Carta a Joaquín Sotelo Mesta PDF Imprimir E-mail
Opinión - Luis Villegas Montes
Escrito por Luis Villegas Montes   
Viernes, 14 de Febrero de 2020 06:43

Luis Villegas Montes.

 

Lic. Joaquín Sotelo Mesta.

Presente. 

 

Joaquín (perdona si no te saludo, pero ahorrémonos las hipocresías):

 

Hace tres años, ocho meses y unos pocos días, te dije, con todas sus letras, que predicaras con el ejemplo y demostraras que si bien ya estaba todo dispuesto para designarte Consejero de la Judicatura, asumieras, como era verdad (entonces y ahora), que careces de la idoneidad necesaria para ese puesto; que se atendía a criterios políticos para elegirte; que de llegar al cargo sería sin ningún tipo de mérito al respecto; y que, por encima de los intereses de coyuntura, estaban tu integridad y tu verticalidad en juego. Te lo digo con todas sus letras: asume ese hecho y vete.

 

Esa integridad y verticalidad continúan en juego y con tu proceder todo, aunque el de esta semana fue peor, has demostrado no solo que no eres idóneo para el cargo, sino que le haces daño a la institución. Estoy cierto que a pesar de tu estulticia,1 vas a entender el porqué; y lo vas a entender porque, como ya vimos, a ti hay que explicarte las cosas con manzanitas.

 

En abril de 2018, cuando yo denuncié los hechos, el proceso estaba en marcha; en ese momento, en vez de atacarme e intentar descalificarme, deberías haberte acercado para pedir información y ver cómo resolvíamos, si era posible, juntos, el problema; ahora, a toro pasado, tienes más de medio centenar de jueces; punto. Servidores públicos, funcionarios judiciales, compañeros de trabajo que, solamente por esa razón, merecen todo nuestro respeto y consideración; por lo que cualquier reclamo, de cualquier índole, tendría que formalizarse por los conductos debidos respetando, en todo momento, su derecho de audiencia y garantizando el debido proceso. Ahora sí, para que entiendas, te pongo un ejemplo: es como si vas manejando un automóvil a ciento ochenta kilómetros por hora y yo te digo: “bájale”, “bájale”, “bájale porque nos vamos a estrellar” y tu bajas la velocidad y no pasa nada; en cambio, si te digo “bájale”, “bájale”, “bájale” y no haces caso y nos estrellamos, de nada sirve que te diga “le hubieras bajado”; lo conducente en ese supuesto es llamar a la ambulancia, a los paramédicos, a la policía etc. ¿Entiendes? La situación cambió totalmente, por lo que tu actuación no puede ni debe ser la misma.

 

Lo que es más, ni siquiera resulta oportuna a la luz de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación, como bien sabes (o deberías de saber si fueras Consejero de tiempo completo) atrajo el asunto, por lo que está PENDIENTE DE RESOLUCIÓN y ésta será definitiva e inatacable.

 

De ahí que resulta irrelevante si lo de la revista es cierto o no; aunque lo fuera, y no lo es, y tú sabes que no lo es, lo conducente era haber presentado la denuncia respectiva para que se investigara y, eventualmente, se resolviera conforme a derecho. Pero no, tenías que ir y fuiste, de frente, alimentado por quién sabe cuáles oscuros intereses, al desastre. Te explico otra vez:

 

El artículo 241, fracciones I, II, III y VIII, de la Ley Orgánica del Poder Judicial local, establece que son faltas: emitir opinión pública que prejuzgue sobre un asunto que sea o pueda resultar de su competencia; omitir poner en conocimiento del Consejo de la Judicatura cualquier acto tendiente a vulnerar la independencia de la función judicial; omitir preservar la dignidad, disciplina y profesionalismo propios de la función judicial en el desempeño de sus labores; y abandonar el despacho de los asuntos que le correspondan o no desempeñar las funciones o las labores que tenga a su cargo.

 

Pues bien, al emitir la opinión pública que tú y yo conocemos, prejuzgaste sobre un asunto que bien podía resultar de tu competencia; en efecto, a cargo de la Comisión de Disciplina, serían tú y tu Comisión los directa y primeramente encargados de conocer la supuesta falta que denunciaste públicamente; en esa virtud, al prejuzgar, y todavía peor, al hacerlo en atención a un hecho falso, incurres en esa responsabilidad de modo inexcusable. Además, ese posicionamiento te imposibilita, ahora sí que te inhabilita, para conocer del asunto porque te erigirías en Juez y parte, sobre la base de tu prejuicio.

