Todo encarecido y el pueblo sin dinero PDF Imprimir E-mail
Opinión - Devenir
Escrito por Benito Abraham Orozco Andrade   
Lunes, 06 de Julio de 2020 16:44

Benito Abraham Orozco Andrade.

 

Pudiéramos tratar de entender a través de la ley de la oferta y la demanda la elevación de precios de múltiples productos, sobre todo los de la canasta básica, pero las condiciones de parálisis parcial de la actividad económica con motivo de la pandemia del Covid-19, imponen un panorama muy peculiar.

 

Las autoridades sanitarias permitieron desde el inició de la contingencia, que diversas actividades a las que llamaron esenciales continuaran para evitar el estancamiento total del país, entre otras las de los sectores fundamentales para la economía, como lo son las relacionadas con las gasolineras, agua potable, industria de alimentos y bebidas no alcohólicas, mercados de alimentos, supermercados, tiendas de autoservicio, abarrotes, transporte de carga, producción agrícola, etc.

 

Indudablemente la cadena productiva se vio afectada en mayor o menor medida, dependiendo de la actividad económica de que se trate, pero el encarecimiento de productos ha sido exponencial, a grado tal que en el caso de los alimentos han tenido un incremento de hasta un 50% por ciento en algunos de ellos. Una bolsa de arroz que antes costaba aproximadamente 23 pesos, ahora cuesta 39 pesos, o el precio de la carne (ya sea de res, pollo o el pescado), han tenido un incremento que va del 25 al 30%, cuando menos. Lo mismo ocurre con el huevo, el frijol, cereales, aceite comestible y el queso, que han ido al alza. Los anteriores son sólo algunos ejemplos de los múltiples casos relacionados con la canasta básica.

 

Por otro lado, el tener que permanecer más tiempo en casa, implica un mayor consumo de energía eléctrica y de agua potable, en lo que la población ha percibido un aumento desproporcionado en el importe de los recibos correspondientes, aún y cuando las autoridades competentes habían ofrecido una consideración especial ante la pandemia. El gusto por el bajo costo de las gasolinas nos duro muy poco -mientras estábamos en semáforo rojo-, y actualmente están retornando los altos precios que se tenían.

 

Pero a los productos que cotidianamente habíamos venido adquiriendo, habrá que agregarle lo relativo con el cuidado de nuestra salud ante esta nueva (a)normalidad, como lo son los cubrebocas, el gel antibacterial, las caretas de acetato, los líquidos sanitizantes, más cantidad de jabón para manos y ropa, entre otros. Por dar un ejemplo, un cubrebocas de mediana calidad y protección, que antes tenía un costo de 2 pesos, a la fecha se consigue en 9 pesos. Quizás esto nos haga suponer que muchas personas que no utilizan el cubrebocas cuando salen de casa, lo hacen por falta de recursos para su adquisición, y no por irresponsables.

 

Si retrocedemos a inicios del mes de marzo pasado, la economía de millones de personas era ya precaria, y si consideramos el encarecimiento desmedido de un sinfín de productos, así como la pérdida o afectación de millones de empleos en estos últimos meses, el “bienestar” de la gran mayoría de familias mexicanas está por los suelos.

 

Ante el escenario tan desolador que se está viviendo, es menester la actuación inmediata y decidida de las autoridades de los tres niveles de gobierno, para que en los bienes y servicios que ellos ofrecen, haya una efectiva y sensible consideración hacia el pueblo. Además, es urgente que intervengan ante la iniciativa privada a efecto de que lleguen a acuerdos en favor de la economía familiar, y que regulen y/o sancionen, en su caso, el incremento exagerado en el precio de múltiples productos. En pocas palabras, es momento de que saquen la casta y demuestren a quienes los eligieron, que en realidad son su prioridad.

 

Estamos en una situación en la que debe prevalecer la solidaridad por parte de todos.