¿Electores imbéciles? PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Benito Abraham Orozco Andrade   
Lunes, 25 de Mayo de 2020 19:14

 

Benito Abraham Orozco Andrade.

 

Cuando una persona se presenta en una casilla electoral a emitir su sufragio, no le es exigible que se comprometa a responder por los actos de las personas por quienes haya votado y que resulten electas. Ninguna disposición constitucional o legal así lo establece, y mucho menos el sentido común.

 

Diversos son los motivos por los que alguien, primeramente, se decide a participar en las elecciones y, segundo, a optar de entre las diferentes propuestas que aparecen en la boleta.

 

Para Giovanni Sartori, en la lección 5 de su libro “La democracia en 30 lecciones”, refiere que las elecciones expresan, en su conjunto, la opinión pública, y que el público en general nunca está muy informado, que no sabe gran cosa de política y no se interesa demasiado en ella. Además, señala que la democracia electoral no decide las cuestiones, sino que decide quién las decidirá, y que la patata caliente pasa así del electorado a los electores (sic), del demo a sus representantes.

 

Pues bien, esa opinión pública que se expresa a la hora de elegir a los representantes populares, entre otros motivos que tiene para rendirle su confianza a alguien en ese acto, en ese momento, tiene que ver con su percepción de cómo se han venido comportando quienes les han gobernado en otras ocasiones. Así, puede volver a darle su confianza a quienes lo han hecho bien o, por el contrario, reprocharles con su negativa un mal - ¿pésimo? - desempeño.

 

Igualmente, desde su privilegio, cada quien elige a quien mejor le convenga. Si alguien ha sido favorecido por gobiernos corruptos y/o que tienden a privilegiar a determinada clase social a la que pertenece, pues votará nuevamente por ese grupo, independientemente de lo inmoral e injusto que resulte. No obstante, la otra cara de la moneda, si durante años o décadas se ha tenido que estar padeciendo esas corruptelas y malos gobiernos, seguramente buscará mejores opciones (o menos peores) desde su ausente o limitada formación e información político-electoral.

 

También hay que considerar que las personas que se postulan para ocupar un cargo público (y quienes las apoyan), difícilmente hablarán de sus debilidades o de su falta de voluntad para cumplir sus promesas de campaña. Entonces, cómo poder saber que quien se presenta ante el electorado como una persona impecable, con todas las cualidades para ser un buen gobernante, finalmente fallará.

 

En tales condiciones, si esos fracasos se vienen dando elección tras elección, sea cual sea el cargo y nivel de gobierno, entonces la opinión pública expresada a través de las urnas, de la misma manera ha venido cometiendo desatinos. Serán unas personas en determinada ocasión y otras en distinta, pero, al fin y al cabo, todos haciendo una mala elección.

 

Lo anterior viene a colación porque, ante tanto apasionamiento y polarización que ha tenido lugar entre los detractores y los seguidores del presidente de la República y de algunos gobernadores y presidentes municipales,  se ha llegado al exceso, mediante múltiples mensajes (videos o textos) que circulan en las redes sociales, de llamar a quienes votaron por alguno o algunos de ellos como imbéciles, estúpidos, pendejos…, entre otros improperios que demuestran una grave falta de respeto ante quienes, en su momento y en determinadas condiciones que se vivían en el país, estados y municipios, lo único que hicieron es ejercer su derecho a votar. No se trata de juzgar el desempeño de quienes actualmente gobiernan ni de generar más enconos, sino de destacar una situación que ha nadie favorece.

 

Si damos por hecho que quienes con su decisión para elegir a determinados gobernantes que a la postre han tenido un pésimo desempeño (en el caso que sea), merecen los calificativos referidos, entonces también hay que considerar que se pudiera estar “escupiendo para arriba”, pues quien está denostando, muy seguramente habrá tenido una mala o malísima elección en alguno o en todos los cargos en los que haya ayudado para que ganaran, si no es así, pues felicidades, habrá que ver y reconocer a quienes sí han tenido un ejercicio impecable.