A 111 años de la muerte de Jesús García Imprimir
Opinión - Devenir
Escrito por Mario Alfredo González Rojas   
Viernes, 09 de Noviembre de 2018 17:18

Mario Alfredo González Rojas.

 

 

Con eso de que los ferrocarriles en México ya están pasando a la historia, el Día del Ferrocarrilero pasa casi desapercibido en gran parte del país. Hay dos ferrocarriles turísticos, uno el Chepe, que va de la Ciudad de Chihuahua a Sinaloa, cruzando la sierra con sus grandes esplendores como las Barrancas del Cobre, y el otro, El Tequila Express, que cubre la ruta de Guadalajara a una destilería de tequila en Amatitán, Jalisco. Y está por verse el Tren Maya, el cual es un ambicioso proyecto.

 

Sin embargo, hay servicio de ferrocarriles de carga en distintas rutas del país. Con el peso del paso de los años, se han ido enfriando muchos festejos que formaban parte de nuestras grandes fechas. Y una de ellas es la que conmemora el 7 de noviembre el sacrificio de Jesús García Corona, el obrero del ferrocarril que iba de Nacozari  a la mina de Pilares, allá en el desértico estado de Sonora. Recuerda usted cómo se sucedieron los acontecimientos aquél 7 de noviembre de 1907?

 

Pues Jesús García cubrió la ausencia de su compañero Alberto Biel, el que se reportó enfermo  ese domingo trágico. Había que conducir el tren y hacer tres viajes; García entró al quite y al terminar el primer viaje, ya de regreso a Nacozari, abordó el vehículo un compañero en El Seis, un caserío familiar de trabajadores de las vías, cercano al pueblo, para decirle que había que llevar 10 toneladas de dinamita a la mina de Pillares.

 

Llegó García Corona a Nacozari y un grupo de ingenieros procedió a cargar dos furgones con el explosivo, mientras el conductor iba a visitar a su madre, que vivía cerca a la estación. Existía el antecedente de que dos contenedores de la máquina tenían medio descompuestos los abanicos que detenían las chispas del carbón, que pues era el combustible, y en ese sentido era riesgoso llevar pólvora.

 

Llegó Jesús a ayudar a concluir el trabajo, para lo cual encendió la máquina y empezó a subir el vapor. Quién sabe en qué cabeza cupo la idea, de colocar los dos furgones de referencia enseguida de la máquina, y ahí se preparó el problema.

 

 Listo para iniciar el viaje, el ferrocarril comenzó a avanzar a paso lento, pero en ese momento se dieron cuenta compañeros de la estación que se iba encendiendo la máquina, motivo por el cual avisaron con gritos a Jesús lo que pasaba. El ruido no dejaba oír al conductor la advertencia, y cuando este se percató del hecho, pidió a sus acompañantes que se arrojaran del tren y comenzó a darle más velocidad a la máquina. Entonces su consigna era alejar lo más posible el peligro de la población, ante el azoro de los vecinos que le gritaban que se bajara. No escuchaba más indicaciones Jesús, que las de su conciencia, y a toda velocidad avanzaba y al pasar por el caserío de El Seis, dio retroceso a su marcha, pero en ese instante estalló la máquina, volando el propio García por los aires.

 

Resultado, 13 muertos, El Seis casi desapareció todo, muchos heridos. Nacozari es una pequeña localidad en la que se practicaba la agricultura de temporal, y se trabaja la mina, la de Pilares, comunidad pobre, que en ese entonces, en 1907, tenía unos dos mil habitantes. Nacozari quiere decir "abundancia de nopales"; en medio de su dolor y su tristeza, tenía un semblante trágico, seco.

 

El héroe de Nacozari Jesús, García, nos recuerda otros acontecimientos heroicos, de grandes sacrificios por la gente. Uno, el más reciente, el de Gonzalo Parra, el contador público que se quemó en una gasolinera de Chilpancingo Guerrero, al tratar de evitar que explotara el combustible de una bomba, a la que le habían prendido fuego dos malandros de la Normal de Ayotzinapa, en una de sus tantas agresiones. En enero de 2012 falleció por las quemaduras de tercer grado, recibidas en diciembre anterior. Le dieron la medalla Belisario Domínguez en el Senado, por medio de su familia.