El 25 de marzo de 1866 y la defensa de nuestra Constitución PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Mario Alfredo González Rojas   
Lunes, 22 de Marzo de 2021 14:26

Mario Alfredo González Rojas.

 

Los chihuahuenses no debemos perder de vista nuestra historia, la que es muy rica, y de la que muchos saben muy poco, porque ha faltado la divulgación necesaria. En breves palabras: aquí se vivieron momentos estelares de los grandes movimientos sociales, como la Independencia, la resistencia a la Segunda Intervención francesa en la imagen del Imperio de Maximiliano, y La Revolución Mexicana.

 

¿Cuánto sabe usted de estas tres etapas de la transformación de México? Por hoy recordaré la fecha del 25 de marzo de 1866, en que se sostuvo una batalla entre el ejército republicano encabezado     en Chihuahua por Luis Terrazas y las fuerzas del Imperio, formadas por soldados franceses y conservadores mexicanos. Muchos conocemos el Salón 25 de marzo de Palacio de Gobierno, el que lleva tal nombre por la batalla mencionada.

 

La mañana del 25 de marzo como a las nueve, comenzó el enfrentamiento en la Plaza de Armas y sus alrededores, desalojándose a imperialistas de algunos edificios. Terrazas avanzaba por las calles Victoria e Independencia, siendo muy difícil para los republicanos acabar con la resistencia de los imperialistas, porque un gran número de estos se hallaban dentro de Catedral, y no había de momento la forma de hacerlos salir del inmueble.

 

Fue entonces que Terrazas tuvo la brillante idea de ordenar al general Sóstenes Rocha, que utilizara su artillería, y para tal efecto, desde lo que ahora es el Parque Lerdo, entre las calles Coronado y Ocampo, se disparó una bala de 8 kilos que vino a dar a una de las campanas de Catedral, partiéndola en dos. Ante el tremendo estruendo, se produjo un enorme impacto en los atrincherados, quienes salieron de inmediato a la Plaza de Armas.

 

Y se combatió en lo que ahora es la Líber, la calle Victoria, Aldama, etc. En todo el Centro Histórico convertido en peatonal por la Administración de Marco Quezada. Para las 11 de la noche de ese día se acabó la batalla con una victoria para los republicanos, y con la captura de más de 200 prisioneros.

 

Esta parte épica, esta epopeya de nuestra historia tuvo su razón de ser en el antecedente de la defensa de la Constitución de 1857 y de las Leyes de Reformas, ante los intereses oscuros de grupos privilegiados. Hasta allá se remonta el origen de la lucha contra el Imperio de Maximiliano, sostenida por los celosos defensores de la ley. Al sentirse Ignacio Comonfort incapaz de sostener la Constitución, prefirió renunciar y luego pasar al bando contrario, al de los que perdían con la nueva Carta Magna, los privilegios heredados desde los tiempos del Virreinato.

 

Nada de andar buscando las reformas a la Constitución, para acomodarla a sus intereses, nada de imponer caprichos personales y de grupo. Benito Juárez solía decir, ese principio general del derecho que proviene del derecho romano, “la ley es dura pero es la ley”. Y en esa máxima mantuvo la austeridad y serenidad republicanas. Esta fue la segunda gran transformación del país, catalogada así por la posterior reflexión histórica, no llamada así, antes de los hechos acontecidos en la vida nacional. Como reconoce la sabia reflexión: ¡por sus hechos los conoceréis!

 

Costó sudor, sangre y lágrimas sostener la Constitución que estableció la libertad de cultos, la libertad en la educación y la libertad de expresión, entre otros principios. Eran tiempos de guerra, no de “mayoriteos” en el Congreso.

 

Se combatió con la espada en los campos de batalla y con la espada de la razón, sustentada por la ley.