Los estudiantes en la Nueva España de la Época Medioeval PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Isaías Orozco Gómez   
Domingo, 24 de Mayo de 2020 12:44

Isaías Orozco Gómez.

 

         Nunca, los seres humanos, entre ellos los adolescentes y los jóvenes, han pasado y o tenido una plena VIDA color de rosa. Por una u otra causa de origen natural o provocada por el mismo hombre y mujer a través de los milenios, todos los pueblos que habitaron y habitan el Globo Terráqueo han experimentado o vivido eras o épocas de claroscuros, algunas fatales. ¡Vamos!, tan es así, que hoy por hoy, y no sabemos hasta cuando se llegará a la fase crítica, por la inesperada y repugnante pandemia generada por  el Coronavirus (Covid-19), no sólo carecemos de una vida plena color de rosa, sino que las veinticuatro horas del día, estaremos  pendientes o sujetos –científico y técnicamente– a lo que  está marcando o señalando en materia de prevención y cuidado sanitario el semáforo de cuatro colores (rojo, naranja, amarillo, verde) que nos indicará el ritmo de ir reanudando las diversas actividades cotidianas.

         En el universo humano destacamos a los adolescentes y jóvenes, teniendo presente que desde hace décadas el día 23 de Mayo de cada año, se celebra el “Día del Estudiante”; y que, precisamente por efectos del Covid-19, en esta ocasión su acostumbrado festejo no fue colectivo, masivo, en sus respectivas instituciones y planteles de Educación Media Superior y Superior o en determinados centros recreativos  al lado de sus condiscípulos y de sus maestros, sino que tuvieron que quedarse en casa y ahí, autofestejarse.

         Por lo que, aunque sea tres días después de su Día: los FELICITAMOS y deseamos que aun a distancia, virtualmente o en línea (Cibernéticamente) sigan adelante con sus estudios, firmes con sus procesos de enseñanza-aprendizaje, en consciente respuesta a los deseos y esperanza de sus padres, de su familia, y de toda la sociedad. Y, bueno, de los males los menores. Más bien que mal, oportunamente, una importante cifra de hogares y por ende, de nuestros estudiantes, cuentan con computadoras, celulares, tabletas…; lo que les permite intercomunicarse con sus docentes y compañeros de equipo para proseguir con el estudio e investigación de los temas señalados en sus planes y programas de estudio respectivos. Y eso, constituye una positiva y  gran ventaja que no debe menospreciarse o desaprovecharse, pues, guardados los espacios y los tiempos, las circunstancias, durante el dominio del imperio español  medieval, durante la época colonial impuesta en la otrora Nueva España, éstos son algunos de los rasgos que caracterizaban la educación de entonces.

         Es de ponderarse, que a mitad del S. XVI ya existían tres universidades en América Latina: la de Santo Domingo fundada en 1538; y las del virreinato de México y de Lima fundadas en 1553. Todas las  universidades fueron creadas a imagen y semejanza de la de Salamanca (España) y, en menor medida, de la de Alcalá de Henares (España). Las cuales contaban con cinco facultades –Teología, Cánones, Leyes, Medicina y Artes–, y el rector poseía suficiente autoridad sobre profesores y estudiantes o sobre el funcionamiento del centro educativo –incluidas competencias judiciales con posibilidades de imponer castigos en los que no hubiera mutilación o muerte–, que frecuentemente había disputas con los burócratas de la colonia, incluidos los mismos virreyes.

         Como se llevaba en  Europa, el latín era la lengua de estudio, y en ese idioma se dictaban las clases, generalmente de una hora, período calculado por medio de ‘relojes’ de arena. Los estudiantes tenían que permanecer en silencio, salvo si se les pedía que intervinieran; y para graduarse les bastaba con asistir regularmente, siendo los bedeles o prefectos los que pasaban lista; ya que no existían exámenes de asignatura, aunque sí de grado; y era costumbre, cuando terminaban los estudios de licenciatura o doctorado, someterlos a unas bromas mordaces llamadas vejámenes.

         Las clases seguían el viejo método medieval basado, entre otras razones, en la ausencia de suficientes libros, se trataba de lecturas y de comentarios a los textos desde diversas perspectivas: literaria, histórica, espiritual, alegórica. Eso era la LECTIO, y constituía la esencia de la pedagogía de la Edad Media, en algunos casos prolongada hasta los siglos XVIII y XIX. Principalmente leían a los AUCTORES, de donde se derivaba la palabra AUCTORITAS, autoridad; o sea, creadores irrefutables que encerraban toda la verdad, una verdad que ya había sido hallada y que, por lo tanto, no debía ponerse en duda.

Lo anterior, era el método escolástico: redescubrir racionalmente las verdades por medio de la explicación o del comentario, no mediante el examen de la realidad ni como resultado de la experiencia. Se sostenía: Verba, non res, la palaba, no la cosa, es lo importante. Claro que esa fascinación casi fetichista por la palabra, especialmente por la escrita, era razón más que suficiente para los “ideólogos” católicos, ya que el objetivo final del conocimiento es ascender hasta las Sagradas Escrituras.

Durante el medievo la lista de AUCTORES era casi siempre la misma: Donato para la gramática, Cicerón y Quintiliano para la retórica, Galeno y Constantino (el Africano) para Medicina, el CORPUS IURIS CIVILIS de Justiniano para el Derecho, y Porfirio y Boecio para la filosofía. Así, al ALUMNUS –al nutrido– se le alimenta con unos textos que DEBERÁ ASIMILAR SIN CUESTIONARLOS porque pocas cosas podía haber más ingratas a los ojos de Dios que la SOBERBIA INTELECTUAL. Ni siquiera bastaba ser un maestro reconocido para poder tener ideas propias.

Por cierto, durante la Edad Media, un centro de enseñanza era considerado como universidad por las siguientes dos razones: por la UNIVERSALIDAD de sus alumnos y maestros y por la UNIVERSALIDAD de los CONOCIMIENTOS que impartía. Generalmente el plan de estudios lo constituían el TRIVIO (formación humanística: gramática, retórica y dialéctica) y el CADRIVIO (ciencias positivas: astronomía, aritmética, geometría y música).

Bien, adolescentes y jóvenes estudiantes, apreciables lectores en general, que la presente colaboración nos motive a continuar conscientemente con nuestra preparación pedagógico-académico-profesional superando al máximo el entorno del momento, pues indudablemente el SEMÁFORO más pronto que tarde, se pondrá en “VERDE: COTIDIANO REANUDACIÓN DE ACTIVIDADES ESCOLARES, SOCIALES Y DE ESPARCIMIENTO”.