O volvemos a la historia, tumbando puentes, o nos lleva... El tren! Imprimir
Opinión - Columnas
Escrito por Mario Alfredo González Rojas   
Domingo, 09 de Febrero de 2020 22:23

Mario Alfredo González Rojas.

 

O los valores históricos o la afluencia de turistas, esa es la disyuntiva que flota en la comunidad nacional, a raíz del deseo de López Obrador, de acabar con los puentes, los días feriados. Es decir, hacer el desfile o la parada cívica, el mero día, no en otra ocasión, contando con menos asistencia y hasta con público cautivo al que se saca de trabajar. Desde el gobierno de Fox, empezamos en el país con esta clase de días de descanso, al establecerse en el calendario de días inhábiles tanto para el estudiantado como para los trabajadores.

De esta manera se distrajo de la atención a los mexicanos, hacia sus días festivos en alusión a fechas significativas de nuestra historia. Si antes había ignorancia y apatía por las grandes efemérides, a partir del reinado "ocurrente" del guanajuatense, de plano la historia de México se desdibujó para mucha gente de forma deplorable. Se dijo que el nuevo calendario era para alentar el turismo y el comercio, para detonar la economía, en aras del desarrollo del país.

Y claro, los alumnos de las escuelas aplaudieron encantados, al igual que sus mentores y la clase trabajadora, por el regalo de días de asueto. Vinieron los fines de semana largos, "como un bálsamo en un país tan agobiado por el cumplimiento de tantas y tantas obligaciones", expresa la ironía popular. En este concepto, nuestros lazos de identidad nacional forjados por la historia, se soltaron más del abrazo que nos unía como nación.

Usted pregúntele a un alumno, la razón de cualquier puente y pocos serán los que atinen a contestarle, que es por el significado de tal o cual fecha histórica. Ahora con la intención del presidente, se cae el criterio enano del secretario de Educación Pública, el que expresó hace meses con relación a los puentes del ciclo escolar 2019-2020, que con los fines de semana así confeccionados, habría la oportunidad de que comentaran los padres de familia con los hijos, sobre la importancia de las fechas históricas. Habrase visto tal sandez!

Ya me imagino a la mamá, al papá, comentando en la hora de la comida, mientras los retoños atienden más al celular que a los platillos, en amena plática sobre la "Marcha de la lealtad", el "5 de Mayo", la "Constitución", el "Grito de Independencia", etc. Qué escenas tan conmovedoras de unión familiar y fervor patrio, señor Esteban Moctezuma, llegó a imaginar usted que se realizarían, gracias a los puentes. Ahora no sé qué ira a imaginar y a decir, con la propuesta que trae su patrón entre manos, sí, el que lo puso a usted en el cargo, para afianzar la relación con TV Azteca.

Volviendo al meollo de la iniciativa que habrá para terminar con los puentes, de llevarse a cabo, será un intento para reactivar el conocimiento por la historia patria, que es la fuente de nuestra identidad, lo que nos hace sentirnos descendientes de un pasado común. O sea, hijos de un mismo pasado. Lo otro, lo de incentivar el turismo, es otra cosa.

Hay que elaborar programas, de difusión de las riquezas naturales con las que cuenta México, por todos lados. Con puentes y todo, ya cayó México al séptimo lugar en la preferencia del turismo internacional, desbancado por Turquía. En el país no sólo hay playas, tenemos también otros paisajes, como sierras, llanuras; mucha riqueza histórica precolombina, virreinal, de distintas épocas emancipadoras; construcciones arquitectónicas de gran calidad; la comida de México es patrimonio cultural de enorme atractivo.

Al lado de estas riquezas hace falta construir con voluntad, imaginación y esfuerzo todo un conjunto de motivaciones para el turismo. Según mi pobre criterio, no basta con los puentes para edificar una economía triunfal. Por única vez, la concedo la razón al presidente, en esta iniciativa que piensa enviar para rescatar los grandes valores históricos que antecedieron a este México tan adolorido en el que vivimos, tan desprestigiado a los ojos de propios y extraños.