 

Aunque delicada, la situación anterior no sería tan grave de no ser porque en tu afán protagónico, al denunciar las irregularidades administrativas del procedimiento de designación de jueces, omites, de dos formas distintas, preservar la dignidad, disciplina y profesionalismo propios de la función judicial en el desempeño de sus labores.

 

Primero, porque, a quieras que no, tu denuncia pública ensucia, de manera injustificada (porque la forma que elegiste es indebida y porque se basa en un hecho falso), el buen nombre de los jueces, su fama, su prestigio; no se puede, como algún idiota pretendía por ahí, “pobretearlos” y decir, “ellos son muy buenos pero son producto de un proceso cochino”; no señor, es un contrasentido, una memez. Si hubo actos de corrupción en el proceso de designación, al ser los jueces beneficiarios directos del mismo, según tú teoría, son copartícipes a título, por lo menos, de cómplices; y segundo, porque tú omites preservar la disciplina y profesionalismo propios de la función judicial en el desempeño de tu labor pues no actuaste de manera ni disciplinada ni profesional; lo propio, lo correcto y lo legal, era haber puesto en conocimiento del Consejo de la Judicatura esta supuesta anomalía para, una vez investigado el asunto de manera exhaustiva, se resolviera lo pertinente.

 

Con esta omisión, incurres en esta otra: omitir poner en conocimiento del Consejo de la Judicatura cualquier acto tendiente a vulnerar la independencia de la función judicial; en efecto, si estos vicios, según tu parecer, existían y eran relevantes; tendrías que haberlo puesto en conocimiento del órgano del que formas parte; peor aún, tendrías que haberlo hecho desde antes (desde que yo te dije, bobito) y no ¡un año y medio después que se concluyó el procedimiento! ¿Qué pasó todo ese tiempo? ¿Dónde estabas? ¿Haciendo qué? ¿No ibas, no llegabas, no te enterabas? ¿Nadie te dijo? ¿Nadie te avisó? Eso te pasa por no ir, por llegar tarde; por faltista, pues (la otra palabra que lo describe es muy fea).

 

Todo lo anterior, se traduce en un abandono, de facto, en el despacho de los asuntos a tu cargo; la indolencia en tu actuación, tu descuido, lo desprolijo de tu quehacer, la violación al marco legal que rige tu actuación, se traducen en la falta de desempeño de las funciones o labores que tienes bajo tu responsabilidad. De haber actuado con estricto apego a derecho, nada de todo esto habría ocurrido, incluso, en el caso de que el asunto de la revista fuera efectivamente cierto.

 

De hecho, para tu mala fortuna, aunque el fondo de tu denuncia fuera veraz y la revista se hubiera publicado en junio, lo que no es así, te lo repito, te amuelas porque por lo pronto ya pusiste indebidamente a tus compañeros jueces como lazo de cochino y, al órgano del que formas parte, lo dejas como cara de boxeador. Lo que te lleva, directito, a situarte en el supuesto del artículo 57 de la Ley General de Responsabilidades, cuyo tenor es el siguiente: “Incurrirá en abuso de funciones el servidor público que ejerza atribuciones que no tenga conferidas o se valga de las que tenga, para realizar o inducir actos u omisiones arbitrarios, para generar un beneficio para sí o para las personas a las que se refiere el artículo 52 de esta Ley o para causar perjuicio a alguna persona o al servicio público”.

 

Por eso, Joaquín, si conoces la vergüenza y el decoro, y te queda un poquito de dignidad, es que te invito a que los juntes, los hagas bolita y… por el bien de la institución, te vayas del Tribunal.

 

Por último, te digo que sé, porque me consta y les conozco, que algunas de tus amistades son violentas, auténticos peligros; energúmenos de traje y corbata; te advierto que, desde aquí y de manera pública, te hago responsable de cualquier daño o accidente que me ocurra.

 

Sin más y sin saludo, ahí estamos.

 

Luis Villegas Montes.


1 Necedadtontería. Diccionario de la RAE.