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Opinión - Luis Javier Valero
Escrito por Valentín Ramírez   
Jueves, 19 de Septiembre de 2019 10:42

Luis Javier Valero Flores.

 

El zipizape de los diputados locales, a causa de la disputa por la presidencia de la mesa Directiva y de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado (Jucopo), los  principales órganos de gobierno del Poder Legislativo, protagonizada esencialmente por los legisladores del PAN (primera minoría) y los de Morena (segunda minoría) nos reveló la profundidad de la degradación de la clase política, incapaz, ya no solamente de respetar la ley, sino sus acuerdos, además de mostrar a plenitud el talante antidemocrático del grupo gobernante en Chihuahua.

 

El problema para el morenaje estriba en que, precisamente de lo que se quejan en Chihuahua, de manera similar se duelen los diputados federales del PAN. Allá, en la Cámara de Diputados, los de Morena intentaron hacerles cosa semejante a la que los de aquí, del PAN, infligieron a los compañeros del presidente.

 

Para que ello no ocurriera debió mediar el regaño presidencial y al contrario de allá; aquí, en los lares del gobernador Corral, éste no reculó, sin importar si se violaba la ley o no.

 

Ahí mostró, a plenitud, cuán diferente es al Peje que tanto critica, y dejó ir la oportunidad de, sin perder la dignidad, mostrarle al tabasqueño que puede haber entendimientos que beneficien a los chihuahuenses en el presupuesto federal.

 

En esa terquedad se encuentra la raíz del problema, mediante el cual el Congreso de Chihuahua está convertido en una gigantesca caricatura o un enorme “meme”, que simboliza ejemplarmente el porqué la ciudadanía repudia en tan elevado grado a los diputados

Semejantes aparentemente en todo, hay, sin embargo, una pequeña diferencia.

 

Allá, los del Morenaje no tenían necesidad de “comprar” voto alguno, merced a su mayoría relativa (50% más uno); pero acá, en Chihuahua, el PAN debió recurrir a mil y una maniobras -algunas de ellas, suponemos, extremadamente vergonzosas, bueno para el común de la gente- a fin de “convencer” a algunos diputados de otros partidos para que votaran junto a ellos y, finalmente, entregarle la presidencia de la mesa directiva al diputado del PANAL, René Frías, cuyos servicios son de un valor inestimable al gobierno del nuevo amanecer, casi de la misma dimensión que le prodigó al ex gobernador César Duarte.

 

De ahí que no había muchos motivos para sorprenderse del ascenso de Frías a la presidencia del Congreso, puesto al que el gobernador Corral no estaba dispuesto a dejar en manos del morenaje, y no solamente, como acusan los diputados de este partido, por afanes revanchistas, porque, se dice, no aprobaron la reestructuración de la deuda y porque, se especula, interpusieron un recurso de inconstitucionalidad, en conjunto con el PRI, cosa que deberá desestimarse pues el líder priista, Omar Bazán, asumió como Vicepresidente de la mesa encabezada por Frías.

 

Pero al diputado Frías no es al único al que le “pagan” sus servicios. El diputado del PT, Rubén Aguilar, encarna vivamente la degradación política de la clase política, y del grupo gobernante en Chihuahua. A él también le dieron una vicepresidencia, pero en la Jucopo.

 

Para todos hay.

 

La capacidad “seductora” del corralismo abarcó hasta la diputada de Morena, Ana Estrada, quien no acompañó a los diputados de su partido en la postura de rechazar tan burdas maniobras. A cambio la integraron como Pro-secretaria de la mesa directiva.

 

Así, independientemente de la capacidad política de los legisladores de Morena,  que no pudieron construirse en la primera minoría, desde el principio, sumando a los del PT y PES, sin duda que en estos episodios legislativos lo que prevaleció fue el afán del gobernador por controlar todos los resortes del poder político en Chihuahua.

Igualito a alguien que tanto repudia políticamente.

 

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