La Cantina, donde la palabra se humedece PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Fray Fernando   
Lunes, 06 de Julio de 2020 11:35

Fray Fernando.

 

Para mi amigo Arturo Martínez Ávila: por su pronto restablecimiento

 

Vidas cotidianas

 

En este tiempo de pandemia me he reencontrado con muchos compañeros que había perdido en el transcurrir del tiempo. Desde luego charlamos y recordamos el rico anecdotario que en el pasado nos unió en diversas tareas: magisteriales, fundación de colonias, fraternidad de barrio, sindicales y desde luego sociales.

 

La inmensa trama de sucesos acontecidos da para cientos de cantinas. Por ahora comparto una que aconteció allá por 1986, cuando el Movimiento Urbano Popular estaba en su apogeo.

 

Resulta que un compañero, de cuyo nombre si me acuerdo pero no lo digo por respeto a su anonimato, fue denunciado por su esposa por andar en malos pasos. La ofendida se presentó ante el Comité Central del Comité de Defensa Popular (CDP) y en el pleno acusó abiertamente a su pareja de infidelidad y traición.

 

Fíjense compañeros, el Juan (nombre ficticio) anda de novio.

 

¡Cómo fregados!-exclamaron en coro los miembros del Comité-¡Cómo puede haber hombres así!

 

Pues así es compañeros, -refrendó la ofendida-, y exigió un llamado de atención a su pareja.

 

El reclamo motivó a que el felón fuera llamado a cuentas y a partir de ahí un selecto grupo de compañeros recibió el encargo de hablar con el bajo la meta de que reconociera su error y enmendara su camino: por su bien, por la Revolución Proletaria y quizás hasta por la salvación de su alma.

 

Visto así, se le interrogó desde una postura fraterna y hasta paternal. El citado solo escuchó y aguantó a pie firme las intervenciones de la comisión quienes adoptaron un papel de salvadores de la moral revolucionaria y llamaron al denunciado a aceptar sus errores. También le hicieron ver las ventajas de regresar con su compañera de origen con quien había compartido infinidad de luchas: el Movimiento Inquilinario, las invasiones iniciales, los enfrentamientos con la policía y esquiroles, la carestía, el rechazo de sectores de la población, las exigencias por la regularización de la tenencia de la tierra y la instalación de los servicios públicos y muchas cosas más.

 

Así mismo le aseguraron que el camino hacia el socialismo estaba franco y pronto la Revolución Proletaria triunfaría y esto requería de los mejores hombres y mujeres para su logro, y él, que como todo ser humano estaba expuesto a cometer errores, era uno de los elegidos para conseguir el triunfo del “pobrerío”. Luego entonces, lo mejor era que reconsiderara su “pecadillo” y retornara al hogar primigenio.

 

El acusado soportó 5 horas de argumentos, consejos, “regaños”, consecuencias y sufrimientos. Jamás replicó, solo se dedicó a escuchar, a mover los ojos, fumar, y a cambiar su postura corporal para descansar.

 

En un momento dado los comisionados garantes de la virtud revolucionaria se convencieron de que su actuación había sido exitosa y uno de ellos se levantó, palmeó en la espalda al malandro y con énfasis le dijo a la par de conminarlo a rectificar su vida.

 

Ándele compañero, ya pasó todo. De aquí se va para casita. Con su compañera de lucha y a empezar de nuevo.

 

Seguro-dijo otro- ¿Ya va para allá, verdad?

 

El acusado que aguantó sin inmutarse la sesión de poco más de 5 horas y en ningún momento habló, finalmente lo hizo y exclamó con resolución:

 

¡¡No compañeros, no se puede vivir con un perro!!!

 

NOTA AL MARGEN: Queda claro que esta fue la versión del acusado y a lo mejor el perro era otro.