexicanos PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Isaías Orozco Gómez   
Domingo, 09 de Febrero de 2020 18:31

Isaías Orozco Gómez.

 

(Primera de dos partes)

Hoy, en su día, mi respeto y reconocimiento para los trabajadores de base del INE de todo el país. IOG.

         Cuando don Francisco Ignacio Madero, inició su campaña electoral en 1910 en contra del dictador Porfirio Díaz, no se imaginó o no pensó que su lema de batalla: SUFRAGIO EFECTIVO, NO REELECCIÓN, aun cuando se haya adoptado por los gobiernos “surgidos” de la Revolución Mexicana (1910-1917 ¿ó 1924?), en la realidad de los subsecuentes procesos electorales y electoreros, no se llevaría a la práctica ni una ni otra aspiración democrática.

         En tal sentido, si revisamos la Historia de México, desde el intento del general sonorense Álvaro Obregón para reelegirse en la Presidencia de la República, en los hechos –desde entonces– no se respetó   ni lo uno ni lo otro. No hubo verdaderamente respeto al sufragio efectivo, cuando menos hasta después de 1988 en que fue electo presidente de los EUM, Carlos Salinas de Gortari; comicios tras comicios  para elegir  a los cargos de elección popular de los tres niveles de gobierno y de los diputados locales, así como de los diputados federales y senadores, se caracterizaron por: compra del voto por medio del dinero en efectivo y tarjetas bancarias o comerciales, reparto de despensas y de materiales para construcción, ofrecimiento de trabajo y/o acoso laboral, llamados subliminales hasta en el púlpito, fraude patriótico (décadas de los 70 y 80 del S. XX), fraude hormiga, fraude cibernético, relleno de urnas, falsificación de actas, robo y quema de urnas, operación cobija, operación tamal, carrusel, ratón loco, acarreo…

         Todavía en la memoria individual y colectiva, se tiene presente la persecución, cárcel y hasta asesinatos durante casi todo el siglo veinte de líderes y militantes activos de los partidos o expresiones políticas   de oposición al partido en el poder (PRI), así fuesen  de la derecha (PAN) y sobresalientemente de la izquierda (FEP, PCM, PMS, PSUM, PRD).  

         Y lo de la no reelección, fue muy relativo. Ya que se continuó, por ejemplo, con presidentes de la República, gobernadores y presidentes municipales e integrantes del Poder Legislativo federal y locales postulados por el mismo partido hegemónico, el oficial o de Estado; pero además, hubo (por lo pronto, hasta el 2018) claro y burdo continuismo en la política pública gubernamental y económico-social, seguida por esos funcionarios y/o  “servidores públicos”. Haciendo, de facto, nugatorio –aun con diferente persona pero con el mismo traje tricolor–, el principio de la NO REELECCIÓN. O bien, dar lugar a la tan anhelada alternancia en el poder, mediante el sufragio universal y efectivo.

         Pero tal realidad no tenía por qué aceptarse resignadamente como una fatalidad para la inmensa mayoría del pueblo mexicano, constituido principalmente por los trabajadores y sus familias de la ciudad y del campo; pues, “no hay mal que dure cien años ni pueblo que los aguante”. Fue así, que soportando  embates  del PRI-gobierno, desde las huelgas de ferrocarrileros, médicos, maestros, estudiantes, etc.,  de los años 50 y 60; crueles masacres estudiantiles del 68 y 71 y de campesinos y etnias originarias, la guerra sucia… todo ello durante el S. XX e inicios del S. XXI; la parte más consciente del pueblo, de la ciudadanía, independientemente de su militancia político-partidista, emprendieron como causa común, la lucha en contra de la imposición priista, en aras de la real democracia cívico-política-electoral de los EUM.

         De ahí que, aunque no como lo deseaba y exigía la oposición, el PRI-gobierno se haya visto obligado  a aceptar el PLURIPARTIDISMO y la promulgación de la Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LFOPPE) con la reforma política-electoral de 1977, propuesta por el presidente José López Portillo e instrumentada por su Secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles. Desde luego, había mucho de simulación en esa reforma, ya que el “Señor Presidente” continuaría decidiendo a su sucesor con el clásico dedazo. Y el secretario de gobernación en turno, seguiría organizando y manipulando los procesos político-electorales y electoreros del momento, apoyado solidariamente por el PRI, CTM, CNOP, CNC…

         En relación a tan necesario avance en la vida democrática electoral del país, el académico, investigador y politólogo Hugo Alejandro Concha Cantú, escribió: “Las reformas electorales son momentos de vital importancia para la vida democrática de un país, más cuando se trata de casos como el mexicano, atrapado entre los impulsos autoritarios de su sistema presidencialista con enorme poder de cooptación e inclusión y las exigencias de una sociedad que demanda la consolidación de una democracia constitucional.”

         A  diez años de haberse aprobado la reforma electoral de 1977, se comprobó que la misma era mera simulación del PRI-gobierno, dado que al término de los comicios del domingo 6 de julio de 1988 para elegir al Presidente de la República, entre: Carlos Salinas de Gortari (PRI), Cuauhtémoc Cárdenas (FND), Manuel Clouthier (PAN)), estando reunidos los representantes de los partidos políticos, y periodistas en el Centro de Cómputo del Registro Nacional de Electores (RNE), a las 19:15 horas los datos que fluían del cómputo del Distrito Federal y del Estado de México, favorecían abrumadoramente al candidato del Frente Democrático Nacional, Cuauhtémoc Cárdenas. Pero, inexplicablemente, las pantallas dejaron de registrar nuevos datos y unos minutos más tarde se apagaron. Es decir, se presentó el gran fraude electoral bautizado como la CAIDA DEL SISTEMA. Y fue hasta el 13 de julio cuando el RNE dio a conocer los resultados oficiales de la elección.                 

         Es menester, antes de continuar con la segunda parte de la presente colaboración, expresar que el objetivo central del tema tratado es dejar bien claro, bien definido, que una cosa son las personas que conforman el Consejo General Nacional del IFE ahora INE; y otra, el actual Instituto Nacional Electoral, que históricamente costó cientos de vidas pri9ncipalmente de luchadores  militantes de la izquierda como de la derecha, hasta lograr constituirse, hoy por hoy: en el GARANTE DE LA DEMOCRACIA CÍVICO-POLÍTICO-ELECTORAL DEL PUEBLO MEXICANO.

 

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