Roberto Campos RoCa: ¡Adiós Carlos Montemayor! PDF Imprimir E-mail
Cultura - Arte y Cultura
Escrito por Roberto Campos RoCa   
Martes, 02 de Marzo de 2010 06:50

Es tiempo de estar un poco tristes, pero sin aflicción. También es tiempo de una lágrima, pero sin sollozos. Además, sigue siendo tiempo de reclamos, pero sin señuelos. Será entonces, como morir un poco más, pero sin defunción.Carlos Montemayor no vive más entre nosotros.
 
El entrañable paisano, amigo, camarada y también compañero de dos generaciones simultaneas y complementarias; la de haber nacido en la segunda mitad de los cuarentas en el estado de Chihuahua, y la de haber emergido políticamente en los aires libertarios del movimiento estudiantil de 1968.
 
El cuerpo de Carlos pudo ser derrotado solamente por la aflicción personal de un cáncer estomacal de tipo terminal.
 
El pensamiento y los sentimientos de Montemayor jamás pudieron ser doblegados por el imán engañoso del sistemático régimen político mexicano, cuyo cáncer social congénito, pestilente, epidémico y corrupto, nos ha acompañado desde los inicios del siglo XX, y del muy pocos han querido o podido liberarse.
 
Un hombre de acontecer plural, de militancia profundamente humanística, de razonamiento crítico y certero, de analista objetivo y científico, de músico sensible y cantoral, de poeta enamorado de las letras indigenistas y modernas, de periodista autentico, de militante de la causa social por los de abajo, de arraigo amoroso por su familia, su tierra natal, su nacionalidad y su universalidad, desprendido siempre del culto al egoísmo individual y habilitado permanente de una conciencia política e ideológica incorruptible, que lo hacía ser congruente y aparecer como uno de los protagonistas responsables del futuro histórico de América y del mundo.
 
Montemayor fue admirado públicamente, pero siempre anatematizado privadamente, tanto por la “clase política” y los poderes facticos, como por la mayoría de los “analistas y academicistas”, que hoy constituyen la “opinan publica…da” cuasi oficial, los que de manera disfrazada de “critica positiva y propuestal”, se han convertido en los panegíricos del régimen Prianista, y que han hecho de su posición profesional un “modus vivendi” acorde y tolerante al “statu quo”.
 
El pleito de Carlos con el sistema capitalista no fue temporal, sino prenatal y post mortem. Por ello decidió, en el umbral de su inevitable muerte física, impedir los funerales de estado y los fatuos homenajes que los enemigos siempre prodigan a sus contrarios, y que los realizan más por celebrar la baja de un adversario, que por lamentar la pérdida de un activo de las fuerzas liberales y progresistas de nuestra nación y del mundo.
 
¡Adiós Carlos!
 
Seguros de que tus sentimientos y pensamientos políticos seguirán siendo solidarios y beneficiarios para los marginados sociales, en quienes nunca perdiste la fe y la confianza de que, al final, terminaran reivindicando sus propis intereses históricos de clase, liberándose a sí mismos y liberando a la sociedad entera de la explotación y la dominación perniciosa del neoliberalismo económico.
 
Tu reencuentro con los Gámiz y los Gómez caídos en Madera, con los Gardea y los Rascón Banda, y tantos paisanos chihuahuenses que están por allá, será apoteótico, y reforzará sin duda, el espíritu de la lucha que los de acá, tendremos que continuar, ¡hasta la victoria, siempre! 
 
Roberto Campos RoCa
 

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