La Cantina, donde la palabra se humedece PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Fray Fernando   
Martes, 17 de Noviembre de 2020 10:47

Fray Fernando.

 

Lo que tapa ayuda.

 

Octaviano comenta con su amigo Héctor los cambios que la pandemia acarrea, especialmente los relacionados con la sana distancia: “Fíjate, antes, cuando venían de visita mis nietos éramos todo sonrisas”. Octaviano se refería a ese gesto muy humano que la gente comparte con conocidos y desconocidos; esa expresión que se intercambia con los vecinos al salir por la mañana o con las personas que te ceden el paso o te saludan en la calle. Las sonrisas quizás sean mínimos gestos de cortesía forjados en la historia humana; señales mediadoras que contribuyen a hacer menos intensa las ansiedades y preocupaciones. Pero ¿Qué pasó? Ahora las sonrisas, ni las Colgate, pueden verse, nos hemos quedado sin sonrisas.

 

Héctor que le da por filosofar devuelve el comentario: “Bueno, pero podemos imaginarlas debajo de la mascarilla ¿A poco cuando vez una dama bonita no se dispara tu mente para inventar fantasías más allá de la cara preciosa?” o sea, dice Octaviano: “a ojo tapado, imaginación placentera”.

 

Los dos filósofos del pueblo tal vez se refieran a la capacidad cerebral de dar continuidad, vínculo y significado a lo que vemos. Así, reconocemos un billete completo de 500 pesos con solo ver la figura de Hidalgo; o advertimos la cara y cuerpo de la persona amada con ciertos lugares, olores, prendas y recuerdos. Los que han perdido la vista-generalmente por la diabetes- también reconstruyen imaginariamente “el mundo perdido”.

 

“Todo es cosa de imaginación”, dice Héctor, “y por eso, con mascarilla o con ella debiéramos ver a todos con los que compartimos esta vida como hombres y mujeres como buena onda en lugar de estar renegando contra la situación, las autoridades, Dios y las propias personas”

 

“Pues dirás bien”, contesta Octaviano, “pero a ti sin duda la nueva moda te beneficia en la realidad, en lo que se ve”. Héctor intrigado de inmediato cuestiona: “¿Por qué me socorre?”

 

“Pues simplemente porque todo lo que te tape la cara te ayuda”