¿Gobiernos, patrones y comerciantes: conscientes y comprometidos ante la pandemia? PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Benito Abraham Orozco Andrade   
Domingo, 22 de Marzo de 2020 18:22

 

Benito Abraham Orozco Andrade.

“Italia y España darían lo que fuera por retroceder 2 semanas. Nosotros estamos en ese momento. QUEDATE EN CASA”

Anónimo que circula en las redes sociales

Es precisamente en la desgracia donde mejor se conoce el temple y la calidad humana de las personas, y la pandemia provocada por el nuevo coronavirus (COVID-19) es la oportunidad perfecta para demostrar quiénes somos.

Las medidas preventivas que han sido indicadas por instancias locales, nacionales e internacionales de salud, definitivamente no son un juego, pero desafortunada e irresponsablemente son muchas las personas que las desatienden, e innecesariamente siguen realizando actividades fuera de casa, como si nada pasara. La sana distancia y el no tener contacto con los demás no han sido sus prioridades, exponiéndonos a todos a un contagio mayor que tarde que temprano complicará más la difícil situación por la que estamos pasando.

La paciencia, la solidaridad y el optimismo deben prevalecer en estas semanas -¿meses?- aciagas, pues el resguardo en las habitaciones de la misma casa será nuestra mejor arma para evitar el contagio, y la convivencia con nuestros seres queridos implicará un compromiso mutuo de cuidado de la salud física, mental y espiritual. Habrá que ser creativos para que niños, adolescentes, adultos y personas de experiencia acumulada, pasemos esta complicada etapa con la mayor armonía posible. Desde la distancia, por los medios de comunicación tan avanzados, interactuemos con quienes no están presentes, sobre todo con aquellos que se encuentran solos. Igualmente apoyemos a quienes lo requieran, pues poco o mucho que podamos aportarles, indudablemente les será de gran utilidad.

Por otra parte, corresponderá a las autoridades de los distintos niveles de gobierno ofrecer a sus gobernados, electores y mandantes, lo necesario para que pueden sobrellevar la contingencia que nos ocupa, estableciendo las medidas a que haya lugar para que no se preocupen de momento por el pago de recibos de energía eléctrica y agua, así como de las diferentes contribuciones y declaraciones fiscales y patrimoniales, entre otras cuestiones, retomando en su momento lo anterior, con plena consciencia de las afectaciones que cada quien haya tenido y de las posibilidades reales para reponer lo omitido. Por cierto, en observancia de la responsabilidad que debe prevalecer, ya es momento de que ningún empleado de institución pública labore en las oficinas si no es indispensable, y cuando sea factible que lo hagan desde casa.

Asimismo, los gobernantes deberán hacer un esfuerzo para proveer a quienes requieran de lo indispensable para sobrevivir -principalmente a las personas que no tendrán un ingreso económico seguro en esta temporada-, entregando y/o poniendo a su disposición despensas, insumos y servicios mínimos para su higiene y sanitización, así como la infraestructura adecuada en caso de que requieran atención médica, entre otros aspectos no menos importantes. No habrá que esperar a unas elecciones intermedias para pronosticar cual será el futuro de un gobierno. La pandemia será la condición que el destino les ha impuesto a quienes pretendan una buena imagen de su gestión, incluso para quienes quieran trascender a otro periodo más de gobierno.

Italia, España y destacadamente El Salvador, de entre otros países, han puesto el ejemplo sobre lo anterior.

En cuanto a las empresas, aquellas que no han cerrado y que no tienen considerado cerrar, deben actuar con responsabilidad ante sus empleados y no exponerlos al contagio, lo que es casi imposible atendiendo a las experiencias de otras latitudes, pues se insiste que la mejor medida es el aislamiento en casa. Respecto de las que ya cerraron, deberán mostrar un sensible compromiso con sus trabajadores, pues a estos no se les deberá dejar sin su salario, y tampoco se les deberá exigir un horario y actividades estrictas, como si ellos hubieran provocado la pandemia para estar de vacaciones. Lo que estamos viviendo es complicado para todos.

No obstante, existen empresas con una situación económica desfavorable, ante lo cual sus empleados también deberán mostrar consciencia y solidaridad, y en la medida de lo posible convenir la reducción temporal del salario hasta donde se pueda (con el compromiso de su posterior reposición), pues la contingencia al parecer no será por semanas, sino por meses, y se correría el riesgo de que se perdiera la fuente de trabajo. Aquí también se requiere del apoyo decidido del gobierno, para que la afectación a la economía nacional no sea tan severa.

También tenemos la situación de quienes comercian con bienes y servicios, pues no es la primera vez que ante la alta demanda de los mismos (aunque sea por las irresponsables compras de pánico) lo encarecen todo aprovechándose vilmente de la emergencia que vivimos los mexicanos. Por ejemplo, hace dos o tres semanas un galón de gel antibacterial tenía un costo de aproximadamente $130.00 pesos, y actualmente lo ofrecen hasta en $500.00 pesos.

Será menester que se vaya elaborando un registro objetivo de todos aquellos gobernantes, patrones y comerciantes que se muestren insensibles y miserables ante las complicaciones que estamos padeciendo, el cual se dé a conocer en las redes sociales para que cada quien valore si sigue simpatizando y/o recurriendo a ellos.

Merecido reconocimiento

En estos momentos, resultan aún más invaluables los servicios que nos ofrecen las y los médicos, enfermeros, personal de limpieza y de recolección de basura, químicos bacteriólogos y parasitólogos y demás personal involucrado directa e indirectamente, en lo público y en lo privado, en el cuidado de nuestra salud. Igualmente, se aprecia sobremanera la labor de amas de casa y trabajadoras del hogar, así como de proveedores de bienes y servicios, quienes indudablemente contribuyen a inhibir cualquier contagio y a sobrellevar nuestro necesario aislamiento en casa. A todas y a todos ellos (como a las demás personas que involuntariamente se omitieron), el más alto reconocimiento, respeto y consideración.

 

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