¡Clausuran! Brillante 4o. lugar general de México en los Juegos Panamericanos 2011 Imprimir
Noticias - El País
Escrito por Redacción   
Lunes, 31 de Octubre de 2011 06:32

Zapopan, Jal..- Terminó el sueño panamericano de los deportistas nacionales en Guadalajara 2011, que ya es un hito en la historia del país por las 42 preseas de oro, 41 de plata y 50 de bronce que cosecharon en 16 días, para ocupar el cuarto lugar en el medallero de la justa continental, lo cual no se lograba desde hace 36 años. Si la inauguración se apegó con creces al concepto de espectacular, la majestuosa ceremonia de clausura no fue menor, conteniendo motivos adicionales de festejo, más allá de las palabras de los dirigentes, por la sobresaliente actuación de los competidores anfitriones que dieron brillo a la llamada Fiesta de América, al lado de 41 delegaciones.

 

La revisión al ingreso fue tan minuciosa como en la inauguración. El inmueble estuvo custodiado por el Ejército y las policías federal, estatal y municipal.

Como mandan los cánones del protocolo, primero fue el Himno Nacional interpretado a capela por Ely Guerra, ataviada con un elegante vestido verde esmeralda.

Vino el recuento de lo más destacado de cada jornada en las 36 disciplinas que se disputaron, en las cuales 6 mil atletas lucharon con tesón para subir al podio, mientras los miles de espectadores presentes reconocían con aplausos la entrega de los locales, cuyas imágenes se iluminaban más con los fuegos artificiales en el estadio Omnilife.

La nostalgia del adiós apareció en el desfile de abanderados, quienes caminaban sonrientes y con la mano se despedían de todos. Ahora el portador del lábaro patrio fue el doble monarca continental de clavados Yahel Castillo.

En un instante los contingentes de cada país llenaron el escenario, alegres, contentos, desenfadados, ya sin la presión de la rivalidad deportiva, transformada esta noche en hermandad.

Lo mismo portaban máscaras que ondeaban banderitas de sus países. Llevaban sombreros de charro, mientras otros captaban el momento histórico con sus celulares o cámaras digitales.

Fueron 647 los orgullosos representantes nacionales quienes escribieron la nueva historia, que para algunos es el inicio de un nuevo ciclo de éxito.

Espacio de honor se dedicó a la premiación del maratón, que ganó el brasileño Solonei Silva, acompañado de los colombianos Diego Alberto Colorado y Juan Carlos Cardona, plata y bronce, respectivamente.

Igualmente los voluntarios fueron objeto de reconocimiento especial, representados en el estadio por un grupo de los más destacados, quienes recibieron una medalla simbólica.

El gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, dijo que más allá de construir la Villa Panamericana e instalaciones deportivas, queremos decir al mundo que el México que hemos visto es el que queremos todos, por lo que insistió, con voz entrecortada: Vamos por las olimpiadas, lo que produjo aplausos, aunque luego escuchó silbidos.

Mario Vázquez Raña, presidente de la Organización Deportiva Panamericana (Odepa), fue abucheado, pese a felicitar a Guadalajara por la organización de unos juegos maravillosos y espectaculares, para rematar con la tradicional cortesía los mejores de la historia, mientras en las pantallas proyectaban la imagen del presidente Felipe Calderón Hinojosa y su esposa Margarita Zavala, presentes en el palco de honor del inmueble.

Cuando la rechifla aumentó sonó más fuerte el grito de México, México, México. Entonces pidió con la mano derecha que guardaran silencio, pero en respuesta recibió abucheos, sonrió y omitió declarar la clausura: “de los décimos… decimosextos…”, para dar la bienvenida a la siguiente sede: Toronto 2015.

Canadá, la siguiente parada

Siguió el retiro de las banderas del Comité Olímpico Internacional y de la Odepa, para entregar la estafeta a Toronto, Canadá, que recibió el alcalde, Rob Ford, quien a su vez la cedió a Bal Gosal, ministro de deporte de Canadá.

Luego de 2:30 horas, en medio de la alegría desbordada de los miles de asistentes, se acabó la llamada Fiesta de América. Rosalía A. Villanueva y Jorge Sepúlveda; Georgina García, La Jornada